Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 33
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Capítulo 33

Kevin se escondió entre las sombras cuando los detectives que habían visitado su casa varias veces salieron del edificio. Aunque ellos no podían verlo, el corazón le latía con fuerza en el pecho. Estaba seguro de que sabían que estaba allí.

Había apagado el teléfono. Su madre y Bobby lo habían estado bombardeando a llamadas, probablemente queriendo saber dónde estaba.

Su marcha los estaba poniendo nerviosos, porque él lo sabía todo.

Había intentado evitar que sucediera todo aquello, pero su hermano no le había hecho caso. Con solo haber hecho una simple llamada, probablemente todo habría terminado allí mismo y en aquel momento.

Desde que Kevin tenía uso de razón, había intentado cuidar de Lewis. Siempre estuvieron un poco solos después de que su padre los dejara. Él también se puso muy triste, pero Lewis solo tenía seis años y se lo tomó incluso peor.

No solo perdieron a su padre. También perdieron una gran parte de su madre.

Ya no había diversión, juegos, tonterías ni risas.

En aquel momento no entendía que ella se había centrado en trabajar y ganar suficiente dinero para mantenerlos.

Tener que estirar el dinero como fuera, reducir los gastos y hacer horas extras en el trabajo para pagar facturas había terminado con la madre que conocían.

No existían ni el tiempo ni la energía para pasarlo bien en familia.

Así que, de alguna forma, hicieron piña para encontrar esa diversión por su cuenta, y ambos hermanos estuvieron más unidos que nunca.

Y entonces su madre recuperó la sonrisa. De vez en cuando, la sorprendían tarareando en la cocina o poniéndose un poco de perfume. Estaba más feliz y toda la casa se volvió más alegre. Ella volvió a perseguirlos corriendo hasta sus habitaciones, comprarles pequeños caprichos o llevarlos al parque.

Y entonces trajo a Bobby a casa.

Al principio, Bobby era increíble. Les colmaba de amor, tiempo y regalos. Ellos lo disfrutaron al máximo. Su madre estaba feliz y risueña, incluso mejor que antes.

Fue después de la boda cuando todo empezó a cambiar.

Bobby se mudó a su casa y los momentos divertidos se acabaron.

Tanto él como Lewis se dieron cuenta de que todo había sido una farsa para conseguir lo que quería.

No es que fuera excesivamente cruel; se mostraba indiferente, sin más.

Rara vez se relacionaba con ellos y parecía no querer tenerlos a la vista.

Luego llegó su primer hermano nuevo y comenzaron las discusiones.

Con el tiempo, Kevin se dio cuenta de que su padrastro no era más que un vago. No hacía nada en casa, no ayudaba con los bebés según fueron llegando y le costaba un mundo conservar el trabajo.

Su madre volvió a convertirse en una sombra de sí misma, siempre callada y de nuevo ahorradora, siempre preocupada por llegar a fin de mes. Mientras, Bobby no parecía preocuparse por nada.

Cuando llegó el tercer niño, ni él ni Lewis pasaban tiempo alguno con su madre.

En esa misma época, Lewis empezó a meterse en peleas y el colegio comenzó a llamar a sus padres. Cada vez que pasaba algo, su madre miraba a Lewis como si fuera un problema más del que podía prescindir.

Y sí, él se llevó a Lewis a Lytham y lo abandonó allí, pero no por las razones que todo el mundo creía.

Quería que su madre mostrara algo de preocupación por su hermano. Quería que lo echara de menos y se alarmara por él, pero no resultó ser así. Casi podría decirse que se sintió aliviada de no tener que pensar en él durante un tiempo.

Lewis regresó unas horas más tarde, le echaron una buena bronca y nada cambió.

Y luego se produjo el robo.

Un día, de la nada, Bobby decidió invitarlos a todos al cine.

Cuando regresaron, habían desvalijado la casa. Habían entrado por la puerta trasera, que se veía algo dañada. El desorden era mínimo, pero se habían llevado muchas cosas: todos los aparatos eléctricos y la mayor parte de las joyas de su madre.

El seguro les dio una indemnización que cubría el valor de todos artículos y aún dejaba una buena cantidad sobrante. Pero ese dinero se acabó pronto, dejando a la familia una vez más en la ruina y sin perspectivas de que Bobby volviera a encontrar trabajo en un futuro próximo.

Aquel robo provocó que los detectives fueran por primera vez a casa. Fueron muy sinceros sobre las posibilidades de atrapar a los ladrones, aunque a Bobby no pareció preocuparle demasiado aquello.

Durante su segunda visita, Bobby les pidió que hablaran con Lewis. Que le explicaran las posibles consecuencias que podrían derivarse de su comportamiento; básicamente, que hicieran que se cagara de miedo.

No funcionó. Entonces Kevin empezó a oír a sus padres mantener conversaciones en voz baja que terminaban abruptamente cuando él entraba en la habitación. Por los fragmentos que escuchó, entendió el plan, pero nunca pensó que lo fueran a llevar a cabo.

Hasta la noche en que le dieron algo de dinero a Lewis y lo echaron de casa.

Él intentó impedirlo. De verdad que lo intentó. Pero ahora su hermano había desaparecido y él no sabía qué hacer.

Kevin se preguntó si podría confiar en esa nueva agente de policía que no les gustaba a sus padres. Por eso había ido a la comisaría. Para ver si podía abordarla y hablar con ella a solas. Tenía la sensación de que ella intuía que había algo raro en todo aquello.

Entonces la vio y la valentía lo abandonó.

Ella iba de camino al coche con el otro detective.

Comenzaron a agolparse diferentes pensamientos en su mente. ¿Y si no le creía? ¿Y si les contaba a sus padres lo que había hecho? ¿Y si les contaba a los otros detectives lo que le había dicho?

Pero su mayor temor, lo que le impidió avanzar hacia ellos, era otra cosa.

¿Y si ella era tan mala como el resto de los policías?