Capítulo 29
A Kim siempre le parecía surrealista cuando tenían que visitar la misma propiedad al principio y al final del mismo día.
Habían comenzado aquella jornada con un encuentro con la familia Stevens. Ahora ya había caído la oscuridad, y seguían sin tener ni idea de dónde estaba Lewis.
—Voy a empezar a cobrarles el alquiler —refunfuñó Bobby Stevens, echándose a un lado en el umbral de la puerta para dejarlos pasar.
Kim se esforzaba todo lo que podía por recordarse a sí misma que se trataba de la familia de un niño desaparecido.
O bien se le estaba vaciando su depósito de empatía, o bien las sensaciones que aquella familia transmitía no se parecían en nada a las dinámicas de angustia y preocupación con las que solía encontrarse en casos como aquel.
—No, todavía no lo hemos encontrado —respondió Kim con tono tajante mientras entraban en la casa—. No me cabe duda de que esa iba a ser su siguiente pregunta.
—Pues no, la verdad es que no. Ya les he dicho que lo encontrarán cuando él quiera que lo encuentren.
—Señor Stevens, ¿por qué está tan convencido de que va a aparecer sano y salvo?
—Es un chico con recursos —respondió el hombre, que se dirigió hacia la cocina.
A diferencia del día anterior, parecían haber llegado a la casa justo al final de la cena. Shirley estaba guardando los platos y Kim podía escuchar a los niños más pequeños de la casa peleándose por el mando a distancia en el salón.
Como no la oían y podía hablar abiertamente, Kim continuó.
—Pero, a ver, ¿se ha llevado algo? ¿Ropa, zapatos, dinero, algún objeto de valor? Cuando un niño se escapa de casa, normalmente se lleva unos cuantos imprescindibles, aunque solo sean unas bolsas de patatas fritas y una tableta de chocolate.
La inspectora no se iba a seguir conformando con dejar que los padres de Lewis vivieran sumidos en la ignorancia.
Bobby Stevens se encogió de hombros. Shirley se dio la vuelta y se apoyó en la encimera.
—¿Quiere destruir nuestras esperanzas de recuperarlo? —le preguntó a Kim.
—Lo que quiero es que sean realistas. La mayoría de los chicos que se fugan de casa, incluso los que regresan casi de inmediato, planifican las cosas, aunque sea mínimamente.
A veces hacen una maleta con algunas de sus cosas favoritas y, sin duda, todos se llevan algo de ropa.
Lewis no se llevó nada. Salió de los recreativos y simplemente desapareció.
—Red y Roy piensan lo mismo que nosotros —se defendió Shirley.
Después del día que había tenido Kim, esos eran dos nombres que no tenía ganas de oír bajo ningún concepto.
—¿Sabían que un pedófilo muy conocido de la zona estuvo en Coral Island al mismo tiempo que Lewis?
—¡¿Qu… qué?! —exclamó Shirley.
—¿No será el puto Skidmore ese? —preguntó Bobby—. Ese tío está todo el tiempo en esos recreativos. No tendría ningún interés en Lewis.
Kim aún no estaba dispuesta a contarles que sabían que Lewis había tenido una conversación con alguien en el aparcamiento exterior del recinto, pero le costaba aceptar que todo el mundo estuviera descartando como sospechoso a un delincuente sexual popular.
Si lograban conseguir una imagen de Skidmore cerca del aparcamiento, ella misma iría a detenerlo, con o sin la autorización de Red.
—Aún no hemos establecido que hubiera algún contacto entre ellos… Pero, en realidad, esa no es la razón por la que hemos venido ahora.
—¿Cuál es entonces? —preguntó Shirley, frunciendo el ceño.
—¿Podríamos hablar con Kevin un momento? —pidió Kim.
Bobby salió al pasillo y llamó al chico.
—¿Por qué no pueden hablar directamente con nosotros? —preguntó Bobby mientras se oían ya pasos en las escaleras.
A aquel hombre sin duda le gustaba saber todo lo que pasaba a su alrededor.
