Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 55
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Capítulo 55

Bryant había aparcado cerca de las nueve. Ya habían pasado doce minutos desde entonces y aún no había salido del coche.

Stacey y él habían cenado algo rápido juntos en silencio en el hotel antes de dirigirse hacia sus habitaciones.

Una vez allí, el sargento no había podido quedarse del todo tranquilo después de llamar a Jenny, convencido de que Roy Moss volvería a la casa de Pippa Jacobs.

Y, habiendo muerto una de las tres personas que aparecían en la lista que les habían dejado de forma anónima, el sexo podría no ser el único problema de esa mujer.

Tal vez estuviera cerca de enfrentarse a un destino aún más terrible.

Pero ¿qué iba a hacer ahora exactamente?

¿Quedarse ahí sentado y vigilar la casa toda la noche?

No había detallado tanto el plan cuando decidió ir allí.

Lo único que sabía era que en esa casa vivía una mujer completamente abatida y rota por dentro que no sabía nunca cuándo iban a llamar a la puerta de su casa para volver a abusar de ella sexualmente.

A Bryant le daba igual que regentara un antro relacionado con las drogas o que no lo hiciera; independientemente de eso, no se merecía esa situación.

Salió del coche.

Había algo dentro de él que necesitaba hacerle saber a Pippa que tenía un amigo y que no todos los policías eran como Roy.

Por alguna razón, miró varias veces a su alrededor antes de llamar a la puerta de aquella casa. Le recorrió la espalda un escalofrío que provocó que mirara de nuevo, pero lo único que podía ver desde donde estaba eran coches aparcados.

Pippa abrió la puerta e inmediatamente sus ojos se llenaron de asco y un atisbo de decepción.

—Supongo que vienes para…

—Por supuesto que no —dijo Bryant, negando con la cabeza—. De hecho, vengo para todo lo contrario.

La mujer frunció el ceño y se hizo a un lado para dejarlo pasar. Cerró la puerta una vez que el sargento hubo entrado.

—Cuéntame.

—Quiero que usted tenga mi número. No sé cuánto tiempo me queda por aquí, pero, si él viene a llamar a su puerta, quiero que me llame.

—¿Por qué? —preguntó la mujer, cruzando los brazos. ¿Era demasiado tarde para aquella joven? ¿Vería para siempre con recelo cualquier acto de bondad?

—Porque me gustaría encontrar una forma de evitar que vuelva a abusar de usted.

—¿Vas a tirar la puerta? —le preguntó con una sonrisa irónica.

—Si fuera necesario, sí —respondió Bryant, devolviéndole la sonrisa—. No todos somos como él.

—Entonces, ¿sabes cómo es?

—Nos estamos haciendo una idea cada vez más clara.

—¿Y aun así sigue viniendo a mi casa y trayendo a sus nuevos amigos?

—Lo vamos a detener. Se lo prometo.

Pippa suspiró.

—Sé que tienes buenas intenciones, pero…

—Pippa, ¿por qué nunca lo ha denunciado?

—Sabes bien por qué. Mi palabra contra la suya. Nunca me creerán. No me creyeron la última vez.

—¿Qué última vez? —preguntó Bryant, que no tenía ni idea de a qué se refería.

—¿Has visto mi expediente? —preguntó la mujer mientras se metía las manos en los bolsillos.

Bryant asintió.

—Sé que es drogodependiente. Y sé que hay otros drogadictos que vienen por aquí. Pero eso no le da a él ningún derecho a…

—Has leído mi expediente y crees que lo sabes todo sobre mí, lo que demuestra mi argumento. Yo estoy limpia. Llevo estándolo casi dieciocho meses. A esta casa ahora solo vienen personas que están intentando desintoxicarse.

Bryant estaba confundido.

—Hace solo siete meses que te encarcelaron por posesión de drogas.

—Así es. Moss vino a casa y le dije que no. Encontré el valor suficiente para mandarlo a tomar por culo. Casualmente, aquella noche me hicieron una redada y encontraron drogas en mi habitación. Muchas drogas.

—¡Dios mío! —exclamó Bryant, que se pasó una mano por el pelo. Creyó la historia de Pippa sin dudarlo un segundo.

—Así que comprenderás que, por mucho que aprecie que intentes protegerme, sé que él va un paso por delante. Solo quiero mantener un perfil bajo y mudarme de esta casa. Entonces seré libre.

Bryant se quedó callado, pensando si aquella mujer sabría lo fácil que sería para Moss encontrarla si le diera la gana hacerlo. El sargento de Black Country se imaginó que Pippa simplemente tendría la esperanza de que no pusiera demasiado empeño en ello.

—Mira, voy a coger tu número y te agradezco que te hayas tomado la molestia de venir hasta aquí.

Creo que tus intenciones son buenas. Ahora quiero devolverte el favor yo a ti y decirte que tengas cuidado.

Roy puede parecer tu amigo, pero no lo es.

Puede que pienses que lo tienes acorralado y atrapado con pruebas en su contra, pero probablemente no sea así.

Sea cual sea, hay una razón por la que te ha traído hoy aquí, y no solo para que yo te hiciera una mamada entre interrogatorio e interrogatorio.

Hay un motivo más importante que ese. Ten cuidado.

—De acuerdo, gracias —dijo Bryant, dándole una tarjeta con su número.

El sargento salió de la casa y la puerta se cerró detrás de él.

Se quedó quieto un momento, sopesando las palabras de Pippa. Parecían melodramáticas, pero también plausibles.

Bajó la acera en dirección a su coche justo cuando un vehículo que se encontraba más adelante en la calle arrancó y se alejó a toda velocidad. Al sargento no le dio tiempo de ver ni la marca ni el modelo del coche.

Mientras se acercaba hasta el suyo, trató de convencerse a sí mismo de que lo más probable es que fuera un conductor temerario o alguien con prisa.

El problema era que eso no se lo creían ni su cabeza ni su instinto.