Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 51
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Capítulo 51

Lo primero que le llamó la atención a Bryant cuando entró en la sala de la brigada fue que Red había vuelto.

Lo segundo fue el estado en el que se encontraba.

Su cuerpo parecía un sonar de la tensión que transmitía. Tenía la cara crispada y enrojecida, y de inmediato clavó la mirada en Moss.

—¿Qué coño te creías que estabas haciendo, Roy?

Moss parecía imperturbable mientras tomaba asiento.

Bryant se deslizó en una silla junto a Stacey, pero Walsh se dirigió a ellos.

—¿Queréis tomar algo? —les preguntó en un intento descarado de darles privacidad a los dos hombres de su equipo.

—No, no me apetece, gracias —respondió Bryant; Stacey negó con la cabeza.

Red tenía su propia oficina, y si él no se molestaba en actuar de manera profesional y llevarse a Roy fuera del alcance de los oídos de los demás, Bryant no se iba a mover de allí.

Si se hubiera tratado de cualquier otro miembro del equipo, el sargento de Black Country habría seguido la recomendación respetuosa de Walsh, aunque en cualquier caso no parecía que Red fuera a darse de cuenta de nada.

Bryant estiró las piernas y cruzó los brazos.

—¿Quieres hacer el favor de darme una puta explicación? —gritó Red.

Roy se encogió de hombros.

—Recibimos la llamada. ¿Cómo iba a saber que no te habían avisado?

—Porque, de ser así, te habría llamado, joder. Os dije que era probable que recibiéramos una llamada, y deberías haberme consultado en lugar de tomar la decisión de acudir tú mismo a la escena del crimen.

—Tú estás muy ocupado —afirmó Roy, que no mostraba síntomas de sentir la más mínima vergüenza por estar siendo reprendido delante de todos.

—No tanto como para no poder decidir en qué casos trabajan los miembros de mi equipo.

—Lo siento, asumí que la central había emitido la orden a través de ti y que tú me habías encargado que acudiera. Creo que es la central la que la ha cagado. Yo lo único que he hecho es…

—Lo que has hecho es ofrecer la primera respuesta en un caso en el que no puedes seguir trabajando, poniendo al oficial a cargo de la investigación en una posición la hostia de desfavorable antes incluso de empezar a trabajar en el caso.

—Vamos, Red, un cadáver siempre tiene prioridad sobre la desaparición de…

—No cuando se trata de un niño al que todavía esperamos encontrar con vida.

Bryant deseó con todas sus fuerzas tener una bolsa de palomitas para contemplar aquel espectáculo.

—Esta vez no te voy a sacar del apuro, Roy. La has cagado, así que será mejor que vayas a ver a la inspectora Crawford y le expliques tus acciones.

—¿Le han asignado el caso a ella? —preguntó Roy con cara de asco.

—Sí, y ya ha empezado con el pie cambiado por tu culpa. Ve a detallarle punto por punto todo lo que has hecho y que no te sorprenda que ella también te eche una buena bronca.

Por primera vez, Roy parecía incómodo con aquella conversación.

Bryant estaba dispuesto a apostar a que eso se debía a que iba a tener que darle explicaciones nada menos que a una mujer. Para más inri, a una que tenía un rango superior al suyo.

Roy empujó la silla con fuerza hacia atrás y lanzó una mirada fulminante a su jefe.

Red le devolvió la mirada.

—Y cuando termines de pasarle el testigo del caso a Crawford, vete a casa. No quiero volver a verte hoy.

Tanto el rostro como la actitud del inspector no admitían réplica.

Roy casi se chocó contra Dickinson y Adil cuando estos entraban por la puerta. Ambos miraron a Red en busca de alguna explicación; mientras, Bryant buscó con la mirada a Stacey, que se estaba esforzando mucho para que no se le notara lo bien que se lo estaba pasando.

Al caer por fin en la cuenta de que no estaba solo, Red miró a Bryant y Stacey justo cuando Carly volvía a entrar en la sala con una bandeja llena de refrigerios. Dejó un café sobre la mesa de Roy, aunque él ya no estaba allí.

—Siento que hayáis tenido que presenciar esto —se disculpó Red.

—No pasa nada —dijo Bryant, haciendo un gesto con la mano—. Es comprensible. Roy me dijo que se trataba de alguien que ambos conocíais. Insinuó que especialmente tú —añadió para evaluar la reacción de Red.

Stacey trató de mantener una buena cara de póquer, aunque no tenía ni idea de a qué se estaba refiriendo su compañero, que aún no había tenido la oportunidad de ponerla al corriente sobre la identidad de la fallecida.

—Jasmine fue víctima de un robo hace algún tiempo —dijo Red, que se estaba poniendo cada vez más colorado—. Yo no la conocía más que Roy, pero es verdad que te afecta más cuando es una persona a la que conoces.

—Por supuesto. ¿Alguna pista sobre quién…?

—Como le acabo de decir a Roy, el caso no es nuestro. No vamos a meternos en ese avispero.

—Por lo que Roy me ha dicho, él piensa que el exnovio tiene todas las papeletas de haberlo hecho —afirmó Bryant, que no estaba dispuesto a dejar escapar a Red tan fácilmente. Según Jasmine, el hombre que tenía delante se había excedido con ella y le había prestado más atención de la que debía.

Red frunció el ceño y empezó a ponerse un poco tenso.

—A mí no me dio la sensación de que pudiera ser él… —dijo Bryant, encogiéndose de hombros.

—¿Y cómo sabes tú algo sobre Justin? —le preguntó Red.

—Ah, perdón, error mío. Pensé que Roy te había dicho que le hemos hecho una visita rápida a ese tipo para contarle lo de Jasmine —afirmó, tirando a Roy a los leones.

