Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 37
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Capítulo 37

—¿Cómo crees que va a salir todo esto? —preguntó Stacey mientras entraban en el edificio.

Bryant se había estado preguntando lo mismo. No es que necesitaran la protección de la jefa, pero el equipo se había partido en dos. A decir verdad, habían sido ellos mismos los que habían tomado la decisión de quedarse, así que tenían que estar preparados para lo que se fueran a encontrar.

El sargento había hecho exactamente lo que le había dicho a la jefa que iba a hacer.

Lo había consultado con la almohada. En parte, tuvo ganas de pedirle que lo enviara de vuelta a casa con tal de no tener que volver a ver a Roy Moss nunca más.

Pero ese hombre no tenía cabida en el cuerpo de policía, y Bryant era consciente de que si había alguna oportunidad de contribuir a exponerlo públicamente, no tenía más remedio que tragarse la bilis que se le había acumulado en la garganta y seguir adelante.

—Solo una cosa, Stace —dijo mientras se dirigían a la sala de la brigada—. Si Moss dice algo que esté fuera de lugar, aunque sea mínimamente, por favor, dímelo.

—Por Dios, Bryant, yo puedo…

—No te estoy soltando ninguna mierda machista y misógina ni tampoco insinuando que no puedas cuidar tú solita de ti misma. Pero ese hombre es un cerdo racista y machista.

—Ya, claro, porque yo nunca me he encontrado con uno de esos en toda mi vida —dijo la ayudante de detective con una sonrisa.

—Él está a otro nivel. No descartaría nada que…

—Vale —aceptó Stacey, interrumpiéndole—. Te lo contaré.

Bryant suspiró aliviado mientras abría la puerta de la sala de la brigada para que Stacey entrara en ella.

Todas las miradas se fijaron en ellos. Bryant se sintió como si fueran los chicos nuevos en la clase del colegio.

—Lo siento, os va a tocar aguantarnos —afirmó con lo que esperaba que fuera una sonrisa cautivadora en el rostro—. La jefa ha tenido que regresar a Black Country por un caso muy urgente.

Red les indicó con un gesto que se sentaran.

—No tiene sentido que os mantengáis separados estando solo vosotros dos.

—Bueno, ¿crees entonces que los dos casos podrían estar relacionados? —preguntó Bryant con amabilidad mientras tomaba asiento. Puede que lo que habían descubierto durante el día anterior les hubiera hecho entrar en razón.

—No, la verdad es que no. Vamos a seguir centrados en Noah, pero, si encontramos algo convincente, lo tendremos en cuenta.

Bryant pensó para sí mismo que acababa de cambiar a una jefa testaruda por otro exactamente igual.

Aunque, para ser justos con su verdadera jefa, ella nunca había sido tan arrogante como para obstaculizar una investigación en lugar de admitir que se había equivocado.

Bryant no sabía qué podría ser más convincente que los hechos que habían averiguado durante la jornada anterior, pero Kim lo había dejado claro: Red estaba al mando.

—Venga, vamos a poneros al día sobre Noah a los que estáis al fondo.

Noah Reid tiene once años y el domingo por la noche salió con sus padres para celebrar su cumpleaños.

Los padres se acercaron a Wetherspoons para coger una mesa, dejando atrás a Noah para que se gastara las últimas libras que le quedaban en el South Pier.

Debería haber sido cuestión de minutos, así que, cuando pasaron veinte, el padre fue a buscarlo.

Tras otra hora de búsqueda frenética, recibimos la llamada.

Las cámaras de seguridad de Spoons muestran que las acciones de los padres coinciden con su versión de los hechos, y un empleado recuerda haberlos visto a todos juntos en las canastas de baloncesto un rato antes, tal y como ellos mismos afirman, por lo que se les ha descartado como sospechosos.

—Red hizo una pausa para respirar—. Hasta ahora hemos interrogado a más de cuarenta personas y nadie parece haber visto que trataran bruscamente a ningún niño.

No hay cámaras de seguridad en el muelle y las propiedades que están al otro lado de la calle están demasiado lejos como para que alguna posible cámara pudiera captar nada.

Un vendedor ambulante nos ha dicho que había una furgoneta de una empresa de electricidad aparcada junto a una acera cercana, cosa que estamos investigando, y seguimos interrogando a los conductores de tranvía y autobús que pudieran haber estado circulando por allí en aquellos momentos.

«Vale, entonces así es como llevan a cabo una investigación cuando no dan por hecho que se trata de una fuga de casa», pensó Bryant. El tiempo y el esfuerzo que dedicaban a Noah contrastaban enormemente con la atención prestada a Lewis.

—Hoy voy a cambiar las cosas y mezclaros un poco para tener una nueva perspectiva del caso de Noah. Roy, el sargento Bryant va contigo.

Bryant contuvo un gemido de frustración interno asintiendo con su cabeza. Era lo que tanto había temido y, a la vez, deseado.

—Wood, vamos a darte acceso a todos los archivos del caso, así que échales un buen vistazo.

Walsh, tú te vienes conmigo al depósito de tranvías, y Dickinson y Gonk, seguid investigando las empresas de electricidad.

Roy, llévate a Bryant contigo para interrogar a los últimos empleados del muelle que tenemos pendientes.

Todos asintieron en señal de comprensión.

—Ah, y los compañeros de la central saben que contamos con refuerzos, así que no os sorprendáis si os llaman para que os encarguéis de otros incidentes. Ya sabéis qué cosas podrían tener prioridad sobre el caso en el que estamos trabajando, así que si surge algo y os llaman, contádmelo.

Red regresó a su escritorio y todos comenzaron a recoger sus cosas.

Roy fue el primero en levantarse, y Bryant lo siguió.

El sargento le echó un vistazo rápido a Stacey, que asintió en su dirección para indicarle que estaba bien. Luego siguió a Moss hacia el exterior del edificio.

¿Qué diablos iba a descubrir aquel día?