Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 74
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Capítulo 74

Kim salió de la comisaría de Blackpool seguida por su equipo y se topó con Steve Ashworth.

—¡Oh, joder, por el amor de Dios! —maldijo. El hombre no podría haber elegido un momento peor.

—Inspectora, qué sorpresa volver a verla.

—Maravilloso —respondió Kim mientras su equipo se colocaba detrás de ella.

Bryant y Penn sabían perfectamente quién era aquel hombre, pero Stacey nunca lo había visto.

—¿Le importaría hacer algún comentario antes de que conozcamos la opinión de todo el país sobre sus acciones?

—Las únicas opiniones que me importan son las de las personas que están aquí a mi lado —dijo Kim, cruzándose de brazos.

El periodista echó un vistazo a las tres personas que estaban detrás de ella.

—¿Y ellos lo saben todo sobre Amber Rose?

—¿Por qué iban a saberlo? En aquella época no éramos un equipo.

—Entonces, ¿no saben que mataste a un hombre inocente? —preguntó Ashworth.

Ninguno de los miembros de su equipo reaccionó ante aquellas palabras, un gesto que Kim reconoció.

—Pues venga, anda, cuéntaselo tú —alentó la inspectora, dándose cuenta de que había estado esperando aquel momento. Tan solo tenía la esperanza de que el periodista lo hiciera rápido. Tenían un viaje largo por delante.

—Eras detective cuando recibiste la llamada de Amber Rose, de catorce años, ¿verdad?

Ella se quedó en silencio, pero era verdad.

—Ella le aseguró que su padre adoptivo había estado abusando de ella. Usted la puso bajo tutela y luego procedió a destruir a ese hombre. Lo acechó, lo hostigó, lo siguió, prácticamente lo acosó para que confesara.

Kim siguió sin decir nada, porque él estaba en lo cierto.

—Él perdió su trabajo, a su mujer, a sus amigos y su reputación porque usted no lo dejó en paz.

—Todo eso son afirmaciones. ¿Tienes alguna pregunta que hacerme? —preguntó Kim, sacando el mentón.

—Solo una. ¿Fue antes o después de que el hombre se quitara la vida cuando descubrió que Amber Rose estaba mintiendo?

—Después —respondió Kim de forma simple, como esperando la siguiente pregunta.

Ashworth no había mentido y no había adornado nada; ella había hecho exactamente lo que él había dicho.

Fue su época más oscura en el cuerpo de policía y nunca había dejado de intentar redimirse por lo que hizo.

Se creyó cada palabra que salió de la boca de aquella chica de catorce años.

En cada frase, se vio reflejada a sí misma y su época en hogares de acogida.

Prestó demasiada atención a las palabras que pronunciaba la chica en vez de utilizar sus habilidades para construir un panorama general más detallado.

De haberlo hecho, habría visto a una niña que con anterioridad ya había presentado denuncias contra trabajadores de todos los centros de acogida en los que había estado.

Debería haber hecho muchas cosas. Y había aprendido muchas lecciones.

Una vez más, su equipo no reaccionó a sus palabras, pero Kim estaba segura de que todos tendrían muchas ganas de obtener una respuesta.

—Si quieres saber la verdad, yo os la voy a contar.

Entera —aseguró, y no solo se refería a Ashworth—.

La cagué. Me vi reflejada en esa niña y me tragué cada palabra que salió de su boca.

Creí que ese hombre iba a su habitación casi todas las noches y la obligaba a hacer cosas atroces.

Me dejé llevar por el miedo y el terror que vi en sus ojos.

Me horrorizaron las cosas que me describía y me creí cada lágrima que caía de sus ojos enrojecidos.

Sabía que la única manera de evitar que se lo hiciera a otros niños era conseguir que confesara, así que le hice la vida imposible.

Lo acosé y lo hostigué hasta que no pudo soportarlo más.

Y daría cualquier cosa por volver atrás y cambiar lo que hice.

No pasa un solo día sin que piense en Amber Rose.

Cuando comenzó a cambiar su historia después de la muerte de aquel hombre, supe que me había engañado de la peor manera posible y que yo, y no Amber, era responsable de esa muerte.

Kim hizo una pausa. Nadie dijo nada, lo cual era bueno porque aún no había terminado.

—Y, como no puedo volver atrás y deshacer lo que hice, lo recuerdo y lo revivo.

Lo uso para cuestionármelo todo, para asegurarme de que soy la mejor policía que puedo ser.

Si crees que alguna vez me perdonaré por mis acciones, es que no has aprendido nada sobre mí.

Si lo haces público, diré exactamente lo que acabo de decir.

No me esconderé y no voy a mentir, pero lo más probable es que me vea obligada a dimitir.

Así que debes saber que no estás sacando del cuerpo a una policía corrupta, sino a alguien que cometió un error una vez y que ahora trabaja el doble para compensarlo.

—Eso es cierto —dijo Bryant.

—Y tanto —dijo Penn.

—Tal cual —añadió Stacey.

Ashworth miró a los cuatro. Levantó las manos.

—Eh… No esperaba que…

—Ahora soy yo la que tiene una pregunta para ti, Steve —continuó Kim—. ¿Crees que eres mínimamente bueno en tu oficio de periodista?

—Por supuesto. Solo sigo…

—Pues has tenido dos meses y esto es lo mejor que has conseguido, lo que significa que, o eres un investigador de mierda, o yo no tengo nada más que ocultar.

¿Cuál de las dos cosas es? Porque ambas no pueden ser ciertas.

—Hizo una pausa—. La cuestión es, Steve, que yo también he investigado y no pienso que seas tan solo un coñazo.

Has hecho algunas cosas buenas. También has hecho algunas mierdas, pero sé que pensabas con honestidad que yo era una policía corrupta.

—Así es —respondió el hombre.

—Pues adelante, amigo, pero no vas a encontrar nada más —dijo Kim, y lo decía en serio—.

Sin embargo, si de verdad te interesa investigar una historia que podría salvar vidas, no dudes en volver a seguirnos una vez más, ahora mismo.

Tú decides si quieres aprovechar la oportunidad de marcar la diferencia.

Kim se dirigió a toda velocidad hacia el coche sin saber qué iba a hacer aquel hombre.