Capítulo 30
Kim tuvo en cuenta la hora exacta en la que quería llegar a la comisaría para asegurarse de poder tener una reunión con su equipo antes de encontrarse con el de Red Butler para la reunión informativa global.
Penn acababa de ponerlos a todos al día sobre sus encuentros con la tutora de Lewis y con un amigo del chico, Danny.
—Danny me ha dicho que Lewis no le contó exactamente lo que había oído, pero que estaba seguro de que su familia estaba hablando de deshacerse de él.
Kim consideró aquella confesión y llegó a la conclusión de que no podían hacer gran cosa al respecto.
No le sorprendió tanto como debería, pero, sin saber exactamente lo que Lewis había oído, no tenían ni idea de por dónde empezar.
La inspectora no creía que las afirmaciones de un niño de doce años que no recordaba con exactitud las palabras que su amigo había oído fueran a tener peso alguno ante las personas a las que tendría que convencer.
Necesitaba algo más concreto para que Red considerara que había algo muy sospechoso en la familia Stevens.
—Y he comprobado los vuelos de Thai Airways, la aerolínea con mayor tráfico para ir desde aquí a Tailandia, y Skidmore no tiene reserva en ninguno de ellos. Pero aún me quedan algunas otras aerolíneas que revisar.
—Sigue con ello, Penn —le ordenó Kim. Puede que Roderick Skidmore hubiera hecho una maleta y le hubiera contado sus planes a su empleada de limpieza, pero la inspectora no estaba convencida de que fuera a salir del país.
Su instinto le decía que les había intentado convencer de esa historia para que no lo buscaran en ningún otro sitio.
Sobre todo tras haber descubierto que había mentido sobre su presencia en Coral Island.
—Yo no lo he visto cerca de Lewis dentro de los recreativos —afirmó Stacey, como si le estuviera leyendo la mente a Kim.
—Eso no significa que él no fuera la persona que estaba en el aparcamiento exterior hablando con Lewis y la razón por la que el chico no se movió durante casi un minuto —apuntó Bryant.
—Eso es cierto —admitió Stacey—. Ahora quiero investigar bien todas las cámaras de ese lado del edificio para comprobar si se alcanza a ver algo a cierta distancia en el aparcamiento.
Kim asintió, mostrando su beneplácito ante aquella idea. Tenían que hacer todo lo posible por averiguar con quién había estado hablando Lewis antes de entrar en los recreativos.
La inspectora echó un vistazo a la sala de la brigada antes de volver a hablar. El equipo local estaba empezando a entrar a cuentagotas.
—Bueno, los tres nombres que nos dejaron debajo del teclado de Stacey tienen alguna relación con diversos miembros de este equipo.
Butler estuvo intimidando a Jasmine Swift después de un robo en su casa.
Se acercó demasiado a ella y se convirtió en un coñazo para la mujer.
Jasmine gestionó el asunto con la ayuda de su hermano, y desde entonces él no la ha vuelto a molestar.
Ni loca volvería a abrir aquella herida, así que ahí no tenemos denunciante factible.
Dean Jackson asegura que dos miembros del equipo le dieron una paliza.
Ya intentó denunciarlo, pero no sirvió de nada.
—¿Butler y Moss? —preguntó Penn.
—Butler y Carly Walsh, por lo que parece.
—¡Vaya! —exclamó Stacey, luchando de forma evidente contra el impulso de mirar a Carly.
Todos eran conscientes de que alrededor del ochenta por ciento de los agentes que tenían que enfrentarse a procedimientos oficiales por mala praxis policial eran hombres. Eso aún dejaba aproximadamente un veinte por ciento del total de denuncias relacionadas con mujeres.
—Y, por último, tenemos a Pippa Jacobs, una prostituta y drogadicta a la que están extorsionando exigiéndole favores sexuales a cambio de que no tenga que enfrentarse a ningún cargo.
—Tiene que ser Moss —dijeron Penn y Stacey al unísono, justo en el momento en el que ese hombre entraba en la sala, seguido de su jefe.
—Pero no hay opción alguna de que esa mujer presente una denuncia. Se va a vivir a Lytham la semana que viene y lo único que quiere es alejarse de él.
—¿Vas a contarle algo de esto a la inspectora jefa? —preguntó Stacey.
—No tenemos nada —respondió Kim—. No tenemos ni un solo denunciante en el registro oficial.
Hemos de profundizar más. Pero ahora mismo tenemos una reunión informativa en la que irrumpir —afirmó la inspectora mientras el ayudante de detective Dickinson entraba en la sala de la brigada con aire despreocupado para completar el equipo de Blackpool.
Kim se giró hacia su compañero.
—Bryant, por favor, no te ofendas por lo que estoy a punto de hacer.
—De acuerdo.
La inspectora se adentró en la sala de la brigada y su equipo la siguió.
—Espero que no os importe que nos unamos a la fiesta —dijo Kim—. Tú te encargas de los tés, ¿verdad, Bryant?
El rostro del sargento se tensó cuando comenzó a dirigirse hacia la cocina.
Tal y como Kim había esperado.