Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 16
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Capítulo 16

Kim sintió desánimo al entrar en la sala de la brigada. No solo es que estuviera todo el equipo de Blackpool al completo, sino que además daba la sensación de que llevaran allí bastante tiempo.

Miró su reloj de forma deliberada, y Red hizo lo mismo.

—Buenas tardes —saludó Red con sorna y suficiencia.

—No estamos llegando tarde —espetó Kim, dándose cuenta de que había caído en la trampa más vieja del mundo—. Nos dijiste que la reunión informativa era a las siete y media.

—Debiste oírlo mal. Dije a las seis y media.

—No. Sin duda alguna, dijiste…

—Dijo a las seis y media. Yo estaba justo detrás de él —dijo Roy, recostándose en su asiento.

Kim era muy consciente de que no iba a ganar aquella discusión.

—No es culpa nuestra que la gente de Birmingham no podáis levantaros y vestiros temprano para llegar puntuales al trabajo —añadió Roy, tratando de suavizar su comentario sarcástico con una sonrisa burlona.

—Pero al menos, cuando llegamos, vamos bien vestidos —respondió Kim, fijando la mirada en el botón desabrochado de la camisa de Roy y en el nudo de su corbata, que le colgaba a unos cinco centímetros del cuello.

El hombre intentó mantener la sonrisa falsa en su rostro mientras se abrochaba el botón, pero no lo consiguió.

—Bueno, ya estamos aquí. ¿Qué nos hemos perdido? —preguntó Kim mientras tomaba asiento.

Su equipo la imitó.

—Ya hemos terminado. No hay necesidad de volver a repasarlo todo. Está claro que se trata de dos casos independientes, y…

—¿Estáis seguros de eso? —preguntó Kim—. ¿Desaparecen dos chicos de una edad similar en un margen de apenas diez días y los casos no están relacionados?

Red negó con la cabeza.

—Creemos que no. Todas las pruebas indican que Lewis Stevens se ha escapado de casa, así que no tiene sentido complicar las cosas y enredarlo todo con reuniones informativas entre ambos equipos. Mi jefa te ha dado instrucciones, así que…

—Bueno, pero de todas formas me gustaría poder ponerme al día —replicó Kim, adoptando su tono de voz más insistente.

Por el rabillo del ojo, la inspectora vio que Bryant negaba ligeramente con la cabeza ante sus palabras.

Estaba representando muy bien su rol, mostrando una frustración sutil ante el comportamiento de su jefa—.

Tienes que dejar de dar por hecho que Lewis se ha fugado de casa —continuó—. Si compartimos información…

—Aunque para las estadísticas resulta mejor que se haya escapado de casa, jefa —interrumpió Penn—. Eso es lo que yo haría para mantener baja mi tasa de incidentes.

Kim le lanzó una mirada asesina, como era de esperar, pero había sido un buen movimiento por parte de Penn. Crear la apariencia de que el equipo estaba fracturado tenía que ayudar a que los miembros del otro equipo se mostraran más accesibles.

Stacey se mordió la lengua y miró al suelo.

—¿Por qué nadie ha hablado con Roderick Skidmore? —preguntó Kim con tono incisivo.

—Estos chicos no son su tipo —respondió Roy de inmediato—. Le gustan un poco más jóvenes.

—Pero hablasteis con él y determinasteis su paradero para poder descartarlo, ¿verdad? —insistió. Lo más seguro es que simplemente faltara la versión escrita de esa declaración.

—Como ha dicho Roy, es una pérdida de tiempo obtener una declaración formal de Roderick —respondió Red de forma airada—. Conocemos a nuestros pedófilos, inspectora, y Skidmore no tiene nada que ver con esto.

—No creo que vuestros delincuentes sexuales difieran mucho de los nuestros, y yo sé bien que siempre son los primeros que descartamos. —Hizo una pausa—. Bueno, también le daremos seguimiento a eso.

Parecía que Red quería decir algo, pero finalmente cambió de opinión.

Kim continuó:

—¿Hay alguna razón por la que solo se interrogó a unos pocos profesores y alumnos en el colegio de Lewis?

