Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 63
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Capítulo 63

—¿Algo útil sobre los tipos del pub ? —preguntó Kim cuando ella y Bryant volvieron al interior del coche.

Mientras Bryant seguía a Bobby Stevens para hablar con él, ella había intentado sonsacarle cualquier información útil a Shirley.

Por desgracia, toda la información que la mujer tenía procedía de su marido.

Mientras Shirley relataba con detalle el curso de los acontecimientos, parecía desconcertada, atónita por lo estúpida que había sido creyéndose lo que su marido le había dicho que iba a suceder.

—Esos tipos no lo van a traer de vuelta, ¿verdad? —preguntó entre lágrimas.

Kim negó con la cabeza. Por eso tenían que encontrarlos. Era demasiado peligroso para ellos dejar a esos chicos vivos una vez que se hubieran agotado como fuente de diversión o, como en el caso de Josh, hubieran sufrido una lesión complicada.

La inspectora escuchó atentamente durante los siguientes diez minutos cómo Shirley le contaba lo felices que habían sido antes de que Bobby apareciera en sus vidas. Aparte de sus hijos más pequeños, aquel hombre no había aportado nada positivo al matrimonio.

Por el odio que vio en sus ojos y el veneno en su tono de voz, Kim supo que el destino de Bobby ya estaba sellado. No volvería a poner un pie en aquella casa. Kim no estaba muy segura de si la amenaza de Shirley de matarlo había sido tan vacía como ella esperaba que fuera.

Después de ir a ver cómo estaba Kevin y asegurarle que harían todo lo posible para llevar a Lewis a casa, Kim salió de la vivienda y se encontró con Bryant junto al coche.

—Nada —respondió él, abrochándose el cinturón de seguridad—. Un número de teléfono para hacer los últimos arreglos. Solo mensajes. Tengo el número, pero el teléfono ya no funciona.

No era la primera vez que Kim deseaba que existiera una ley contra los teléfonos desechables.

—¿Alguna descripción de los tipos?

—Sí. Todo en la media. Altura, peso, ambos hombres blancos, vestían vaqueros, sudaderas y no tenían rasgos distintivos, cicatrices o tatuajes.

—¿En serio?

—Sí, da la impresión de que Bobby no quiere que los localicemos. Me hubiera encantado esposarlo.

—Eso es decisión de Red —replicó Kim, esforzándose por recordar que estaban allí para ayudar. Pero, interiormente, esperaba que Red tuviera huevos para detener a Bobby.

—¿A dónde vamos ahora, jefa? —preguntó Bryant, poniendo el coche en marcha.

—En eso estaba pensando. ¿Nos pasamos por la morgue?

—¿Para qué?

—Lo único que podría haber provocado que arrestaran con tanta rapidez al exnovio de Jasmine por su asesinato sería algún tipo de prueba forense o una confesión completa. Como doy por hecho que no fue lo segundo, vamos a intentar averiguar qué fue lo que Roy colocó en el cadáver.

—De acuerdo, me parece bien —dijo el sargento, comenzando a alejarse de la casa de los Stevens—. Estamos a nada, tres kilómetros como mucho.

Kim seguía sin poder creerse que Jasmine Swift estuviera muerta.

No le gustaba el hecho de que, de todas las mujeres de Blackpool que habían aparecido asesinadas, Jasmine fuera precisamente una con la que ellos habían hablado.

Y el tema del que habían conversado era el comportamiento inapropiado de un agente de policía.

¿Acaso habría descubierto dicho agente de alguna manera que habían mantenido una conversación con ella?

¿Habría descubierto Red que Jasmine les había contado lo que él había hecho y había decidido silenciarla?

Kim necesitaba tener la oportunidad de hablar a solas con Red sobre Jasmine Swift y, si lograba hacerlo, tenía la esperanza de detectar si el inspector le estaba mintiendo.

Bryant le había contado que Roy había recibido una gran reprimenda de su jefe por haber acudido a la escena del crimen, pero ¿y si Roy estaba haciendo el trabajo sucio de su jefe y todo había sido una actuación muy convincente para el púbico que tenían delante?

Si Red estaba metido en todo aquello, eso explicaría por qué la había estado obstaculizando permanentemente.

La idea de que su conversación con Jasmine hubiera contribuido de alguna manera a su violación y asesinato era demasiado horrible como para contemplarla siquiera.

El sonido de su teléfono interrumpió sus pensamientos y su sentimiento de culpa.

—Dime, Stace —saludó Kim, poniendo la llamada en manos libres.

