Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 32
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Capítulo 32

Kim se dio cuenta, por la mirada seria de su compañero, de que algo había pasado en la cocina. Se preguntó por un instante qué precio estaría pagando por mantener aquella farsa. Lo comprobaría una vez que terminara la reunión con el otro equipo.

—Espero que no os importe que intervenga —dijo Kim, poniéndose en la posición más prominente de la sala de la brigada—.

Pero pienso que de verdad tenemos que unificar las dos investigaciones y asumir que las desaparición de Lewis y Noah están relacionadas —continuó, aunque en realidad no estaba completamente convencida de que fuera así.

La familia Stevens estaba ocultando algo relacionado con Lewis, lo cual sugería que podría tratarse de casos independientes, pero la inspectora tenía el presentimiento constante de que, de alguna manera, los casos guardaban relación entre sí.

Además, vincular ambas investigaciones le permitiría vigilar más de cerca al equipo de Blackpool.

Red comenzó a negar con la cabeza.

—Tienes que confiar en nosotros en esto. Lewis se ha fugado. Hemos investigado…

—¿Y habéis identificado a la persona con la que Lewis estuvo hablando en el aparcamiento de los recreativos durante más de treinta segundos?

Esta vez, Red miró a Adil, Dickinson y Carly, que permanecieron en silencio.

—Y, claro, doy por hecho que sabéis que Kevin, el hermano que ya abandonó una vez a Lewis en algún lugar lejano como castigo por algo, se encontró con él en la cafetería de los recreativos, le estuvo gritando, le golpeó y se largó hecho un basilisco, ¿verdad?

Red se ahorró tener que responder a eso cuando sonó su teléfono. Levantó una mano para disculparse y se llevó su móvil a la sala pequeña que el equipo de Kim estaba utilizando para trabajar, cerrando la puerta tras entrar en ella.

La inspectora miró de reojo a Stacey, que negó muy sutilmente con la cabeza, indicando así que no había a la vista nada relacionado con los tres nombres que les habían facilitado.

Red caminó de un lado a otro de la sala varias veces, mirando en todo momento hacia la sala de la brigada.

—No creo que nada de lo que has dicho sea motivo suficiente para cambiar la forma en la que estamos investigando —afirmó Roy, cruzando los brazos sobre su estómago.

—Perdona, Roy, no he oído que tu jefe te haya ascendido temporalmente mientras salía a atender una llamada —dijo Kim, mirándolo a los ojos. La expresión que adoptó el rostro del hombre no le dejó ninguna duda sobre sus sentimientos hacia ella, aunque por supuesto no le importaba lo más mínimo.

—Era Bobby Stevens —explicó Red cuando volvió a reunirse con ellos—. Dice que castigaron a Kevin sin salir de casa, pero que se ha escapado y no lo localizan en su móvil.

Roy empezó a aplaudir.

—Bravo, inspectora. Dos por el precio de uno. Esa pobre familia tiene ahora dos hijos desaparecidos.

—Cállate, Roy —le espetó Red, sorprendiendo a todos los presentes en la sala de la brigada. Luego, se dirigió a Kim—. No quieren que vuelvas a visitarlos.

—¿No te parece sospechoso? —preguntó la inspectora—. Por otra parte, ¿desde cuándo acatamos órdenes de los sospechosos?

—No son sospechosos de nada. Tenían un hijo desaparecido y ahora tienen dos. Por el momento, prefiero que no contactes con…

—Un momento. Hemos descubierto más cosas sobre la desaparición de Lewis en veinticuatro horas que…

—Espera, espera —replicó Red. Todos los miembros del equipo de Blackpool estaban fulminando a Kim con sus miradas—.

No nos tomemos esto como algo personal, vamos a centrarnos en el caso.

Sean cuales sean sus motivos, los Stevens siguen siendo las víctimas en este momento, y vamos a respetar su petición.

El ambiente en la sala estaba cargado.

