Capítulo 23
El segundo nombre de la lista que Stacey había dejado debajo del teclado era el de Dean Jackson, que resultó que vivía encima de una pequeña cafetería a dos calles del paseo marítimo.
—¿Por qué tengo la sensación de que este tipo ha hecho algo malo? —preguntó Bryant mientras llamaban al timbre.
—Sinceramente, a veces juzgas demasiado —respondió Kim, aunque a ella se le había pasado por la cabeza la misma idea.
Quizá fuera por las pintadas que había en la puerta de su bloque, por las colillas amontonadas por las esquinas o incluso por la presencia de escupitajos recientes en el suelo, que ella intentó evitar a toda costa.
Sabiendo que la inspectora compartía su opinión, Bryant la miró de soslayo justo en el momento en el que se abrió la puerta.
—Podéis iros directamente a la mierda —los saludó el hombre que apareció tras la misma, que ya estaba fulminándolos con la mirada.
—¿Perdón? —preguntó Kim. Ni siquiera habían tenido oportunidad de hablar.
—Os huelo a la legua. No sois de por aquí, pero sois putos maderos.
Aquello no estaba empezando exactamente como Kim había esperado, porque ya tenía ganas de darle a aquel hombre un puñetazo en la boca.
La inspectora calculó que Dean Jackson tendría unos veinticinco años. Era alto y desgarbado, y parecía estar pidiendo a gritos un buen almuerzo.
—Sea cual sea la razón por la que estáis aquí, yo no lo hice y estaba en casa de mi novia cuando sucedió.
Era bueno saber que tenía una coartada ya preparada de antemano.
—Ni siquiera sabe por qué hemos venido —protestó Kim.
—De vosotros no puede salir nada bueno. Así que, a menos que os hayan enviado para contarme que me ha tocado la lotería y que van a protegerme contra los putos ladrones, podéis iros a tomar por culo.
La hostilidad del hombre no iba a permitir que la conversación avanzara y llegara a alguna parte. Pero aquella no era la primera vez que Kim interrogaba a un tipo agresivo.
—Señor Jackson, solo queremos hacerle un par de preguntas.
—Sí, claro que sí. Así es como empieza todo. Bueno, pues esta vez no voy a volver a caer en eso.
—Creemos que puede ayudarnos con algo —explicó Kim—. Y, para que conste, usted no ha hecho nada malo.
Dean se lo pensó un segundo.
—¿Podemos pasar? —insistió la inspectora.
—No. No voy a ir con vosotros a ningún lugar donde no haya testigos. Aquí hay mucha gente ahora mismo, así que prefiero quedarme a la vista de todos.
Aquel tipo tenía problemas serios en relación con la policía, pero las cosas que decía le estaban dando a Kim una pista sobre cómo abordar la conversación.
—Mi compañero y yo pertenecemos al cuerpo de policía de West Midlands. La policía local nos ha animado a revisar algunas de sus actuaciones recientes con el fin de implementar mejoras en el futuro.
El hombre se reía con una expresión de incredulidad en el rostro.
—¿Me estás troleando?
—¿Perdón?
—¿Te estás riendo de mí? Primero, nadie os enviaría para hablarme sobre actuaciones policiales recientes, y segundo, lo que acabas de decir es la mayor sarta de gilipolleces que he escuchado en toda mi vida.
—Es la explicación oficial que le estoy dando para averiguar qué pasó entre usted y el equipo de policía local —dijo Kim con sinceridad.
—Me es indiferente por qué me lo preguntas. Os lo voy a contar encantado.
La inspectora hizo un gesto con la cabeza en dirección a la cafetería.
—¿Quiere…?
—No, gracias, no voy a tardar mucho. Básicamente, me detuvieron para interrogarme sobre una serie de robos.
Alguien dijo que me había visto por la zona cuando sucedió uno de ellos.
Les aseguré que no había sido yo, pero esos cabrones estaban convencidos de que sí.
Me dieron unos golpes y una patada en los huevos, e intentaron que confesara.
Me ignoraron las tres primeras veces que pedí un abogado.
