Capítulo 49
Bryant se esforzó por mantener una expresión neutra en el rostro mientras Moss aparcaba frente a la propiedad que había visitado el día anterior junto a Kim.
La cara de la mujer que vivía allí se le había quedado grabada en la mente desde hacía horas.
En cuanto supo con certeza que se dirigían hacia allá, consideró todas las opciones disponibles.
Principalmente, le dieron ganas de ir a la oficina de la inspectora jefa y señalar a aquel hombre como la mierda tan despreciable que era.
El único problema era que no tenía pruebas suficientes para hacer algo así. Lo mejor que tenía era una foto no autorizada que ese hombre había tomado en la escena de un crimen. Eso no iba servir para que Moss rindiera cuentas ante las personas que podían expulsarlo del cuerpo.
Bryant era consciente de que tenía que verlo haciendo algo irrefutablemente contrario al código de conducta, o directamente ilegal, y estaba a punto de presenciar algo así en aquel mismo momento.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Bryant según se acercaban a la entrada.
—Un sitio para aliviar el estrés —respondió Moss con un guiño y una sonrisa.
Bryant pensó que iba a vomitar, pero logró ocultar su repulsión. Procuró situarse un paso por detrás de Moss para que el sargento de Blackpool no pudiera verle la cara.
Pippa abrió la puerta, y la expresión de su rostro se tornó al instante en repugnancia y miedo.
Ella miró a Bryant y frunció el ceño. Él le devolvió la mirada y negó con la cabeza.
—Ah, no te preocupes por él —dijo Moss, malinterpretando la pregunta que había en los ojos de Pippa—. Es un amigo mío que necesita relajarse un poco.
La mujer volvió a interrogar a Bryant con la mirada mientras seguía a Moss al interior de la casa.
El sargento de Black Country no dijo nada. Era consciente de que, si fuera un agente capaz de soportar situaciones tan desagradables que resultaban intolerables, tendría por fin pruebas tangibles contra aquel hombre.
—¿Cómo van las cosas, Pip? —preguntó Moss, apoyándose en la barandilla que conducía a las escaleras.
—Nada nuevo —respondió la mujer, que se sacó del bolsillo una cajetilla de cigarrillos y un mechero.
Había un temblor visible en sus manos, pues la llama no dejaba de bailar alrededor del borde del cigarrillo.
Bryant no tenía ni idea de cuántas veces se habría visto obligada a hacer aquello, pero estaba claro que no se le había hecho más fácil con el tiempo.
Al sargento le parecía evidente que Pippa odiaba a aquel hombre casi tanto como se detestaba a sí misma.
—Bueno, tienes que renovar el seguro, Pip, así que he venido para cobrarte la póliza. Y esta semana es el doble —dijo, sonriendo con sorna en dirección a Bryant—. Pero primero, yo.
La forma en que Pippa asintió con la cabeza y se limitó a mirar al suelo le partió el corazón a Bryant. A aquella joven no le quedaba ni un gramo de fuerza para luchar.
—Vamos, no tenemos todo el día —dijo Moss, subiendo ya las escaleras.
Pippa pasó junto a Bryant sin mirarlo a los ojos.
La mujer empezó a subir lentamente las escaleras detrás de Moss.
« Vamos, Stace —rezó Bryant en silencio—. Haz lo que te he pedido » .
Moss estaba ya en la parte superior de las escaleras y Pippa, a mitad de camino.
La indignación crecía en el interior de Bryant, pero, si quería tener alguna posibilidad de encerrar a aquel hombre, no podía delatarse todavía.
Tres escalones más y quedaría fuera de su alcance.
Se preguntó cuántos abusos más podría soportar esa mujer antes de que se le rompiera el alma para siempre.
Pippa estaba ya en el último escalón.
El corazón de Bryant latía con fuerza.
Abrió la boca.
Sonó su teléfono.
Se metió la mano en el bolsillo. El sonido de su móvil había sido suficiente para que Pippa se detuviera.
—Hola, Stace —dijo en voz alta.
—Me has pedido que te llame —respondió Stacey.
—¿Estás segura? —preguntó el sargento alzando la voz.
—Bryant, ¿qué coño está pasando? —susurró Stacey al otro lado del teléfono.
—Joder, Stace. Vale, no te preocupes. Vamos para allá ahora mismo.
Bryan colgó antes de que su compañera tuviera oportunidad de responder. La conversación había provocado que Moss retrocediera para situarse de nuevo en la parte superior de las escaleras.
—Tenemos que volver, amigo —dijo Bryant, encogiéndose de hombros—. Stacey quiere que veamos una cosa.
Bryant vio la indecisión en el rostro de Moss.
—Puedo volver a llamarla y decirle que avise a Red si quieres —dijo, tirándose el farol.
—¡A la mierda! —replicó Moss, que bajó las escaleras y salió por la puerta de la casa.
Pippa volvió a fruncir el ceño, pero esta vez su expresión denotaba un atisbo de curiosidad.
Cuando iban para allá en el coche, Bryant ya sabía que iba a ser completamente incapaz de permitir que Moss volviera a abusar de Pippa, aunque dejar que lo hiciera le diera la prueba que tanto necesitaba. Un simple mensaje de texto a su compañera le había permitido interrumpirlo.
De alguna manera, aunque aún no sabía cómo, se iba a asegurar de que Roy Moss nunca volviera a tener la oportunidad de abusar de Pippa.