—Todo el mundo nos estaba respondiendo lo mismo, así que era una…

—Una pérdida de tiempo —terminó Kim por Red—. Me muero de ganas de saber qué habéis hecho con todo ese tiempo que os habéis ahorrado.

El rostro de Red se iba tornando más y más sombrío cada vez que ella abría la boca.

Pero Kim esperaba estar molestándolo. No le gustaban los ataques por la espalda.

Si iban a ser enemigos, prefería una guerra abierta y un combatiente que tuviera los huevos necesarios para enfrentarse a ella cara a cara.

Red estaba enfadado y ella ni siquiera había terminado.

—Pero sí que interrogasteis exhaustivamente al hermano de Lewis, ¿verdad?

Red no respondió.

—Teniendo en cuenta que nos han explicado que a ese chaval le gusta llevar a su hermano pequeño a unos cuantos kilómetros de distancia y dejarlo tirado…

—Eso fue una broma —reaccionó Roy para dejar claro que conocían aquel episodio—. Solo quiso darle una lección al chico.

—Entonces, le habéis preguntado formalmente si lo ha vuelto a hacer y, en esta ocasión, algo salió mal, ¿verdad?

Red miró su reloj.

—Tenemos que…

«Vale, sin duda eso también es un no», pensó Kim.

—De acuerdo, pero una última pregunta. ¿Por qué habéis tardado tan poco tiempo en considerarlo un fugitivo? Porque, a ver, doy por hecho que esa es la razón por la que prácticamente no se ha investigado el caso. ¿Es porque os lo dijeron sus padres?

—El chico tiene un historial —respondió Red—. Ya se ha fugado tres veces en el pasado. Llevaba unas cuantas libras en el bolsillo. Se había metido en problemas otra vez y necesitaba despejarse. Volverá. Ya lo verás.

« Y entonces te vas a sentir como una idiota », fueron las palabras tácitas que Red no dijo y que quedaron en el aire entre él y Kim.

«Prefiero eso a encontrar su cadáver», pensó Kim, pero se dio cuenta de que todas sus palabras caían en saco roto. En el otro equipo, estaban convencidos de que Lewis iba a reaparecer de repente.

Si Kim quería una investigación exhaustiva, tendría que llevarla a cabo ella misma.

Se puso de pie.

—Muy bien, chicos, gracias. Hablamos más tarde.

Se dirigió a la sala de operaciones de su equipo, que la siguió de inmediato.

—¿Y bien? —preguntó, de espaldas a la sala de la brigada mientras los demás tomaban asiento.

—Está muy claro que no vamos a intercambiar nuestros números después de esto, pero el bueno de Roy me ha guiñado el ojo un par de veces, así que no me cabe la más mínima duda de que cree que estoy de su lado —comentó Bryant.

—¿Y los demás? —preguntó Kim, mirando a Stacey y Penn.

—Adil parece estar esperando —respondió Stacey—.

Lo observa todo y da la impresión de tener ganas de que alguien ponga en su sitio a los demás miembros de su equipo.

Cada vez que le has dado un golpe a alguno de ellos, ha escondido una expresión casi imperceptible de triunfo en su rostro.

Por otra parte, Carly se siente incómoda.

Se mueve ligeramente en su asiento con mucha frecuencia, como si quisiera que su sillón se hundiera bajo el suelo.

No me importaría tener una conversación con ella.

—Dickinson es interesante —continuó Penn—. Permanece imperturbable y parece disfrutar del conflicto. Está relajado y feliz de ser un espectador, aunque cada vez que Roy abre la boca, se le nota un gesto sutil de repulsión.

—¿Alguna idea sobre posibles denunciantes internos? —preguntó Kim.

Todos negaron con la cabeza.

—Siempre existe la posibilidad de que la denuncia no proviniera de dentro —afirmó Kim—, pero mantened los ojos bien abiertos.

Mientras tanto, vamos a centrarnos en Lewis y en llevarlo a casa.

Stace, quiero fotos en el tablón de la familia, de los sospechosos y de cualquier otra persona de interés.

Porque en estos momentos somos los únicos que parecemos preocuparnos por ese chico.

Fuera como fuera, Kim iba a averiguar qué le había pasado a Lewis, y tenía la intención de volver a visitar a las personas que se suponía que eran más cercanas a él.

Su familia.