Capítulo 13
Kim había sentido la necesidad de visitar el último lugar donde se había visto a Lewis Stevens antes de su desaparición.
Desde el momento en el que entró en aquel recinto, la inspectora había experimentado una embestida inmediata contra sus sentidos.
Había luces intermitentes que parpadeaban en todas direcciones.
Se escuchaban ruidos estridentes que provenían de máquinas tragaperras, garfios mecánicos, juegos y atracciones, y que competían por su atención.
Había caballos galopando por una pista y personas lanzando pelotas a unos agujeros para tratar de ganar peluches gigantes.
Los olores de los puestos de comidas flotaban por todo aquel espacio enorme.
Kim intentó decirle algo a Bryant, pero él negó con la cabeza, señalándose un oído. Mientras, una familia gritaba de alegría ante una máquina que escupía un montón de tickets .
Teniendo en cuenta lo que había visto en el quiosco por el que acababan de pasar, la inspectora se imaginó que los tickets significarían premios.
La planta superior albergaba más de lo mismo, pero con zonas reservadas solo para adultos.
—Esto está lejísimos de las salas recreativas que había cuando yo era niño —le gritó Bryant al oído cuando encontraron un lugar más tranquilo junto a una de las salidas.
—Difícil montar algo así en la Edad de Piedra —afirmó Kim, mirando a su alrededor.
—Complicado, jefa, muy complicado.
Sin duda, Kim comprendía cuál era el atractivo de aquel lugar.
Era ruidoso y estaba hasta los topes; había gente por todas partes empujándose y dándose codazos.
Familias de currantes que habían ido a despejarse unos días con sus hijos.
Unas vacaciones breves antes de aceptar la inevitabilidad del invierno y la Navidad.
El sonido de las monedas al caer en las bandejas interrumpía de vez en cuando los gritos y las risas.
El lugar rebosaba diversión y emoción.
Kim podía entender por qué Stacey les había informado de que el equipo de seguridad había sido incapaz de localizar a Lewis en las grabaciones del interior de aquel recinto. Intentar encontrar al crío entre esa cantidad de gente sería todo un desafío.
Aunque, a pesar de todo, Kim pensó que era factible lograrlo, tras echar otro vistazo a su alrededor. Parecía haber una cobertura aceptable desde los ángulos que cubrían las cámaras de seguridad. Si alguien se molestaba lo suficiente en revisar las grabaciones, encontraría al niño por alguna parte.
—Bueno, venga, vámonos —le dijo a Bryant, dirigiéndose hacia la salida. Ya había visto todo lo que quería ver. Al niño le dieron cinco libras para que fuera a divertirse por ahí, y él decidió ir a aquellos recreativos.
Kim estaba segura de que no habría hecho eso si hubiera tenido la intención de fugarse.