Capítulo 58
Warren estaba cerrando la puerta del gimnasio cuando llegaron.
Kim apoyó el pie contra el marco de la misma como medida de seguridad adicional.
—Hola, amigo, ¿tiene un minuto? —le preguntó la inspectora con más cortesía de la que le apetecía mostrar. El enfrentamiento con Steve Ashworth todavía la tenía con los nervios a flor de piel.
El hombre miró su pie, cuya posición dejaba claro que no tenía otra opción.
Kim se obligó a apartar al periodista de su mente.
Esta vez observó más de cerca las expresiones sutiles del rostro de Warren y detectó un atisbo de miedo.
Eso le gustó. Las personas nerviosas tenían algo que ocultar, y eso implicaba que había algo que aquel hombre no quería que ella supiera.
Eso hizo que sintiera aún más determinación por descubrir de qué se trataba.
Warren volvió a entrar en el gimnasio y encendió una luz que solo iluminaba la zona del vestíbulo, dejando el resto del enorme edificio en una oscuridad bastante inquietante.
—Bueno, a ver, ¿cómo los elige? —le preguntó Kim mientras se sentaba en el sofá del vestíbulo.
—¿Perdone? ¿Cómo elijo el qué?
—A los chicos que son lo bastante buenos para la liga.
—¿Qué liga? —preguntó el hombre, sin parecer del todo confundido por la pregunta.
Kim suspiró.
—Warren, va a tener que asumir que hemos vuelto con mucha más información de la que teníamos antes.
—Sinceramente, no tengo ni idea de…
—Amigo, sabemos con certeza que Josh pasó el tiempo que estuvo lejos de su familia boxeando.
También sabemos que no desapareció por voluntad propia.
El chico iba caminando hacia su casa. Como es poco probable que se pasara cuatro años peleando contra sí mismo, podemos dar por hecho que hay otro chico involucrado.
¿Y por qué detenerse en dos niños cuando puedes secuestrar a cualquiera en la calle, o tal vez hacer que alguien lo secuestre por ti?
Warren tragó saliva de manera audible, lo que a Kim le reveló mucho. Ese hombre sabía algo y estaba aterrorizado.
—Usted sabe que están desapareciendo niños y que, por otro lado, hay niños que están apareciendo golpeados y muertos. Estoy calculando por cuántos delitos podría arrestarle, empezando por secuestro y terminando por asesinato.
—¡Yo no hago nada, se lo juro! —exclamó Warren, casi cayéndose del sofá.
Al ver que sus piernas se doblaban con tanta facilidad, Kim le creyó.
—Pero sabe cosas, así que vamos a empezar por ahí.
—No puedo. Se enterarán. Me harán daño.
—Podemos hacer esto en la comisaría si se siente más seguro.
—¡No, por Dios, eso sí que no! No puedo poner a mi familia en esa situación tan…
—Todo el mundo tiene una familia, Warren. Pero vale, vamos a hablar solo de forma hipotética.
Warren asintió.
—¿Es posible que algunos chicos de este gimnasio hayan sido obligados a participar a la fuerza en una liga clandestina de boxeo? ¿Es posible que se haya traficado con esos chicos?
—Es posible —respondió el hombre mientras miraba hacia su espalda, pesar de que el lugar estaba completamente a oscuras.
—¿Y es posible que su jefe, el dueño del gimnasio, esté muy involucrado?
Warren asintió.
—¿Fue el incendio un montaje? ¿Una distracción para facilitar el secuestro de Josh?
De nuevo, asintió con la cabeza.
—¿Cuándo lo descubrió?
—No lo sabía con certeza —explicó Warren, que parecía estar quedándose sin aire.
Su cuerpo se encogió—. Empecé a sospechar que algo había pasado cuando al día siguiente de la desaparición reflexioné sobre el ángulo de la cámara.
El mantenimiento llevaba años siendo gestionado por la misma empresa.
Nunca antes habían dejado una cámara colocada de ese modo.
—¿Cree que fue su jefe quien la movió?
Warren asintió.
—¿Por qué Josh? —preguntó Kim. Por aquellas puertas debían haber circulado cientos de chicos.
—Josh tenía talento. Demostró su habilidad desde el momento en el que subió al ring por primera vez. Tenía un don que no se puede enseñar y bastante ira acumulada para acompañar esa destreza. Podría haber llegado a ser un profesional —dijo Warren con cierta ternura en su tono de voz.
Kim sacó su teléfono y se lo acercó bruscamente.
—Este es Josh ahora.
Warren se quedó boquiabierto y completamente pálido.
Kim vio que el hombre quería apartar la mirada, pero no podía. No hasta que su cuerpo lo traicionó, se giró hacia un lado y vomitó.
Penn cogió una papelera y la colocó a su lado.
—¡Vale, vale, guárdelo, por favor! —suplicó antes de volver a sufrir unas cuantas arcadas más.
Kim esperó.
—Eso… Eso no es boxeo.
—¡Oh, pero boxeaba muy bien! Lo hizo durante años y tiene un montón de huesos rotos que lo demuestran.
Pero el pobre Josh, que tenía un gran talento para ello, sufrió una lesión que lo dejó inactivo para siempre, así que lo utilizaron como saco de boxeo antes de estrangularlo y tirar su cuerpo al canal.
Warren se dio la vuelta y volvió a vomitar, pero Kim no estaba dispuesta a ser indulgente con él. Aquel tipo había tenido información sobre la desaparición de Josh y había decidido no hacer nada al respecto. Josh podría haber estado sano y salvo en su casa si Warren hubiera contado lo que sabía.
—Imagine tener que ir a explicárselo a su familia, Warren.
El hombre levantó la cabeza. Un mar de lágrimas le recorría las mejillas.
—Usted ha mencionado a su familia, así que me imagino que tiene hijos.
Me gustaría que, con el fin de sentir verdadera empatía y comprensión, se imaginase a uno de sus hijos colgado como si fuera un animal muerto.
Aterrorizado, solo, muriéndose de hambre, preguntándose por qué usted no lo ha rescatado para que dejara de sufrir golpes repetidos hasta que sus órganos internos estallaran dentro de…
—¡Está bien, les contaré todo lo que sé, se lo juro!
Kim se recostó en el sofá y esperó.
Por primera vez, creyó a Warren.