Capítulo 47
Horas después de regresar a la comisaría, Kim seguía pensando en la familia a la que acababa de dejar.
Aunque Clare había rechazado inicialmente la oferta de un agente de enlace familiar, Kim la había animado a que lo reconsiderara.
Su mujer estaba en el hospital recuperándose de una operación y, además, tenía un hijo adolescente al que consolar. Necesitaba apoyo.
Se había marchado de la casa de los Lucas con el deseo de haber podido hacer algo más por ellos, aunque suponía que en realidad lo que más podía ayudarlos era averiguar qué le había ocurrido a su hijo.
Y ese pensamiento los había llevado de vuelta a la oficina.
Penn estaba ocupado consultando con otros cuerpos policiales sobre casos de niños desaparecidos.
Existiendo otros cuarenta y cuatro cuerpos policiales en el Reino Unido, no era un trabajo de cinco minutos.
Kim le había delimitado la búsqueda a un plazo de tres años, porque si no, llegarían a la semana siguiente y seguirían recopilando información.
Ella, por su parte, quería examinar el expediente del caso de Josh Lucas. ¿Cómo había gestionado el equipo de Dudley su desaparición? ¿Habrían removido cielo y tierra para intentar encontrarlo? ¿Cómo era posible que un niño de doce años hubiera desaparecido sin más?
Casi había terminado de revisar el expediente y aún no había encontrado nada que le hiciera dudar de la calidad del trabajo realizado.
La denuncia de la desaparición se había presentado un día a las nueve de la noche. Se interrogó a la familia a las nueve y media, y a las diez ya se había comenzado a realizar la búsqueda inicial con más de cincuenta agentes sobre el terreno.
En cuestión de tres horas se había distribuido una foto y una descripción del chico entre los componentes del cuerpo local de policía, y a las seis horas se habían extendido también hasta los cuerpos policiales vecinos.
Se investigó discretamente a las madres, se interrogó a los vecinos y a los pedófilos conocidos de la zona y se inspeccionaron las masas de agua.
Se habló con los residentes de todas las propiedades situadas entre el gimnasio y la casa del niño, se hicieron llamamientos en la televisión local y se filmó una reconstrucción dos semanas después de la desaparición de Josh.
El total de pistas generadas a raíz de todo aquello fue cero.
En opinión de Kim, el cuerpo de Dudley no había cometido ningún error. No había una sola cosa que ella hubiera hecho de otra manera.
Daba realmente la impresión de que al crío se lo hubiera tragado la tierra o de que nunca hubiera llegado a salir del gimnasio.
El apéndice del expediente señalaba que se disponía de grabaciones provenientes de cámaras de seguridad.
Instalada en el escritorio de Bryant, Kim se conectó al sistema desde allí. Penn colocó una taza de café recién hecho sobre ese escritorio.
—¿Estás bien? —le preguntó al sargento. Había notado algo raro desde que habían regresado a la oficina.
—Sí, todo bien —respondió Penn mientras volvía a sentarse.
Él no se había preparado un café para sí mismo.
—Venga ya —dijo ella, al ver la expresión pensativa del rostro del sargento.
Desde que habían salido de Blackpool, Penn había intentado llenar cada minuto libre con preguntas o conversaciones triviales. Le había estado dando a Kim café sin parar, un café cuyos efectos estaba comenzando a sentir.
—No puedes reemplazarlos a los dos, así que deja de intentarlo —dijo la inspectora con una sonrisa en la cara.
Había dos archivos de cámaras de seguridad disponibles, ambos pertenecientes al gimnasio.
El primero mostraba una panorámica del vestíbulo y grababa todas las entradas y salidas. La grabación duraba cuatro minutos en total y captaba a todos los que estaban dentro saliendo rápidamente del edificio a causa del pequeño incendio. Kim supuso que habría estado sonando la alarma de incendios.
La inspectora reconoció al instante el pelo rubio de Josh cuando el chico salía con todos los demás. A diferencia de la mayoría, él ya llevaba su bolsa de deporte colgada a la espalda.
Pasó al segundo archivo y lo abrió.
Aquella cámara estaba situada en la puerta de entrada del gimnasio, apuntando hacia la acera.
El ángulo de la cámara ofrecía una visión muy limitada, pues solo captaba a las personas cuando estaban directamente debajo de ella.
No ofrecía, en absoluto, una visión periférica, y Kim se encontró a sí misma mirando la parte superior de las cabezas de muchas personas.
Vio salir del edificio a la misma gente que acababa de ver en el vestíbulo, pero la perspectiva era tan reducida que casi no se podía distinguir la dirección en la que caminaban. Así que resultaba casi imposible conseguir más pistas a partir de esas imágenes.
Kim se recostó en su asiento, frustrada, y empezó a tamborilear con los dedos sobre el escritorio.
No había esperado obtener una prueba concluyente en las imágenes de las cámaras de seguridad. El equipo de Dudley había sido demasiado minucioso como para que ella fuera a conseguir eso. Pero no podía evitar sentir cierta incertidumbre.
Sabía con certeza que Josh había salido del gimnasio. No había razón para dudar de lo que había explicado el gerente: Josh se había ido a casa al ver que su madre no estaba allí para recogerlo.
El chico salió con las manos en los bolsillos, con un aspecto completamente distendido y relajado.
Todo lo que le habían dicho a la inspectora hasta ese momento era cierto, y había visto en las imágenes exactamente lo que esperaba.
Pero había una cosa que le perturbaba. El ángulo de la cámara exterior. No tenía sentido.
Kim conocía bien la zona y sabía que justo en el exterior del gimnasio había una zona pequeña de aparcamiento, una fila de contenedores y una franja de césped junto a la calle.
No era lógico que aquella cámara solo cubriera los dos metros cuadrados de espacio que quedaban justo por debajo de ella cuando podría vigilar toda la zona exterior.
La inspectora siempre se detenía a cuestionar las cosas que no tenían sentido.
Tecleó el nombre del gimnasio en su teléfono y obtuvo un número de contacto.
Al segundo tono, respondieron su llamada.
—Hola, espero que puedan ayudarme —dijo Kim.
—Lo intentaré —respondió una voz agradable al otro lado del teléfono.
—Anoche aparqué justo delante del gimnasio y me han dañado el retrovisor. No tendrán cámaras de seguridad, ¿verdad? Es que solo vi una encima de la puerta.
—Lo siento, no puedo ayudarla directamente con eso, pero, si lo denuncia a la policía, ellos nos solicitarán las grabaciones y nosotros les pasaremos todo lo que tengamos.
—Uf —gimió Kim—. No quiero armar todo ese follón si su cámara no cubre esa zona. Mejor me compro el…
—La cámara cubre todo el aparcamiento. Si su coche ha sufrido algún daño en él, lo hemos grabado seguro, pero no puedo darle las imágenes a usted directamente.
—De acuerdo, gracias por su ayuda —dijo Kim antes de colgar.
Ahora tenía una gran pregunta.
¿Por qué habían movido aquella cámara?