—¿Lo denunció?
—Por supuesto que lo denuncié, joder, pero no sirvió de nada. Dijeron que mis moratones se habían producido en el momento de la detención física y que yo me comporté de forma problemática. Al principio no fue así, pero, joder, después del segundo golpe me cabreé bastante.
—¿No hizo su abogado nada por defenderlo?
El hombre negó con la cabeza, sorprendido.
—No sé si sois de West Midlands o si en realidad venís del planeta Zog.
Era mi palabra contra la de ellos, y los miembros del Departamento de Investigación Criminal no llevan cámaras en el cuerpo.
No tengo nada más que deciros. Estoy perdiendo el tiempo.
No sé por qué me estáis preguntando, pero nadie va a hacer nada.
Os protegéis entre vosotros. No tenemos una puta oportunidad.
—¿Está dispuesto a darme nombres?
Como Kim no tenía acceso al sistema local, no podía obtener información de otra manera sin levantar sospechas.
—Claro. Fueron Butler y Walsh.
—¿Se refiere a Moss y Butler? —preguntó Kim, frunciendo el ceño. Tenía que ser un error.
—No, me refiero al inspector Red Butler y a la sargento Carly Walsh. Esa zorra tiene un puntapié brutal. Bueno, si habéis terminado, largaos ya.
Kim ocultó su sorpresa cuando el hombre volvió a entrar en su casa y cerró la puerta de un portazo.
Se dio la vuelta hacia el coche y se encontró de frente con Steve Ashworth. Se le puso el corazón en la boca cuando el hombre le sonrió.
—Vaya, vaya, vaya, qué sorpresa verla aquí, inspectora.
—Lárgate —dijo ella, tratando de esquivarlo.
El periodista se colocó justo delante de Kim.
—Oye, amigo —dijo Bryant, acercándose.
La expresión de Kim advirtió al sargento de que se mantuviera al margen.
—¿Qué demonios haces aquí? —gruñó la inspectora.
—Yo voy donde va la historia, y ahora mismo usted está aquí, en la soleada Blackpool.
—¿Nos has seguido? —preguntó Kim, incrédula.
—Bueno, la última vez que hablamos observé como metía una bolsa de viaje en el coche de su compañero y pensé que aquello era muy interesante. No creí que fuéramos a llegar tan lejos, pero oiga, ¿a quién no le gusta pasar unos días en Blackpool?
Kim se devanaba los sesos tratando de encontrar alguna ley que Ashworth pudiera haber infringido. No se le ocurría nada.
—En fin, me imagino que la policía local necesita un poco de ayuda, dado que siguen desapareciendo chicos jóvenes por aquí. Lo que se me escapa es por qué los han elegido a ustedes.
—¿No crees que la desaparición de los chicos es algo que merece la pena cubrir? —preguntó ella.
—Hay mucha gente trabajando en eso, pero nadie se ocupa de usted. Es sorprendente, pero lo aceptaré. En fin, ¿le gustaría comentar algo sobre el nombre que le mencioné ayer?
—No, gracias —respondió Kim, rodeándolo.
—¿Sabe dónde está Amber Rose en este momento? —preguntó el periodista.
Kim lo ignoró mientras esperaba a que Bryant abriera el coche.
—¿Sigue en contacto con ella? Me encantaría hablar con ella también.
Kim siguió ignorándolo mientras se deslizaba en el asiento del copiloto.
Se dispuso a cerrar la puerta, pero Ashworth se inclinó, invadiendo el espacio.
—Aléjate de…
—Una última pregunta, inspectora. ¿Saben sus compañeros que usted es responsable de la muerte de un hombre inocente?
Kim lo apartó de un empujón y cerró la puerta del coche.
Bryant puso en marcha el vehículo rápidamente, pero a Kim le dio tiempo a ver la sonrisa de suficiencia en el rostro del periodista.
—¿Quieres hablar de ello? —preguntó el sargento una vez que se alejaron lo suficiente.
Ella negó con la cabeza. ¿Por qué iba a querer hablar del mayor error que había cometido en su vida?