Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 4
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Capítulo 4

Eran ya casi las tres cuando llegaron al aparcamiento de la comisaría central de la policía Blackpool.

El edificio estaba situado cerca de la costa sur de la ciudad y era imposible no verlo al entrar en la misma.

Era un edificio de cristal de tres plantas encajado bajo una estructura blanca que lo envolvía como si fuera una pieza robótica incrustada al milímetro.

Un par de parterres elevados intentaban suavizar el entorno del recinto.

Entraron a través de la puerta principal y Kim percibió que el uso del vidrio se extendía por todo el edificio. Si el arquitecto había pretendido transmitir transparencia, el resultado era basto y demasiado obvio.

Bryant se acercó a la recepción. El tipo que estaba tras el mostrador hizo una llamada rápida, sonrió al oír algo que le dijeron y colgó. Le comentó algo a Bryant y luego señaló con la cabeza hacia unas puertas.

—Nuestro contacto estará con nosotros en breve —explicó Bryant cuando volvió al lugar donde estaban el resto de sus compañeros. No les dio ninguna indicación de quién iba a ir a recibirlos.

Esperaron en silencio hasta que las puertas se abrieron y apareció un hombre de casi metro ochenta vestido con un traje gris oscuro.

Kim enseguida tuvo la impresión de que aquel tipo habría acudido vestido así al trabajo independientemente de cuál fuera su profesión, como si llevara toda una vida esperando para lucir así de elegante.

Se dirigió directo hacia ella y le tendió la mano.

—Red Butler, inspector.

Kim le estrechó la mano de manera fugaz mientras levantaba una ceja. ¿De verdad se llamaba igual que un personaje de Lo que el viento se llevó ?

—Perdón, mi nombre real es Mike, pero me apodaron Rhett, que de alguna manera se terminó convirtiendo en Red. Así es como me llama todo el mundo.

—Bueno es saberlo, Red —dijo Kim, que encontró muy extraño llamarlo de esa forma.

La inspectora se giró hacia sus compañeros para presentárselos, pero el hombre levantó una mano.

—Vamos a dejarlo para la planta de arriba. Todo el equipo está allí, así que haremos las presentaciones formales de una sola vez. Venid conmigo.

Kim permaneció en silencio mientras lo seguía a través de dos tramos de escaleras.

El hombre sonrió, saludó con la mano o asintió con la cabeza a casi todas las personas con las que se encontró por el camino. No todos le devolvieron el gesto. ¿Por qué intentaba parecer tan simpático? A las personas simpáticas no les hacía falta aparentar ser simpáticas.

Finalmente, atravesaron otras puertas de cristal y entraron en lo que Kim supuso que sería la oficina del Departamento de Investigación Criminal.

Había más hojas de papel sobre los escritorios de aquella oficina que las que había visto durante todo el recorrido por el edificio.

—Tenemos la política de evitar tener mil cosas sobre los escritorios, pero ya sabéis, a veces hace falta tener algunas cosas en papel —explicó el inspector mientras todas las cabezas de la sala se volvían hacia ellos.

—¡Joder, menos mal, ha llegado la caballería! —exclamó un hombre que tendría poco más de cincuenta años.

Mientras Red le lanzaba una mirada de advertencia al hombre, Kim echó un rápido vistazo al espacio y a las personas que lo ocupaban.

Un equipo de cinco: cuatro hombres, una mujer.

—Ese bocazas es el sargento Roy Moss. Es mi mano derecha.

—Sí, soy su maldito subordinado —dijo Roy con una sonrisa de suficiencia.

—La sargento Carly Walsh —explicó Butler, señalando a la mujer pelirroja de cabello rizado y pecas.

Red continuó las presentaciones.

—Ese es el ayudante de detective James Dickinson —afirmó, señalando a un tipo rubio que parecía tener alrededor de treinta años.

Todos asintieron a modo de saludo.

—Y por último, pero no por ello menos importante, ese de la esquina es Gonk.

El hombre asiático levantó una mano.

Fue un tanto desconcertante que el inspector les presentara al único miembro del equipo procedente de una minoría por su apodo en lugar de por su rango o su nombre real.

Kim no tuvo más remedio que dejar pasar aquel detalle por el momento, pero no tenía ninguna intención de dirigirse al oficial como Gonk.

—¿Así que los mandamases han decidido que necesitábamos ayuda? —preguntó Roy, recostándose en su asiento.

Había algo en aquel hombre que de inmediato resultaba desagradable. La cintura de su pantalón se apoyaba bajo su prominente barriga y los botones tensaban la tela de una camisa que probablemente había sido blanca en su vida anterior.

Kim decidió que no era buena idea ponerse a sotavento de Roy Moss, porque si uno de aquellos botones salía volando, podría sacarle un ojo.

—Nos han pedido que ayudemos —explicó Kim, manteniendo un tono de voz sereno.

Todos los miembros de ambos equipos prestaban atención.

—Nos han dicho que sus compañeros están muy ocupados con otros asuntos.

Tenía la intención firme de no enemistarse con nadie durante la primera media hora.

—Sí, pero no creo que ninguno de ellos esté persiguiendo pistas por el paseo marítimo obedeciendo las órdenes de un maldito bufón —dijo Roy.

Kim vio que Bryant ocultaba una sonrisa haciendo el gesto de rascarse la nariz.

Buen movimiento. Si ella lo había visto, los miembros del otro equipo seguro que también.

Al ver que ninguno de aquellos policías mostraba sorpresa alguna, Kim se dio cuenta de que todos sabían que aquella especie de emboscada había provenido del bocazas del equipo.

Más preocupante le resultó que el hombre al mando estuviera esperando abiertamente a ver qué le respondía ella.

Si alguno de los miembros de su equipo hubiera sido así de grosero, Kim se lo habría hecho saber directamente, delante de todo el mundo.

Pero cada inspector jefe gestionaba a su equipo de forma diferente.

—Si te refieres al caso en el que logramos localizar sana y salva a una cirujana de talla mundial y la llevamos al hospital para salvar la vida de una niña, entonces sí, ese caso lo gestionamos nosotros.

Quizá, si no prestaras tanta atención a los casos que no son de su competencia, tendrías más posibilidades de resolver los tuyos con éxito.

—Kim hizo una pausa—. Bueno, ¿puede alguien enseñarnos el lugar en el que vamos a trabajar?

Se acabó lo de no ganarse enemigos de entrada.

Red dudó, como si quisiera que el espectáculo continuara.

Finalmente, se dirigió hacia una oficina contigua a la sala principal de la brigada.

Abrió la puerta y los hizo pasar a una sala que tendría la mitad del tamaño de la habitual del equipo y que contaba con una gran mesa redonda, en la que había un ordenador portátil y un montón de tarjetas de acceso con sus cordones.

—Uno de vosotros tendrá acceso al sistema, y todos tendréis que firmar los protocolos.

Kim señaló a Stacey para indicar que ella sería la persona designada.

—Vale, os dejo que os instaléis, voy a decirle a la jefa que ya habéis llegado.

Kim asintió mientras Red cerraba la puerta.

La inspectora se giró hacia Stacey.

—Respondiendo a la pregunta que me hiciste antes, creo que están encantadísimos de que hayamos venido a ayudarlos.