Capítulo 7
—Bueno, ¿primeras impresiones? —preguntó Kim cuando regresó a la oficina que les habían asignado.
Había cogido un biombo y lo había colocado delante de un par de los paneles de cristal que servían de pared para darles así algo de privacidad, aunque la sala de la brigada vecina estaba ahora vacía, a excepción del agente al que llamaban Gonk.
—Yo he tenido un primer contacto —dijo Bryant—. El tiranosaurio Roy me ha acorralado en la cocina.
—¿Y? —preguntó Kim.
—No le caes muy bien.
—Estoy destrozada. ¿Algo más?
—Es un mierda misógino y racista.
—Espléndido —murmuró Stacey entre dientes, haciéndose eco de los pensamientos de Kim.
La inspectora estaba bastante segura de que la ayudante de detective habría tenido que soportar a tipos tan prehistóricos como Roy Moss con anterioridad, pero eso no hacía que su comportamiento fuera aceptable. Kim no podía protegerla de las ideas que tuviera ese hombre, pero sí de sus acciones.
—Stace, me avisas sí…
—Lo haré, jefa.
—¿Alguna otra observación?
—Los demás ni siquiera nos miran a la cara —apuntó Penn—. He intentado cruzar la mirada con ellos, pero apartan la vista.
—No quieren fraternizar con el enemigo —señaló Kim—.
Bueno, vamos a lo prioritario. A la inspectora jefa le interesa por igual averiguar quién denunció la mala conducta, para asegurarse de que nadie del equipo corra ningún peligro, y descubrir si alguno de ellos está actuando de verdad de forma irregular, si la denuncia tiene por tanto fundamento.
—Kim se giró hacia Bryant—. Creo que tú eres el que tiene más posibilidades de descubrir cualquier cosa sospechosa, así que convierte a Roy en tu nuevo mejor amigo.
El sargento hizo una mueca y asintió al mismo tiempo.
—Penn, Stace, aprovechad cualquier oportunidad que veáis para acercaros a cualquiera de los demás.
Pero, antes que nada, tenemos dos chicos desaparecidos y nuestra misión es centrarnos en el primer caso.
El equipo local va a investigar la desaparición de la pasada noche, la de Noah, y nosotros nos centraremos en Lewis, de doce años.
Kim esperó a que cesara el runrún de protesta. Todos sabían que aquella tarea implicaba revisar el trabajo de otras personas, recorrer un terreno ya explorado. Y, además, eran conscientes de que era poco probable que encontraran algo nuevo.
—Bryant y yo hablaremos con la familia y los amigos.
—Tengo todas las direcciones preparadas, jefa —dijo Stacey.
—Penn, quiero que revises al detalle todas las declaraciones. A ver si hay alguien con quien no se haya hablado y que tal vez requiera nuestra atención.
—Me pongo a ello, jefa.
—Stace, tú revisa las cámaras de seguridad.
La ayudante de detective asintió.
Kim y Bryant cogieron sus abrigos.
La inspectora dirigió la mirada hacia el agente que estaba en la esquina de la sala de la brigada.
—Y, cuando vuelva a la comisaria, ¿sería alguien capaz de decirme cómo se llama ese chico?