Capítulo 72
Bryant parpadeó para quitarse la sangre que le estaba entrando en el ojo derecho y pudo ver así la caída que había desde la barandilla hasta el suelo.
Cuando Roy se abalanzó sobre él, lo empujó contra una esquina de la sala de máquinas de ladrillos. El dolor lo paralizó momentáneamente, lo que le dio a Roy el tiempo que necesitaba para arrastrarlo hacia la barandilla, que era lo único que lo separaba de una muerte segura.
Roy gruñía y maldecía mientras intentaba levantarlo lo suficiente como para que la gravedad hiciera su trabajo.
—Lo… lo siento, am… amigo, pero tienes qu… que morir, porque sé que lo sabes —afirmó, jadeando por el esfuerzo.
Bryant estaba aplastando su cuerpo contra la barandilla y agarrándose a la misma con las manos.
—¿Qué es lo que sé? —jadeó, ganando tiempo.
El dolor le atravesó la pantorrilla cuando Roy le dio una patada en la parte posterior de la rodilla.
—Todo. No puedo permitir que me arruines la vida.
Cada segundo era una tortura, pero Bryant no iba a revelarle a Roy lo que había descubierto. Su única oportunidad era fingir que no sabía exactamente lo que había hecho aquel cabrón.
Roy se agachó detrás de él e intentó levantar su pierna lesionada y debilitada.
Bryant gritó, consciente de que no podía darse la vuelta. Si aflojaba el agarre al metal, existía la posibilidad de que Roy pudiera empujarlo por encima de la barandilla. Su única oportunidad era aguantar todo lo que pudiera y rezar para que hubiera alguien de camino para ayudarlo.
—No importa lo que yo sepa —protestó—. Pippa nunca testificará…
—Que le den a Pippa. No voy a perder el sueño por esa guarra.
Bryant gritó cuando Roy le golpeó en la parte posterior de la otra pierna. Le temblaban las rodillas, pidiéndole que se dejara caer al suelo, pero eso significaría soltar el metal de la barandilla, lo único que le impedía caer al vacío.
—¿Entonces? Yo no tengo pruebas de que le colocaras el pelo al cadáver de Jasmine para incriminar a su ex. Hasta mi jefa cree que no tengo…
—Tu jefa es una maldita zorra que necesita un buen…
—¡Jodeeeerrr! —gritó cuando Roy le propinó un golpe en la parte baja de la espalda. El dolor le recorrió todo el cuerpo, una sensación de calor ardiente que le provocó náuseas y mareos.
—Aún no lo entiendes, estúpido idiota. Aunque todavía no lo hayas deducido, tarde o temprano lo harás. Por eso no puedo dejarte vivir. Nunca debí haberte enseñado la… —No terminó esa frase, porque prefirió propinarle otro puñetazo a Bryant, esta vez entre los omóplatos.
Bryant sabía que estaba a punto de desmayarse y, cuando lo hiciera, soltaría la barandilla y Roy podría…
—¡Por encima de mi puto cadáver! —escuchó gritar a alguien justo antes de que le quitaran el peso de encima.
El sargento luchó contra las náuseas mientras sus piernas cedían y se desplomaba en el suelo. No sabía cómo había sucedido, pero su jefa estaba sujetando a Roy, que se retorcía en el suelo, con la ayuda del inspector Butler.
La jefa lo miró y vio el estado de su rostro.
—Eres un pedazo de hijo de puta —le espetó a Roy—. Me voy a asegurar de que nunca jamás vuelvas a hacerle daño a nadie.
—Vete a la mierda, zorra —replicó Moss, tratando de girarse hacia el lado izquierdo. No tenía ninguna posibilidad de levantarse, pero lo estaba intentando de todos modos.
—¡Coge su teléfono! —graznó Bryant.
—Bryant, descansa un poco antes de…
—Coge su teléfono, del bolsillo —insistió Bryant. De repente, supo exactamente lo que el hombre estaba tratando de hacer.
Percibiendo sus urgencias, Red se inclinó y sacó el teléfono del bolsillo de Roy. Se lo entregó a Kim mientras le ponía una rodilla en la espalda a Roy y sacaba un par de esposas de su bolsillo trasero.
—Vete a la mierda, Red. No tienes por qué hacer esto. Ha sido un malentendido, una discusión que ha ido demasiado lejos. Estos cabrones de Birmingham vienen aquí y nos dicen cómo tenemos que…
—Cállate, Roy —le interrumpió Red, empujando al hombre contra la pared de la sala de máquinas, y lo obligó a sentarse—. Con que la mitad de lo que me han contado sea cierto, nunca vas a volver a usar esa placa.
Bryant pudo ver que la pantalla del teléfono de Roy se había agrietado tras haber rodado ambos por el suelo, pero esperaba que ese fuera el único daño, porque Roy le había puesto en bandeja prácticamente todas las pruebas que buscaba.
—¿Contraseña? —preguntó Kim.
Red cogió el teléfono y encendió la pantalla.
—Es su cumpleaños, como todas las demás contraseñas que usa.
—¡Dame mi puto teléfono! —gritó Roy, furioso, con el rostro enrojecido.
—Id a las fotos —gritó Bryant.
Kim frunció el ceño ante tanta urgencia. Ya sabían que había tomado fotos inapropiadas en escenas de crímenes.
Bryant supo que Red había llegado a la foto en cuestión por el asco que se reflejó en su rostro.
La jefa se inclinó y frunció el ceño de inmediato. Ya sabía lo que iba a encontrarse. Ambos habían visto antes las fotos reales de la escena del crimen en la morgue, cuando Wade estaba comparando las imágenes de Jasmine y de la víctima anterior.
—El pelo de la primera víctima está seco —explicó Bryant.
Red hizo una mueca.
—Pero estaba lloviendo cuando yo llegué al lugar.
—Las fotos de la escena del crimen la muestran con el pelo mojado —explicó Bryant.
Red abrió la boca al darse cuenta de lo que eso significaba. La foto del teléfono de Roy había sido tomada mucho antes de que se descubriera el cadáver.
Red se volvió hacia su antiguo compañero mientras se oían sirenas en la distancia.
—Roy Moss, quedas arrestado por el asesinato…
Bryant se giró mientras exhalaba un suspiro que sentía que llevaba reprimiendo desde el lunes.
La jefa se acercó a él. Lo ayudó a ponerse de pie, pero su pierna izquierda flaqueó, así que le colocó el brazo izquierdo por encima de sus hombros y sujetó el peso de su cuerpo.
—Venga, amigo, apóyate en mí —le dijo. Por una vez, la obedeció.