Daba la impresión de querer responder a las preguntas dirigidas a todos los miembros de la familia.
¿Por qué necesitaba tener tanto control sobre lo que su familia pudiera llegar a decir?
Kim no lo tenía claro. Ignoró los esfuerzos de Bobby por controlar el interrogatorio y permaneció en silencio, sin contestar a su pregunta.
Kevin apareció junto al umbral de la puerta de la cocina, pero no entró en ella.
—¿Tiene un minuto, Kevin? —le preguntó Kim.
El chico asintió con la cabeza.
—¿Quiere hacer esto con o sin sus padres delante?
—Está bien así —dijo el chaval tras un segundo de duda, dando a Kim la impresión de que preferiría hacerlo sin ellos.
Pero, como era menor de edad, la inspectora no podía insistir demasiado, pues entraría en terreno resbaladizo.
Y más teniendo en cuenta que el chico había dicho que quería que sus padres estuvieran presentes.
Además, por la expresión que mostraban los rostros de estos, no parecían dispuestos a irse a ningún sitio.
—Muy bien, Kevin, ¿por qué no nos contó que volvió a ver a Lewis después de que se marchara de casa?
Sus padres se miraron entre sí y luego a Kevin, impacientes por escuchar la respuesta.
—Solo quería hacerle entrar en razón. Estaba siendo un capullo.
—¿Y por eso le pegó? —le preguntó Kim.
Esa pregunta fue recompensada con expresiones de sorpresa en los rostros de los tres familiares presentes.
Kevin tenía que saber ya que las cámaras del recinto habían grabado toda la conversación.
—Le pegué porque no me escuchaba. No paraba de decir que se iba a fugar —explicó, mirando a sus padres.
—¡Se lo dije! —exclamó Bobby.
—¿Estuvo hablando con usted en los recreativos de escaparse de casa y usted no se tomó la molestia de decírselo a nadie? —preguntó Kim.
—¡Es que lo sabía! —volvió a interrumpir Bobby.
—Todo el mundo lo dio por hecho, así que daba bastante igual —afirmó Kevin, que no dejaba de morderse el labio inferior.
A Kim aquella historia no le parecía demasiado creíble.
—¿Por qué le ofreció su teléfono a su hermano? —insistió la inspectora.
Aquella pregunta pilló a Kevin por sorpresa.
—Yo… Eh… Le dije que, si tantas ganas tenía de escaparse, pues que pillara un taxi.
La historia era cada vez menos creíble.
—¿Cómo se supone que iba a poder pagarlo? —presionó Kim—. Tenía menos de cinco libras encima.
Kevin se encogió de hombros y miró al suelo.
—¿Y no lo volvió a ver después de salir de la cafetería?
El chico negó con la cabeza.
Kim se había quedado sin más preguntas, pero estaba segura de que no había obtenido respuestas sinceras y correctas.
La inspectora se levantó para marcharse.
—Oigan, asegúrense de volver a tiempo para taparnos y darnos las buenas noches —bromeó Bobby mientras Kim se dirigía ya hacia la puerta de la casa.
Por alguna razón, a la inspectora le pareció detectar un tono de alivio en la voz del hombre.
Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, Kim era consciente de que tenía que considerar la posibilidad de que Kevin hubiera tenido algo que ver en la desaparición de su hermano.
Por lo que fuera, en aquel momento había estado lo bastante enfadado como para darle un puñetazo y podría haber estado esperándolo en algún lugar del trayecto de vuelta a casa.
Tampoco es que hubiera sido la primera vez que se llevaba a su hermano a algún lugar lejano.
Pero entonces, ¿por qué Bobby había parecido tan aliviado después de la conversación entre ella y Kevin, como si estuviera contento porque el chico no hubiera revelado nada?
¿Por qué Kevin no les había contado ni a sus padres ni a la policía que había vuelto a ver a Lewis?
¿Y por qué les acababa de mentir tan descaradamente sobre la conversación que había mantenido con él en los recreativos?
Sí, era evidente; Kim tenía ahora más preguntas que cuando llegó a la casa por segunda vez aquel día.