Capítulo 6
—Lo siento mucho por ti, amigo —dijo Roy Moss, que se había situado de pie en el umbral de la puerta, detrás de él.
Bryant había visto aquella pequeña cocina al llegar y había aprovechado la oportunidad para ponerse a disposición de quien lo quisiera mientras su jefa estaba reunida con la inspectora jefa.
No le sorprendió que fuera aquel tipo el que mordiera el anzuelo. Había tenido la esperanza de que así fuera.
—¿Qué es lo que sientes? —preguntó, frunciendo el ceño.
—Es una cabrona, ¿eh?
Bryant se dio la vuelta.
—Yo no debería…
—No pasa nada, compañero, aquí estás entre amigos —dijo Roy, adentrándose en la cocina—. Lo siento por ti, eso es todo. No eres el único que tiene que recibir órdenes de un chaval. Mi jefe es quince años más joven que yo.
—Doce en mi caso —dijo Bryant, señalando con la cabeza hacia la puerta.
—Y, además, es mujer —dijo Roy, acercándose aún más.
A Bryant le pareció irónico que la jefa del jefe de aquel hombre también fuera una mujer.
Desde que salió de la estación de servicio de la autopista, Bryant se había preguntado cómo iba a lograr representar su papel.
Sabía que no tenía que comportarse de forma demasiado obvia al principio, pero enseguida se había dado cuenta de que lo único que tenía que hacer era actuar como todo lo que detestaba del cuerpo.
—Sí, a veces me cuesta un mundo mantener la boca cerrada —dijo, removiendo su café.
—Nada que ver con aquellos buenos tiempos, ¿eh? Cuando, mientras preparaban el café, se las veía pero no se las escuchaba.
Bryant bajó la mirada hacia su taza.
—Sí, ahora tengo que preparármelo yo mismo. Echas de menos los viejos tiempos, ¿verdad?
—Mi situación solo podría ser peor si Red fuera negro —afirmó Roy, que se echó a reír.
Bryant tuvo que hacer un gran esfuerzo para no mostrar su asco y su sorpresa.
En aquellos días, era rarísimo que se expresaran en voz alta pensamientos tan despreciables.
La mayoría de los tipos que aún pensaban de ese modo habían aprendido a estar calladitos.
Algo por lo que el sargento estaba agradecido.
Oh, ¿cómo diablos iba a poder fingir que se parecía lo más mínimo a aquel tipo? Además, al margen del papel que le hubieran asignado, él nunca sería capaz de decir algo así.
—Yo solo estoy esperando a que pase el tiempo —dijo finalmente—. Mantengo la boca cerrada y evito meterme en problemas.
—¿Sobreviviendo hasta la jubilación? —preguntó Roy.
—Por supuesto. ¿Y tú?
—Pues claro, pero eso no significa que no puedas divertirte un poco por el camino, ¿verdad?
Bryant sonrió.
—Y tanto, cualquier cosa para aliviar el aburrimiento.
—Me alegro de haber hablado contigo, Bry… ¡Eh, tengo que irme! Y tú también deberías, porque ha vuelto la cabrona.
Roy salió de la cocina y Bryant suspiró.
Aquello iba a ser mucho más difícil de lo que se había imaginado.