Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 43
51%

Capítulo 43

—Qué memoria —dijo Bryant mientras Roy aparcaba en un espacio reservado para carga y descarga frente a la casa del novio de Jasmine.

—Estuvimos hablando aquí con él hace no demasiado tiempo. Jasmine pensaba que podría tener algo que ver con el robo del que te he hablado.

Bryant tenía que recordarse a sí mismo que, por lo que Roy sabía, él no conocía a Jasmine en persona.

—¿Por qué? —preguntó.

—Uno de los objetos robados era un Alexa o algo así que ella se había negado a devolverle cuando rompieron.

—¿Y él fue el responsable del robo? —preguntó Bryant, saliendo del coche.

—No lo sé. No llegamos a encontrar a los culpables. Para ser sincero, el tipo es un pringado.

Bryant siguió a Roy hasta la puerta de entrada de un adosado de fachada estrecha que se encontraba a unos tres kilómetros del centro de la ciudad.

La puerta la abrió un hombre que a Bryant le recordó de inmediato a Penn, que tenía su pelo rubio y rizado casi a la altura de los hombros. La franqueza de su rostro se nubló levemente al ver a Roy.

—Ya se lo he dicho, yo no he hecho nada.

—Tranquilo, Justin, venimos por otra cosa. ¿Podemos pasar?

Justin pareció sorprendido por el tono amable de Roy, pero no tanto como Bryant. El sargento no se habría podido imaginar que su compañero de Blackpool pudiera sentir ni una pizca de empatía por nadie.

En cuanto Bryant entró en aquella pequeña vivienda, comprendió por qué la relación entre aquel hombre y la mujer que había conocido el día anterior no había funcionado.

Jasmine Swift tenía una vida ordenada y era una mujer hecha y derecha.

Tenía una casa bonita, un buen trabajo y un aire atractivo y cercano.

Bryant tuvo que sacudirse mentalmente para recordar que era la misma mujer que había visto muerta hacía menos de una hora; una mujer segura y realizada que había quedado reducida a un objeto.

La habían degradado, humillado y expuesto.

Apretó los puños y luchó por alejar esas imágenes de su cabeza.

El sargento de Black Country se preguntó de nuevo qué estaban haciendo allí. Era imposible que aquel tipo hubiera matado a nadie. Daba la sensación de que ni siquiera tenía agallas para levantarse de la cama.

—Justin, ¿puede sentarse un momento? —le pidió Roy con tono gentil.

El hombre lo hizo sin mover el montón de ropa que había en el brazo del sillón.

—Tengo malas noticias para usted amigo. Jasmine ha muerto.

El hombre se quedó mirando fijamente a Roy mientras este se sentaba a su lado.

—¿Muer… muerto? —balbuceó.

—Eso me temo. Lo que voy a contarle va a ser difícil de escuchar. Anoche la violaron y la asesinaron.

Bryant no comprendía por qué Roy le daba tanta información nada más comenzar la conversación. Daba la impresión de que el tipo estaba a punto de vomitar.

—Le voy a traer un poco de agua —dijo Bryant, que se dirigió hacia la cocina que se abría directamente desde el salón.

—Tranquilo, amigo. Lo entiendo —dijo Roy—. Es muy impactante. Va a necesitar tiempo para asimilarlo.

—No puedo cre… O sea, ¿están seguros de que es ella?

Roy le ofreció un gesto de consuelo dándole unas palmaditas en el brazo, justo cuando Bryant volvía al salón.

—Estamos seguros, amigo.

Bryant le entregó a Justin un vaso de agua.

El hombre lo cogió con manos temblorosas. No bebió ni un sorbo; se limitó a mirarlo fijamente.

—Escuche, es solo puro protocolo, amigo, pero tengo que preguntarle dónde estuvo usted anoche.

Justin giró la cabeza bruscamente y derramó un poco de agua del vaso al hacerlo.

—No pueden pensar que he sido yo.

Bryant recuperó el vaso y lo dejó sobre la mesa de centro.

—Ni por asomo, amigo —lo tranquilizó Roy—. Pero, como usted fue la última pareja conocida de Jasmine, es nuestra obligación preguntárselo.

—Estuve jugando al billar con mis amigos en el club Buzby.

—¿Hasta qué hora? —insistió Roy.

—Hasta las diez y media.

—¿Y después?

—Me vine para acá con una pizza .

Bryant vio la caja sobre la encimera.

—¿Y no volvió a salir de casa? —preguntó Roy con el mismo tono gentil y tranquilizador que había mantenido durante toda la conversación.

Bryant vio cómo el rostro de Justin adoptaba una expresión de pánico cada vez mayor.

—No, no volví a salir, pero yo no le haría daño… ¡Dios, yo jamás le haría daño a Jas! ¡Yo la quería, amigo, tiene que creerme!

—Tranquilo, compañero, yo le creo. Ahora tranquilícese un poco, ¿vale? Acaba de sufrir un buen shock .

El joven respiró hondo un par de veces, aliviado de que Roy le creyera.

—Ya se lo he dicho, es solo una formalidad. ¿Le importa si uso su baño antes de irme?

—Por supuesto que no —dijo Justin, señalando hacia la cocina—. Por ahí. —Cuando Roy desapareció, se giró hacia Bryant—. ¿De verdad que está muerta?

—Me temo que sí —respondió el sargento mientras se metía las manos en los bolsillos. Aún le costaba entender qué estaban haciendo en esa casa antes de que se hubiera informado a los familiares más cercanos de Jasmine.

—Vale, ya estoy mejor —dijo Roy al volver al salón—.

Bueno, amigo, siento haberle dado esta noticia de mierda.

Si necesita algo, avísenos. —Roy pasó por delante de Justin prácticamente sin mirarlo y se dirigió hacia la puerta de entrada de la casa—.

Ah, y no llame a ningún familiar hasta que hayan tenido tiempo de asimilar la noticia, ¿de acuerdo?

Justin asintió mientras Roy salía ya del salón.

Bryant tenía la sensación de que un torbellino acababa de arrasar la vida de aquel hombre.

Tenía la seguridad de que ni él ni su jefa habrían dejado solo y desatendido a aquel hombre tan rápidamente, pero la forma de caminar de Roy indicaba que ya habían hecho lo que habían ido a hacer allí y que era hora de ponerse con otra cosa.

Sin embargo, sintió la necesidad de ofrecerle algo a Justin.

—Lo acompaño en el sentimiento —le dijo, apretándole el hombro al pasar junto a él.

Cerró la puerta de la casa en silencio tras salir.

—¿No crees que deberíamos haber llamado a algún familiar para que le ofreciera un poco de consuelo? —preguntó Bryant al volver al coche de Roy.

—Qué va, amigo, ese no es nuestro trabajo, y nuestros agentes de enlace familiar no abarcan hasta los exnovios de los fallecidos. Es mejor reservarlos para tratar con la familia. Él estará bien.

Y, sin embargo, el exnovio había sido la primera persona a la que habían visitado.

—¿Vamos ahora a hablar con la familia? —preguntó Bryant mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

Roy negó con la cabeza mientras ponía ya el coche en marcha.

—No, de eso se encargarán otras personas. Nosotros tenemos que ir a otro sitio.

—Ah, ¿sí? —dijo Bryant.

—A la morgue —respondió Roy, que centró su atención en la carretera.

Bryant frunció el ceño. Habían visto el cadáver hacía menos de una hora. ¿Por qué diablos tenían que volver a verlo? ¿Qué estaría tramando Roy?