Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 73
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Capítulo 73

Eran casi las cinco de la tarde cuando Bryant volvió a entrar en la sala de brigada de la comisaría de Blackpool.

Debido a la gravedad de los cargos presentados contra el sargento Roy Moss, lo habían trasladado directamente a la comisaría de Preston. Red había ido con él para el traslado, y la puerta de la inspectora jefa estaba cerrada a cal y canto mientras recibía instrucciones de sus superiores.

El equipo de Red se había reunido en su sala y Red les había asegurado que les daría una explicación completa cuando regresara.

Kim había estado tentada de responder a sus miradas inquisitivas, pero era el equipo de Red y era responsabilidad del inspector garantizar su bienestar después de darles los detalles.

Sospechaba que para algunos sería más impactante que para otros.

Todos sabían ya que el exnovio de Jasmine había sido puesto en libertad sin cargos y que Roy había sido detenido.

Red ya iba de regreso para ayudarlos a atar cabos.

—Venga, Bryant, deja de exagerar ya —dijo Kim mientras miraba la pierna izquierda de su compañero, que parecía haber sufrido más daños que el resto de su cuerpo.

El sargento se había negado a ir al hospital; en vez de eso, había bajado las escaleras para hacer una declaración completa, después de que Stacey hubiera hecho maravillas en su rostro con un paño de cocina húmedo y un botiquín de primeros auxilios.

Mientras tanto, Stacey también se había ocupado de preparar un informe escrito de cesión de información para dejarle a Red.

—Listo —dijo, mirando la impresora que había en la sala de la brigada.

—¡Gracias a Dios! —exclamó Bryant cuando Red entró por la puerta.

Red parecía haber envejecido veinte años en una sola tarde. Por una vez, no tenía el mismo aspecto elegante al final de la jornada laboral que siempre lucía al principio de la misma.

—¿Crees que deberíamos dejarlos solos? —preguntó Bryant, que no ocultaba su deseo de irse a casa lo antes posible. Kim no lo culpaba por ello.

—Un momento —dijo Penn, levantando una mano. Era la primera vez que hablaba desde que habían regresado.

Bryant se dejó caer en su asiento mientras Stacey empezaba a recoger sus cosas.

Kim observó cómo Red se quitaba la chaqueta y hacía un gesto a su equipo para que se acercara.

Lo que tenía que decirles sobre su compañero iba a ser difícil de escuchar.

Por muy poco que les gustara aquel hombre, su equipo nunca volvería a ser el mismo y todos tendrían que estar preparados para un control más minucioso.

Red no iba a ser el único al que le harían preguntas difíciles.

—Jefa, escucha, creo que tengo algo —dijo Penn con cierta emoción.

Kim asintió para que continuara, ignorando la mirada de desesperación que se dibujó en el rostro de Bryant.

—Llevo toda la tarde rastreando páginas web de peleas de gallos en la dark web , buscando algo que destaque, algo que sea diferente a las demás páginas.

—Vale —dijo Kim, que ya comprendía por qué algo así podría ser una buena tapadera.

—Y hay términos que no dejan de repetirse. Espuelas, guineas y referencias a giros, un tipo de gallo de pelea conocido por sus plumas blancas. Utilizan la misma terminología en todas partes y siempre hay el mismo número de peleas. Excepto en un sitio en el que solo hay tres combates.

—Continúa —lo instó Kim, que se sentía cada vez más intrigada. Incluso Bryant estaba muy atento.

—Ningún recinto en el que se desarrollan peleas de gallos tiene solo tres combates. Normalmente se trata de al menos veinte, que tienen lugar a lo largo de un par de días. Ha habido que descifrar muchas cosas para poder profundizar en los detalles, pero…

—¿Qué es lo que tienes exactamente? —preguntó Kim, inclinándose hacia delante.

—Sé dónde está ese lugar y sé que la primera pelea es a las siete en punto.

Kim se levantó de un salto de la silla.

—Por Dios, Penn, ¿por qué no lo has dicho antes?

La inspectora salió a la sala de la brigada y se acercó al grupo que estaba rodeando a Red.

—Siento interrumpir, chicos, pero creo que vamos a necesitar vuestra ayuda.