Capítulo 45
Después de explicarle al dueño del establecimiento de kebabs lo que iba a hacer, Stacey por fin encontró las grabaciones que buscaba.
La cámara tenía una vista excelente de la primera fila de coches del aparcamiento y, en concreto, del Porsche de ocho años que se imaginó que pertenecía al propietario del establecimiento. En consecuencia, podía ver también la segunda fila de vehículos aparcados y el espacio entre ellos.
Decidida a no perderse ni un solo detalle, estuvo viendo las imágenes durante quince minutos antes de que Lewis entrara en el aparcamiento con paso despreocupado.
En el transcurso de ese tiempo, ninguno de los coches aparcados en la primera fila se movió. En la fila de atrás, un coche tipo ranchera dio marcha atrás y se marchó. Tres minutos más tarde, su espacio fue ocupado por una furgoneta de reparto de color oscuro.
Siete minutos después, Lewis apareció por la parte superior izquierda de la pantalla, caminando entre las dos filas de coches.
Una silueta apareció en su camino y lo detuvo.
La persona vestía pantalones oscuros y una chaqueta larga también oscura, y llevaba una sudadera con capucha debajo del abrigo.
Desde aquel ángulo, Stacey podía ver los matices en el lenguaje corporal de Lewis que no había podido apreciar en las grabaciones de los recreativos.
Al principio, el chico parecía sorprendido. Su reacción no denotaba familiaridad alguna con aquella persona. Sus extremidades estaban quietas y rígidas. Escuchaba lo que decía la silueta, pero no se movía con soltura, no había flexibilidad en sus articulaciones.
La silueta hablaba animadamente. Lewis negaba con la cabeza.
Aquella persona le tendió algo.
Stacey no podía ver de qué se trataba, pero Lewis miró hacia abajo, negó con la cabeza y dio un paso hacia un lado.
La silueta le impidió avanzar y Lewis se quedó rígido. Miró a su alrededor y Stacey comprendió que estaba buscando si había alguna otra persona cerca.
No había nadie.
El chico volvió a negar con la cabeza y avanzó esquivando a la silueta.
Desde la cámara lejana de los recreativos, todo aquello le había parecido a Stacey un intercambio inofensivo, como si a Lewis le hubieran estado pidiendo indicaciones para llegar a una determinada calle o la ubicación de una atracción en particular, pero, al observarlo más de cerca, no era así para nada.
Más bien daba la impresión de que le estaban proponiendo algo y él lo estaba rechazando.
Stacey sintió que la invadía una sensación de desconcierto. Era demasiada coincidencia que aquel encuentro hubiera tenido lugar la noche en la que el chico había desaparecido.
La ayudante de detective continuó observando la furgoneta mientras seguían pasando los minutos.
Ya sabía qué había estado haciendo Lewis durante aquellos instantes, pues había rastreado todos sus movimientos dentro de los recreativos.
Pero ahora le interesaba aquel vehículo.
La figura había vuelto al asiento del conductor y la furgoneta permanecía inmóvil.
¿Por qué? No dejaba de preguntárselo, y los minutos seguían pasando.
Cualquier explicación lógica que buscaba iba perdiendo fuerza a medida que pasaba el tiempo y la furgoneta seguía sin moverse.
Salieron y entraron un par de coches más en el aparcamiento, pero no ocurrió nada más hasta exactamente las 8:37 de la noche, dos minutos después de que Lewis hubiera salido de Coral Island, sin duda para dirigirse a su casa.
Stacey recordaba al chico cruzando el aparcamiento en diagonal para acortar camino.
Las luces traseras del vehículo se encendieron, lo que indicaba que se había arrancado el motor. La silueta salió del lado del conductor justo cuando Lewis volvió a aparecer en el plano.
El corazón de Stacey comenzó a latir con fuerza cuando sucedieron tres cosas a la vez.
Lewis intentó esquivar a la silueta.
La silueta agarró a Lewis por el brazo.
La puerta trasera de la furgoneta se abrió.
Unos brazos se extendieron y arrastraron al chico hacia la parte trasera de la furgoneta.
—¡Dios mío! —susurró Stacey para sí misma, consciente de que tal vez acababa de presenciar los últimos momentos de Lewis con vida.
Lo volvió a ver con la premura de alguien que sentía que podía hacer algo para detener lo que estaba sucediendo.
Tres segundos. Ese fue el tiempo que tardaron en meter a Lewis en la parte trasera de la furgoneta. No hubo pasos en falso, torpeza ni vacilación. Fue rápido y eficiente, y ahora Stacey entendía por qué nadie había visto nada.
La ayudante de detective quería dar la voz de alarma, hacer llamadas, informar a todo el mundo. Sentía la necesidad de crear la urgencia que había brillado por su ausencia por el hecho de que todos los involucrados estuvieran tan convencidos de que Lewis simplemente se había escapado de casa.
Y esa urgencia provenía de lo que acababa de descubrir. Habían pasado diez días desde el suceso y la furgoneta hacía tiempo que había desaparecido.
¿Qué más sería capaz de deducir de aquellas imágenes?
Ya sabía que no tenía la matrícula de la furgoneta, pero retrocedió y volvió a ver cada segundo desde el momento en el que el vehículo entró en pantalla.
Observó la interacción entre la silueta y Lewis una y otra vez, centrándose solo en la silueta. Y, cuanto más lo hizo, más se convenció de un hecho importante.
La silueta vestida de negro de pies a cabeza pertenecía, sin duda, a una mujer.