Capítulo 36
Eran las seis y media de la mañana cuando Kim se reunió con su equipo para desayunar en el restaurante del hotel. Tenía novedades y no sabía cómo iban a reaccionar sus compañeros. Pero primero quería hacer una rápida puesta al día.
—¿Averiguaste algo anoche? —le preguntó a Penn, que acababa de sentarse con un desayuno inglés completo.
—La familia parece sincera. No tengo la sensación de que puedan estar involucrados —respondió el sargento, que trataba de encontrar la abertura de una bolsita de kétchup—. No tienen más hijos; parece que todo gira alrededor de Noah.
—¿Y Dickinson?
—Empático con la familia, cariñoso y considerado.
Los trató bien y les aseguró que el equipo estaba haciendo todo lo posible para llevar al niño a casa.
—Le dio la vuelta al sobre—. Si te soy sincero, jefa, tuve la sensación de que están dispensando a la familia Reid un trato mucho mejor que a la de Lewis.
Stacey le quitó el sobre de las manos a Penn, lo abrió y se lo devolvió.
Kim sacudió la cabeza, algo abatida.
—Es esa maldita obsesión que tienen con que el chico se ha fugado de casa. Esa fijación les está impidiendo considerar sospechoso el comportamiento de la familia y darle crédito a la posibilidad de que ambos casos guarden alguna relación entre sí.
—Es que no hay forma de que se planteen cualquier otra opción —señaló Stacey.
Kim asintió y se giró hacia Penn.
—¿Y qué pudiste averiguar sobre Dickinson?
—Estoy bastante seguro de que es gay y de que la mayoría de su equipo lo sabe y no le importa en absoluto, excepto a Roy.
—Está clarísimo que él no lo sabe —añadió Bryant—. No pararía de hablar de ello. Y no diría nada bueno, nada que a Dickinson le apeteciera oír.
—Parece un tipo leal a su equipo y sin grandes ambiciones de ascender. Transmite la sensación de ser sincero, y creo que piensa que no se debe tolerar a los policías corruptos.
Kim sintió curiosidad.
—¿Crees que podría ser Dickinson el origen de la denuncia?
Penn se encogió de hombros.
—No sabría decirlo, jefa. Ayer simplemente me estaba dando su opinión, pero tengo la sensación de que, si supiera algo, sería probable que hiciera algo al respecto.
—De acuerdo, no lo pierdas de vista. En otro orden de cosas, tengo que volver a casa, chicos —afirmó Kim—. Keats tiene un cadáver entre manos y no me ha querido explicar nada más. Me ha dicho que me tengo que encargar yo, que no se lo va a pasar a ninguna otra persona.
—Pero, jefa… —protestó Stacey.
Kim levantó una mano. Ya se había imaginado que habría algunas objeciones.
—Entiendo que todos estamos comprometidos con intentar encontrar a Lewis, y por eso no vamos a volver todos. Dos de vosotros os vais a quedar aquí para…
—A mí me gustaría quedarme, jefa —dijo Bryant sin dudarlo.
—¿Estás seguro? —le preguntó Kim. La noche anterior, el sargento no las tenía todas consigo con respecto a su capacidad de aguantar un solo minuto más en compañía de Roy Moss. Quizá un poco de tiempo a solas y una llamada a Jenny le hubieran recargado las pilas.
—Segurísimo —respondió. Y lo parecía.
—Yo también me quedo, jefa —dijo Stacey, y Kim comprendió que eso tendría todo el sentido del mundo.
La ayudante de detective había establecido un contacto aceptable con dos de los miembros del equipo local, por lo que sacarla del caso y poner a Penn a realizar sus funciones provocaría que tuvieran que empezar prácticamente desde cero.
—Por mí no hay problema, yo soy fácil —aseguró Penn, encogiéndose de hombros.
—Vale, pues tú me llevas de vuelta entonces en el coche.
—Kim hizo una pausa antes de dar más detalles—.
Le he dicho a Woody que vamos a dividir el equipo y le ha parecido bien, aunque solo hasta cierto punto.
Quiere ayudar a su antigua compañera de su época de formación, pero un asesinato es más importante que una desaparición, así que estad atentos en todo momento por si tengo que llamaros.
Si os necesito allí, la investigación aquí se acabó.
Bryant y Stacey asintieron en señal de comprensión.
—Probablemente os incorporéis al equipo que trabaja bajo la supervisión de Red, así que no voy a poder asignaros tareas. Pero los dos sabéis lo que tenéis que buscar, ¿verdad?
Bryant y Stacey se miraron el uno al otro y volvieron a asentir. Kim pudo observar la pasión que ambos sentían por la misión de intentar encontrar a Lewis, así como por descubrir algo en relación con la corrupción policial y por proteger al miembro del equipo que hubiera presentado las denuncias.
La inspectora no podía quitarse de la cabeza la sensación de que estaba abandonando a su equipo. Eran personas adultas que siempre realizaban un trabajo serio y responsable, pero por alguna razón sentía que los estaba metiendo en la boca del lobo.