Capítulo 62
Aunque estaban lejos de casa, Stacey se sentía más reconfortada gracias al regreso de Penn. Sí, se encontraban en una oficina diferente, en un entorno diferente, pero le resultaba familiar tener a Penn enfrente mientras la jefa y Bryant estaban trabajando sobre el terreno.
Al pensar en Bryant, se le encogió un poco el corazón. El sargento había estado muy triste durante el desayuno, y la ausencia de la jefa solo podía explicar ese hecho en parte.
La vuelta por sorpresa de Kim había devuelto algo de vida a los ojos de Bryant, pero lo que realmente le estaba quitando la alegría al sargento era tener que trabajar cerca de Roy Moss. Stacey se imaginaba que ni siquiera una ducha caliente podría quitarle el hedor tras varias horas cerca de él.
Era irónico que, aunque se tratara del miembro más veterano del equipo, Bryant fuera también el más inocente.
El hombre tenía un optimismo innato, un rayo de esperanza que utilizaba para dar el beneficio de la duda incluso a las peores personas.
El sargento siempre quería creer que la capacidad de ser buena gente existía en todo el mundo, aunque fuera muy en el fondo.
Por desgracia, Roy Moss estaba destrozando esa teoría.
Stacey suspiró para sus adentros, deseando saber cómo ayudarlo, pero siempre se sentía un poco desorientada con Bryant, pues tenía la impresión de que no tenía nada útil que ofrecerle a un hombre de su experiencia.
Así, se mantendría en un discreto silencio con respecto a su compañero, confiando en que la jefa sabría cómo enderezarlo.
—¿Alguna novedad? —le preguntó Stacey a Penn. Le daba la sensación de que su compañero llevaba media hora con la misma expresión en la cara.
Penn negó con la cabeza, y ella no lo envidiaba en absoluto. La ayudante de detective evitaba pasar tiempo en la dark web. La realidad era que los algoritmos que traspasaban los límites la ponían nerviosa.
Recordaba que una vez había visto casi por casualidad un vídeo del rescate de una oveja en las redes sociales.
En cuestión de horas, la biografía de su perfil se había inundado de imágenes de animales en situaciones de peligro, y cada vídeo era más gráfico que el anterior.
Eso ya había sido bastante chungo, pero, si tuviera que buscar algo particularmente turbio en la dark web , ¿se transferiría el código del motor de búsqueda a Internet normal? No valía la pena correr el riesgo.
La búsqueda que ella misma estaba realizando para establecer un vínculo entre Noah y Lewis estaba resultando igualmente difícil.
Lewis había asistido al colegio público de su barrio, mientras que Noah había estudiado en una escuela privada a las afueras de Lytham Saint Anne’s.
Lewis solía meterse en problemas por pelearse, pero Noah era un estudiante de sobresaliente.
Lewis no practicaba ningún deporte ni actividad extraescolar, pero Noah jugaba al hockey .
No veía nada que los chicos pudieran tener en común, ni dentro ni fuera del colegio.
No había ningún miembro de la plantilla de trabajadores que se hubiera trasladado entre centros escolares ni eventos sociales en los que fuera probable que los chicos se hubieran conocido.
Stacey centró su atención en los padres.
Shirley Stevens era ama de casa. La madre de Noah trabajaba a tiempo parcial en una inmobiliaria.
Bobby Stevens había tenido varios trabajos poco cualificados durante una década, pero ninguno que le pudiera haber hecho tener algún contacto con la madre de Noah o con su padre, que trabajaba entre Preston y su localidad como contable forense.
Revisando sus redes sociales, Stacey no encontró ningún punto en común en cuanto a aficiones o intereses, ni tampoco amigos comunes. No había ninguna empresa, restaurante o evento local que les gustara o que siguiera alguno de los miembros de ambas familias.
La ayudante de detective no tenía ni idea de cómo aquellas personas podrían haber encontrado a los dos chicos.
Por la expresión del rostro de Penn, él debía estar teniendo el mismo problema que ella.
—¿Hacemos una lluvia de ideas? —le preguntó.
—Sí, por favor —respondió Penn, recostándose en su silla—. ¿Qué se te ocurre?
Ella le fue enumerando todas las vías que había explorado. Mientras lo hacía, pudo leer en el rostro de Penn una nueva idea que luego descartó mientras continuaba repasando lo que ya había comprobado.
—Dios de mi vida, la lista es bastante larga, Stace. ¿Podría haber algún contratista o quizá algún obrero?
Stacey negó con la cabeza.
—¿La iglesia?
—No creo que la familia Stevens sea muy religiosa, y tampoco hay indicios de religión en la familia Reid. No logro encontrar ningún lugar en el que ambas familias pudieran haber entrado en contacto entre ellas, o tal vez con una misma persona que pudiera ser el nexo.
—¿Estás segura de que tiene que haber un vínculo? —preguntó Penn—. Quizá planearan lo de Lewis, pero a lo mejor Noah fue solo una oportunidad inesperada que no dudaron en aprovechar.
—Puede que esté equivocada, pero mi instinto me dice que no estaban aparcados dentro de la furgoneta fuera del muelle esperando a que un chico de la edad adecuada pasara solo por allí.
Creo que tenían el ojo puesto en esa familia y que conocían a los Reid de alguna manera, pero no consigo encontrar la conexión.
Necesito descansar un poco la cabeza. ¿Qué estás haciendo tú?
—Intentando averiguar dónde se esconde esa red de peleas ilegales.
—¿Has probado ya las búsquedas obvias? —preguntó Stacey, consciente de que su compañero no estaba usando Google.
—Sí, y no he encontrado nada. Supongo que, si fuera tan fácil, la Unidad de Delitos Informáticos ya los habría encontrado.
—Pero el término de búsqueda tiene que ser algo similar. Las personas interesadas tienen que saber lo que están buscando y poder ser capaces de encontrarlo.
—¿«Peleas de perros»? —preguntó Penn.
Stacey lo pensó, pero terminó negando con la cabeza.
—Pero no porque no sean el tipo de seres despreciables que podrían dedicarse a gestionar eso, sino porque es un tema muy polémico que probablemente llamaría la atención.
—¿Incluso por parte de personas que buscan en la dark web ? —preguntó Penn, enarcando una ceja.
—No todos los que hacen cosas ilegales son completamente amorales. Estoy segura de que muchos de ellos tienen perros y alertarían a las autoridades. Puede que me equivoque, pero no creo que sean tan obvios.
—Vale, Stace, con eso que me has dicho creo que puedo tener cosas nuevas en las que pensar… Con respecto a tu problema, tiene que ser algún tipo de servicio que ambas familias hayan recibido. Alguien debió haber visto a los dos niños.
Habiendo dicho eso, Penn volvió a centrar su atención en la pantalla de su ordenador.
Stacey se tomó un minuto para reflexionar sobre todo lo que sabía.
Solo había una vía que no había probado.
Inició sesión en el sistema y buscó la dirección de la familia Reid.
—¡Mierda, mierda!
—¿Qué pasa? —le preguntó Penn.
—He encontrado el vínculo. La familia Reid también sufrió un robo recientemente. Lo gestionó este equipo, fueron ellos quienes acudieron a ambas casas. El vínculo entre las dos familias está aquí mismo, en esta comisaría.