Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 41
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Capítulo 41

—¿Alguna novedad? —le preguntó Kim a Penn mientras le dejaba una taza de té sobre su escritorio.

—De momento he llegado hasta hace dos meses y no he encontrado nada que coincida con la edad o la descripción de nuestra víctima.

Kim había dejado a Penn revisando las denuncias de personas desaparecidas mientras ella acudía a informar a Woody.

Aunque al inspector jefe no le hacía mucha gracia que Keats hubiera requerido su presencia, entendía su decisión de volver.

También apoyaba su determinación de que, si fuera necesario, llamaría al resto de su equipo para que estuviera de vuelta en un abrir y cerrar de ojos.

En ese momento, su prioridad era ponerle un nombre al rostro que había visto en la morgue.

Conocer la identidad de una persona siempre resultaba prioritario para la inspectora, sobre todo para poder informar rápidamente a la familia, pero también porque todo el mundo merecía que lo llamaran por su nombre y no «cuerpo», «cadáver» o «víctima».

Kim era consciente de que esa obsesión suya se debía a que, de niña, había pasado años siendo una parte anónima y sin rostro del sistema de acogida.

La inspectora se sentó frente al ordenador de Stacey y se registró en el sistema.

Penn estaba adoptando el enfoque más lógico, que era empezar por el día actual e ir revisando denuncias hacia atrás en el tiempo.

Kim no tenía demasiado tiempo para averiguar si había alguna posibilidad de que aquella muerte tuviera alguna relación con la investigación que se estaba llevando a cabo más al norte.

Si no se había equivocado al estimar la edad del chico de la morgue, debería tener unos quince años.

Lewis tenía doce. Noah, once.

Dentro del programa informático, decidió establecer un periodo de búsqueda que abarcara desde enero de 2020 hasta diciembre de 2022. Penn iría retrocediendo desde el presente, y así se darían el encuentro en algún punto.

Kim comenzó a hojear los registros, echando un vistazo a todas las fotos con la confianza de que sería capaz de reconocer al chico de la morgue. Tras haber revisado diecisiete registros, de repente se detuvo en seco.

Ahí estaba.

—¡Lo tengo! —exclamó.

Penn se acercó rodando sobre su silla y asintió de inmediato nada más ver la imagen en la pantalla.

—Joshua Lucas, tenía doce años cuando desapareció el catorce de septiembre de 2021 —detalló Kim mientras Penn anotaba una dirección.

La inspectora se recostó en su asiento. Joshua había sido secuestrado tres años antes y le habían permitido vivir.

¿Por qué?

Y lo que era todavía más importante, ¿qué le habían hecho durante esos tres años?