Capítulo 28
La reconstrucción que estaba haciendo Stacey de los movimientos de Lewis comenzaba a encajarle después de analizar las grabaciones de cincuenta y seis cámaras.
Las horas que la ayudante de detective se había pasado examinando las imágenes le permitían ahora tener una idea clara del orden y la ubicación de las cámaras, por lo que podía seguir todos los movimientos de una persona.
Había descubierto la lógica del sistema, y eso le permitía moverse por él con eficacia.
Lewis había estado en los recreativos durante media hora y, hasta ese momento, Stacey había identificado todos y cada uno de sus movimientos durante veinticuatro de esos treinta minutos.
El chico había estado caminando por los recreativos sin aparente prisa. Echaba un vistazo a algunas de las máquinas y se detenía junto a otras. Durante todo el tiempo tenía la mano derecha metida en el bolsillo, como si estuviera agarrando con fuerza su billete de cinco libras.
Al pie de la rampa que conducía al piso inferior, Lewis introdujo el billete en una máquina para cambiarlo por monedas.
A continuación, entró en un espacio cerrado y jugó unas cuantas veces en una máquina tragaperras. Cuando volvió a salir de allí, se acercó a la vitrina que exhibía los premios que se podían ganar con los tickets que expendían las máquinas.
Stacey había sido capaz de seguir todos los movimientos de Lewis, y el chico no había hablado con nadie.
Luego volvió a subir la rampa sin prisa alguna, con una lentitud casi insolente. Entró en la zona de restauración, se compró una lata de Coca-Cola y se sentó en una mesa cerca de la ventana.
En el momento del seguimiento en el que Stacey se encontraba justo entonces, Lewis llevaba cuatro minutos sentado solo, bebiendo a sorbos su refresco.
La ayudante de detective tenía la sensación de que nunca había visto a un niño con un aire tan solitario como Lewis.
Desde luego, no parecía el chico conflictivo del que les estaban hablando todo el tiempo.
Stacey era consciente de que Lewis salió de los recreativos apenas seis minutos después del momento que visualizaba en ese instante, pero se negó a adelantar el metraje.
Quería poder dar cuenta de cada segundo que el chico había pasado en el interior de aquel recinto.
En ese momento, no alcanzaba a entender cómo era posible que la revisión de las imágenes que estaba llevando a cabo no se hubiera realizado ya con anterioridad.
—Hola, camarada —la saludó Penn al entrar en la sala que hacía las veces de oficina del equipo.
—¿Alguna novedad? —preguntó Stacey.
—Sí, al chico le gusta hacer maquetas con cerillas.
Stacey esperó en silencio.
—No tiene muchos amigos, es respetuoso con los profesores, no va por ahí buscando pelea, pero siempre las gana cuando se mete en alguna y, por lo que parece, pensaba que su familia estaba planeando deshacerse de él.
—¡Caramba, no está mal! —exclamó Stacey, tratando de vincular la imagen del creador de maquetas con cerillas con la del niño terrorífico que su familia había descrito.
—Sí. Por otra parte, la jefa quiere que investigue vuelos a Tailandia. Parece que Skidmore podría estar en uno de ellos. ¿Has tenido suerte con las grabaciones? —preguntó Penn, sacando dos latas de Coca-Cola de su bolso. Le pasó una de ellas a Stacey, deslizándola por la mesa.
—De momento nada, pero… —La ayudante de detective se quedó callada en cuanto volvió a mirar hacia la pantalla. En los pocos segundos que había apartado la vista de ella, una persona se había sentado en la mesa, justo frente a Lewis.
Era Kevin. El hermano de quince años que aseguraba que no había visto a Lewis desde que este salió de casa.
El chico mayor se inclinó hacia delante con los codos sobre la mesa. Lewis dio otro sorbo a su refresco y mantuvo la cabeza gacha, mirando su bebida.
A pesar de no ser capaz de oír ninguna palabra, era fácil concluir que Kevin era el único que hablaba, y además a un volumen bastante alto.
Estaba inclinado hacia delante y parecía estar animado, lleno de energía.
De vez en cuando, Lewis negaba con la cabeza, pero sin dejar de mirar su bebida.
A veces, Kevin hacía pausas para respirar o para mirar hacia la cafetería, pero luego volvía a sumergirse en su discurso apremiante.
Lewis solo respondía con sacudidas de su cabeza y encogimientos de hombros.
Kevin sacó algo de su bolsillo y se lo extendió a Lewis. Era un teléfono.
Lewis se negó a cogerlo, negando enérgicamente con la cabeza.
Kevin también movió la cabeza de lado a lado, aunque en su caso parecía ser un gesto de desesperación. Volvió a guardarse el teléfono en el bolsillo.
Se levantó y se situó en un extremo de la mesa. Daba la impresión de que le estuviera dando a Lewis una última oportunidad.
Lewis no movió ni un músculo del cuerpo, ni siquiera cuando su hermano pasó junto a él, apretó el puño con fuerza y le dio un buen golpe en la cabeza.
Teniendo en cuenta lo que Penn le acababa de contar, Stacey no pudo evitar preguntarse qué miembro de la familia de Lewis quería deshacerse de él.