Capítulo 76
LEWIS
Lewis intentó ponerse de pie tras el golpe que había recibido en un lado de la cabeza, pero las piernas le temblaban y se desplomó sobre el suelo.
Llevaba varios minutos parpadeando para limpiarse la sangre del corte que tenía sobre el otro ojo y ahora estaba demasiado agotado como para intentar levantar el párpado hinchado.
Señor lo sacó del ring y lo sentó contra la pared junto a los demás. Acto seguido, cogió al siguiente chico de la fila.
Lewis dejó caer la cabeza contra la pared. Sentía un hormigueo y un dolor en todo el cuerpo. En particular, le palpitaban las manos y las muñecas por el dolor que sentía tras haber estado golpeando al cerdo esa misma mañana y luego haber peleado contra su oponente.
Su respiración comenzó a regularse y a ralentizarse en su pecho. La embestida que había recibido su cuerpo lo estaba conduciendo al sueño.
Señor volvió a colocarse a su lado. Tenía la cara desencajada por la furia.
Señora se giró hacia Señor y le susurró algo lo bastante alto como para que Lewis la escuchara.
—Está acabado y nos está haciendo quedar mal. Nos ha costado una fortuna. Saca a este pringado aquí.
Lewis sintió que lo arrastraban por el suelo por detrás del grupo nutrido de hombres que ya estaban concentrados en la siguiente pelea.
Sabía que era hora de volver a su pocilga y a que lo encadenaran al suelo, y también era consciente de que Señor y Señora no le iban a dar de comer durante un par de días.
Lo estaban devolviendo al silencio y al aislamiento, a lo que a él le parecía un destino peor que la muerte.
El suelo áspero de hormigón le arañaba la piel de la parte posterior de las piernas mientras lo arrastraban.
En aquel momento, rezaba para que aquella pesadilla se terminara, y le daba igual cómo sucediera eso.