—¡Dios de mi vida! —exclamó Red mientras se pasaba una mano por el pelo.

Bryant se encogió de hombros de nuevo, decidiendo no contarle de momento que también habían ido a la morgue.

—Estoy seguro de que pondrá al corriente de todo a la oficial a cargo de la investigación en cuanto llegue allí.

Red parecía querer gritar todavía un poco más, pero el objeto de su ira ya no estaba en la sala.

El inspector hizo un esfuerzo evidente por recomponerse antes de hablar de nuevo.

—Bueno, venga, volvamos a nuestro caso.

—Casos —interrumpió Stacey.

Red hizo una mueca de fastidio.

—No empecemos otra vez con eso.

Hasta Bryant se preguntó a dónde quería llegar Stacey con aquella afirmación. Esa gente estaba empeñada en creer que los casos de Lewis y Noah no estaban conectados.

—Tengo pruebas.

Carly emitió un gemido. Dickinson cruzó los brazos. Adil se enderezó en su asiento y Red se sentó en el escritorio de Roy.

—Hay una cámara —explicó Stacey—. Frente al aparcamiento, encima de un establecimiento que vende kebabs. Captó a Lewis cuando lo metieron a la fuerza en una furgoneta.

—¡¿Qué?! —exclamaron todos al unísono, incluido Bryant. El sargento no había tenido oportunidad de ponerse al día con Stacey desde que había regresado a la comisaría.

Si lo que su compañera aseguraba era cierto, había tenido un día mucho más productivo que el suyo.

—Mirad —instó la ayudante de detective; todos los presentes se colocaron detrás de ella—. Ahí tenéis a Lewis hablando con alguien antes de entrar en los recreativos —explicó, reproduciendo un vídeo que duraba unos minutos.

Incluso Bryant percibió que Lewis parecía incómodo y con muchas ganas de marcharse.

Nadie dijo nada.

—Y aquí es cuando volvió —dijo Stacey, reproduciendo otras imágenes.

Todos observaron con horror cómo Lewis era introducido a la fuerza en la furgoneta, que no se había movido ni un centímetro de su sitio.

—¡Mierda! —exclamó Red, enderezándose—. Estábamos convencidos de que Lewis se había escapado de casa.

—Pero ¿por qué? —preguntó Bryant.

—Era nuestra teoría, que la familia además nos ha reforzado constantemente —respondió Carly, que no apartaba la vista de la pantalla mientras Stacey reproducía de nuevo el vídeo.

—Sí, pero ¿por qué? —preguntó Bryant. ¿Qué ganaba la familia con ello?

Dio la sensación de que Red trataba de asimilar esa pregunta. Luego, se giró hacia Stacey.

—¿Hay algo más?

Stacey asintió y Bryant se sintió henchido de orgullo. Como equipo, tenían muchísima suerte de contar con ella.

—Aquí tenéis imágenes del tranvía antes y después de que Noah cruzara la calle.

La ayudante de detective reprodujo ambos clips.

—Es la misma furgoneta —señaló Adil.

—Un momento, no podemos estar totalmente seguros de eso —replicó Red—. Sin duda se parecen, pero…

—Es la misma furgoneta —repitió Adil con seguridad—. Vuelve al segundo vídeo del aparcamiento —le indicó a Stacey.

Ella hizo lo que le pidió.

Adil señaló la pantalla.

—La luz trasera izquierda brilla más que la derecha.

Bryant no se había dado cuenta, pero, ahora que lo había dicho, era evidente. Stacey tampoco lo había notado. Parecía impresionada.

—Pon el primer vídeo del tranvía —le pidió Adil.

Stacey lo hizo y todos lo vieron de inmediato.

—Deben haberle puesto una bombilla nueva hace poco —explicó Adil—. Tal vez de otro fabricante. Brilla algo más, aunque sea ligeramente.

—Maldita sea —dijo Dickinson—. ¿Qué vamos a hacer?

—Lo que hacemos siempre —respondió Red, quitándose la chaqueta—. Volvemos al principio y hablamos con todas las personas a las que ya hemos interrogado. Y les preguntamos de nuevo sobre aquella noche.

Se giró hacia Adil.

—Gonk, quiero que recorras ambas calles de arriba abajo en busca de más cámaras de seguridad.

Ahora que sabemos lo que buscamos, es posible que encontremos una cámara que nos proporcione una perspectiva de al menos una parte de la matrícula.

—Hizo una pausa—. Dickinson, quiero que tú intentes localizar a cualquiera que aparcara en aquel parking aquella noche.

Me refiero a los empleados de las tiendas y de los recreativos. Es posible que alguien viera algo.

—He estudiado el vídeo y puede que me equivoque, pero creo que la persona que hablaba con Lewis era una mujer —afirmó Stacey.

Red no mostró ni su acuerdo ni su desacuerdo con esa afirmación. Carly tenía el gesto torcido, escuchando atentamente algo a través de la radio de la policía.

—Puede que estés en lo cierto, así que sabemos que, sin duda, estamos buscando a dos… Carly, apaga eso…

—Lo siento, jefe, pero es el equipo de la inspectora Crawford. Van de camino a detener a alguien en relación con el asesinato de Jasmine Swift.

Red se quedó pálido y cogió su chaqueta.

—¿Qué coño está pasando aquí?

Bryant estaba seguro de haber visto polvo levantarse del suelo cuando Red salió furioso de la oficina.

¿Un arresto relacionado con el caso de Jasmine Swift tan pronto? Bryant tenía muchas dudas en la cabeza sobre eso, aunque también se hacía una pregunta incluso más importante.

En un plazo de tiempo de menos de diez días, habían metido a dos niños preadolescentes a la fuerza en la misma furgoneta.

Y la pregunta que se hacía era… ¿por qué?