—La familia de Noah también sufrió un robo, jefa, hace solo unas semanas. Se llevaron principalmente aparatos electrónicos de la habitación de Noah y algunas joyas. La televisión era demasiado grande como para molestarse en llevársela.

—Mierda, así que ese es el vínculo entre las dos familias. No me lo digas: Red y Roy fueron a atender el robo.

—No, jefa. Fueron Adil y Dickinson.

—De acuerdo, gracias, Stace —dijo Kim, terminando la llamada.

—Jefa, esto se está convirtiendo en un mercado de pescado —observó Bryant.

—¿Qué?

—Cuanto más te adentras, peor huele.

Kim no podía negarlo. El nombre de Red aparecía por todas partes.

Aunque el inspector no hubiera asistido en persona a ambos incidentes, habría tenido conocimiento de ellos como jefe del departamento.

El informe del incidente debió centrarse en las pertenencias del chico, por lo que su nombre habría aparecido muchas veces.

Otro chico joven de la edad adecuada que había aparecido en el radar.

Con tanta información nueva que asimilar, Kim permaneció en silencio hasta que Bryant se detuvo frente a la morgue.

—Yo te sigo —dijo Kim, pues Bryant ya había estado dos veces con el forense.

Su compañero llamó al timbre y apareció una mujer con bata y delantal de plástico.

Bryant mostró su identificación policial y se presentó.

—¿Podría hablar un momento con el señor Wade?

Ella frunció el ceño.

—Está bastante ocupado. ¿Le gustaría…?

—Solo un minuto de su tiempo nos sería de una ayuda incalculable —replicó Bryant con firmeza pero manteniendo sus buenos modales.

Una habilidad que, a pesar de todo el tiempo que llevaba trabajando con él, Kim aún no había dominado.

Ella estaba más bien luchando contra el impulso de apartar físicamente a aquella mujer de su camino para que Bryant pudiera entrar corriendo.

La mujer resopló, pero accedió a ver si el forense estaba libre.

Ambos aprovecharon la oportunidad para adentrarse un poco más en la antesala. Bryant dio otro paso adelante, justo a tiempo para que el hombre que estaba en la habitación contigua lo viera. El forense dudó, pero terminó asintiendo y quitándose la mascarilla.

Richard Wade entró en la antesala, se quitó el gorro protector y no hizo ningún esfuerzo por ocultar su irritación.

—¿Alguien me puede explicar qué está pasando en esa comisaría? Primero me viene Moss, luego Crawford y ahora un agente que ni siquiera trabaja aquí.

—Gracias por dedicarme un minuto —dijo Bryant, tratando de rebajar su mal humor—. Esta es mi jefa, la inspectora Stone.

El hombre asintió en dirección a Kim antes de volver a girarse hacia Bryant.

—Sé que no estás obligado a decírmelo, pero ¿hubo algún descubrimiento importante durante la autopsia de Jasmine Swift?

—Encontramos algo que ya comunicamos, sí.

—¿Puedo preguntar qué fue?

—Un pelo. Un único pelo rubio y largo.

—¿Y a quién se lo comunicasteis?

—A la persona que creía que estaba a cargo del caso en ese momento, Roy Moss, que parecía saber a quién podía pertenecer. Supongo que él le pasó la información directamente a Crawford.

—De acuerdo, gracias por…

—¿Qué es eso? —preguntó Kim, señalando con la cabeza hacia la otra habitación.

Bryant siguió la mirada de la inspectora hasta dos fotos que estaban colocadas una al lado de la otra en la pared. Eran imágenes de las escenas de los crímenes de Jasmine Swift y de otra mujer.

Por la expresión de repugnancia de Bryant, Kim supuso que la otra víctima sería la protagonista de la foto que Roy Moss tenía en la galería de honor de su móvil.

—¿Crees que están relacionadas? —preguntó Bryant.

—Hay similitudes, sobre todo en la posición.

Por lo que su compañero le había contado sobre Justin Holmes, la posibilidad de que ese hombre hubiera asesinado a dos mujeres era muy improbable.

—Obviamente, no puedo deciros nada más —afirmó Wade, cogiendo de nuevo su gorro. Era una clara señal de que había terminado aquella conversación.

Bryant le dio las gracias. Sonó el teléfono de Kim.

La inspectora salió al exterior y lo contestó. Fue una conversación breve que requirió muy pocas respuestas por su parte.

Kim comenzó a caminar rápidamente hacia el coche.

—¿A dónde vamos ahora, jefa? —preguntó Bryant.

—De vuelta a la comisaría. La inspectora jefa quiere vernos. Ya.