Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 14
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Capítulo 14

Eran casi las nueve de la noche cuando Bryant entró en el aparcamiento de la comisaría. Cuando Kim y él se bajaron del coche y se aproximaron a la puerta de las instalaciones policiales, todo el equipo de Blackpool se estaba marchando .

—¿Será por algo que hayamos dicho? —bromeó Kim al pasar junto a ellos.

Red sonrió mientras Roy avanzaba atropelladamente.

—Ya hemos informado al equipo de guardia y al personal del turno de noche. Hoy ya no podemos hacer mucho más, y en algún momento hay que dormir.

Kim intentó no juzgar de forma crítica la gestión que aquel hombre hacía de su equipo.

Tenía razón en que el bienestar de los empleados era prioritario.

Pero, habiendo dos chicos desaparecidos, no parecía descabellado traspasar los límites del horario de entrada y salida en el trabajo y poner a prueba la tolerancia de tu equipo.

A Kim le sorprendió aún más ver que la dura jornada laboral no parecía reflejarse en absoluto en el aspecto físico de Red.

Estaba igual de elegante y presentable que cuando lo vio por primera vez unas horas antes.

Los tres miembros restantes del equipo los saludaron al pasar junto a ellos con un movimiento de cabeza apenas perceptible.

Jesús, la advertencia de no acercarse demasiado a ellos debía haber sido muy tajante. Kim aún no había oído hablar a ninguno de ellos.

—Y vosotros largaos de aquí rapidito o sufriréis la ira de Iris —continuó Red, despidiéndose con un gesto de una mano, y los dejó reflexionando sobre lo que acababa de decirles.

Bryant y Kim pasaron por la sala de la brigada y las palabras del inspector cobraron sentido de inmediato.

Kim supuso que aquella mujer de unos cincuenta y cinco años que empujaba el carro de limpieza sería Iris.

Le dedicó una sonrisa al entrar en la sala que estaban usando como cuartel general del equipo y luego le hizo un gesto a Bryant para que informara a Stacey y Penn sobre los progresos que habían realizado hasta el momento.

Al mirar a través de la puerta abierta, Kim no pudo evitar admirar a la mujer que estaba en la sala de la brigada, empleándose en su trabajo con vigor y eficiencia.

Ya había terminado de limpiar el polvo y en aquel momento estaba aspirando enérgicamente el suelo con una aspiradora de la marca Henry.

La mujer miraba de vez en cuando hacia el despacho que ocupaba el equipo, así que Kim supuso que estaba buscando señales de que se fueran a marchar.

—Y eso es todo por nuestra parte, a menos que tú tengas algo más que añadir —dijo Bryant, enarcando una ceja hacia Kim.

—No, todo bien. Stace, ¿tú qué opinas de las cámaras de seguridad? ¿Vale la pena investigarlas? Tengo la sensación de que nos pueden dar bastante juego, habiendo visto cómo están dispuestas.

Stacey pensó durante un instante y enseguida asintió.

—Yo creo que han usado unos parámetros demasiado limitados.

Sabemos que Lewis salió del recinto media hora después de entrar, pero no tenemos ni idea de lo que hizo en ese tiempo.

No sabemos con quién habló. Ni siquiera tenemos constancia de si alguna de las cámaras que hay en las otras entradas pudo captar en qué dirección se desplazaba el chico o cualquier otra posible interacción.

Me gustaría hablar mañana con los recreativos y ver qué puedo averiguar.

Kim asintió para mostrar que estaba de acuerdo. No comprendía por qué aquello no se había hecho ya.

—¿Penn? —instó al sargento, mientras Iris desenchufaba la aspiradora y volvía a mirarlos.

—No estoy contento con las declaraciones, jefa. No hay duda alguna de que no se ha hablado con suficientes personas en el colegio. Muy pocos alumnos y profesores.

—Vale, creo que… —Kim dejó de hablar cuando su teléfono sonó al recibir un mensaje de texto.

Le echó un vistazo rápido y comprobó que se trataba de una recopilación de vídeos divertidos de gatitos con una fila de emoticonos risueños debajo. Kim gruñó mientras guardaba el teléfono en el bolsillo, no sin antes haber visto el ceño fruncido de Bryant.

—Creo que también tenemos que intensificar las investigaciones en Coral Island. Hay mucho personal. Quizá alguien recuerde al chico.

Kim volvió a mirar a Iris, que estaba ya rondando la puerta de la sala donde estaban reunidos. La inspectora se acercó hasta el umbral de la misma y le habló desde allí.

—Si quiere, puede empezar ya.

Iris negó con la cabeza.

—No mientras sigan trabajando —respondió, llevándose a continuación una mano a su oreja izquierda—. Podría escuchar algo que no debiera.

—De acuerdo, dos minutos —dijo Kim, cerrando la puerta—. ¿Penn? —volvió a instar al sargento.

—Hay un pedófilo en esta ciudad, un delincuente sexual registrado. Su nombre ha salido un par de veces en las declaraciones. Es obvio que será la primera persona en la que piense todo el mundo, pero, en cualquier caso, no he visto que lo hayan interrogado.

«¿No debería haber sido ese el primer paso?», pensó Kim.

—Vale, chicos, vamos a movernos ya porque, si no, Iris va a terminar echándonos a la fuerza, a juzgar por su cara.

Todos empezaron a recoger sus cosas y se dirigieron hacia la puerta.

—Todo suyo —dijo Kim a la mujer mientras el equipo cruzaba la sala de la brigada.

Iris entró con su aspiradora Henry en la oficina que acababan de dejar antes incluso de que hubieran desaparecido por completo de su vista.

—Comed algo, descansad y nos vemos mañana en la planta baja del hotel para desayunar a las seis y media.

Todos asintieron en señal de conformidad. Stacey se subió al coche de Penn y Kim siguió a Bryant.

—No me sorprende mucho la falta de minuciosidad en la investigación que parece que nos estamos encontrando hasta ahora —dijo Bryant una vez comenzaron a alejarse de la comisaría en el coche—. Han tenido ya diez días, joder.

—Estoy de acuerdo. Mañana, en la reunión informativa del grupo, vamos a hacer algunas preguntas incómodas.

—Hablando de preguntas incómodas, ¿me vas a contar quién te está acribillando a mensajes?

—¿Te das cuenta de que puede ser algo privado? Quizá esté saliendo con alguien.

—Pues ponle fin —dijo Bryant enfáticamente.

—¿Perdona?

—Con lo extremadamente irritada que pareces estar cada vez que recibes un mensaje, esa historia no va a tener un final feliz.

Kim suspiró. Quizá compartir su problema la ayudara un poco, y Bryant era lo más parecido a un amigo que tenía.

El sargento se detuvo en el aparcamiento del hotel y esperó.

—Está bien, te voy a contar quién me está mandando los mensajes.