Kim suponía que en aquellos momentos no disfrutaría de una gran popularidad entre los miembros del equipo local, pero le daba igual. Mientras el resto de su equipo se mantuviera abierto y accesible, tendrían posibilidades de terminar lo que habían ido a hacer a aquella ciudad.

—Bueno, vamos a dar por terminado el día —dijo Red cuando Iris entró con su aspiradora—.

Los ánimos están demasiado caldeados. Dickinson se va a pasar por el domicilio de los Reid de camino a casa y a primera hora de la mañana tendremos una reunión informativa sobre Noah.

Tendré en cuenta tu sugerencia de que los casos están relacionados, pero de momento tengo que encargarme de que haya varios agentes uniformados atentos por si dieran con Kevin Stevens.

—¿Te importa que Penn acompañe a Dickinson a casa de los Reid? —preguntó Kim—. Se le da muy bien hablar con las familias.

Red dudó, pero finalmente se encogió de hombros.

Bien, Kim tenía la esperanza de que el inspector se hubiera cansado ya de pelear.

Y sería útil que uno de los miembros de su equipo pudiera conocer a la otra familia mientras pasaba algo de tiempo con uno de los miembros más discretos del equipo local.

Dickinson se levantó y Penn reaccionó en consecuencia, saliendo de la sala tras el ayudante de detective de Blackpool.

El resto del equipo local salió en silencio y con miradas sombrías.

***

—¡Y el premio a Miss Simpatía vuelve a ser para la inspectora Stone! —exclamó Bryant en cuanto se quedaron solos—. Lo que no entiendo es por qué tú te encargas de toda la parte divertida.

—Ventajas de mi trabajo —respondió Kim mientras miraba la hora en su reloj—. Bueno, chicos, ya no podemos hacer nada más hasta que mañana nos dejen entrar en el caso de Noah. Vamos todos al hotel, comed bien y descansad. Solo me queda una pregunta por hacer. ¿Qué ha pasado en la cocina, Bryant?

—El tipo tenía en su teléfono fotos de la escena de un crimen. Mujer joven, violada y asesinada.

—¡Joder! —exclamó Stacey, negando con la cabeza.

A Bryant le costaba construir frases completas, como si quisiera sacar aquellas palabras obscenas de su boca lo más rápido posible.

—Ni siquiera sabía su puto nombre —protestó alzando la voz—. ¿Qué clase de hombre, y ya no digamos si encima es policía, acude al lugar donde han violado y asesinado a una chica y ni siquiera es capaz de recordar su puto nombre?

Stacey estaba tratando de mantenerse ocupada mirando algo en su pantalla. A nadie le gustaba cuando Bryant perdía el control a causa de la ira.

—Bryant, cálm…

—No te ofendas, jefa, pero decirle a una persona que se calme nunca ha servido para que efectivamente se calme.

Kim no mostró ninguna reacción, pero el lenguaje y el tono del sargento le dejaron muy claro que estaba reaccionando de forma extrema hacia Moss. Totalmente comprensible, sobre todo siendo padre de una mujer.

La inspectora estaba de acuerdo en que las acciones de Moss eran despreciables. Ninguna víctima y ninguna familia merecían una humillación de tal calibre. Pero, si se trataba de un incidente aislado, no iba a ser suficiente para que lo expulsaran del cuerpo, y eso era lo que tenían que conseguir.

—Stace, vamos bajando para el coche —le indicó Kim.

Stacey recogió sus cosas en un tiempo récord. La inspectora solo volvió a hablar una vez que la ayudante de detective hubo salido de la sala.

—Bryant, si no te ves capaz de seguir con esto, dímelo. Yo no te voy a juzgar, y te puedo mandar de vuelta a nuestra comisaría.

El sargento no respondió de inmediato. Cuando lo hizo, fue apenas un susurro.

—Déjame que lo consulte con la almohada, jefa. Te doy una respuesta mañana por la mañana —respondió finalmente, dirigiéndose hacia la puerta.

Kim lo siguió en silencio hasta el coche.

No podía pedirle más a Bryant.