Capítulo 2
Eran casi las once cuando Kim colocó su bolsa de viaje en la parte trasera del coche de Bryant.
Desde su reunión con Woody, había mantenido con su equipo una sesión informativa muy breve y les había dado algo de tiempo para que organizaran en la medida de lo posible sus vidas para poder pasar unas cuantas noches fuera de la ciudad.
Bryant había acercado a Kim a casa, donde había dedicado más tiempo a preparar las cosas de Barney que a recoger las suyas.
Tras muchos abrazos y besos, había dejado a su perro con su cuidador favorito, Charlie, a quien le encantaba la compañía y tener una excusa para salir de casa a pasear.
Penn le había hecho a Stacey el favor de recogerla. Aunque en el Astra Estate de Bryant cabían todos, Kim no quería correr el riesgo de que un solo coche los dejara tirados a más de ciento cincuenta kilómetros de casa.
—¿Va a algún sitio bonito? —escuchó decir la inspectora por detrás de ella.
Se quedó paralizada.
Reconocía aquella voz, aunque llevaba un par de semanas sin oírla.
Se dio la vuelta y se encontró con Steve Ashworth, periodista de Sunrise News , una persona que se había convertido en un incordio durante el último caso importante.
Kim movió la cabeza de lado a lado en señal de frustración mirando a Bryant, que ya estaba saliendo del coche para ayudarla.
La inspectora no pensaba regalarle a aquel hombre la atención que tanto ansiaba.
—¿Aún no te has aburrido? —le preguntó, cruzando los brazos.
—Ni por asomo. Es usted una gran personaje.
Kim sintió un ligero nudo en el estómago.
No es que no se hubiera tomado en serio la amenaza de aquel hombre, sino que había tenido la esperanza de que su ausencia durante las dos últimas semanas significara que había encontrado a otra persona a quien acosar.
Por alguna razón, ella había despertado una fascinación en Ashworth mientras cubría el caso del Bufón, y había decidido que su próximo gran reportaje la tendría a ella como protagonista.
—Debe ser un mes tranquilo en cuanto a noticias —dijo Kim, dirigiéndose hacia la puerta del copiloto—. ¡Pero bueno, nada, que se te dé muy bien la investigación! —concluyó, manteniendo su fanfarronería.
—Un poco más y me convence, inspectora Stone —dijo el periodista, que se alejó un poco, aunque no lo suficiente—. Pero yo soy muy bueno en lo mío.
—Espléndido —respondió Kim, abriendo la puerta del coche.
—¿Recuerda el nombre de Amber Rose?
Kim cerró la puerta de un portazo, pero no sin antes haber visto la sonrisa arrogante que se había dibujado en el rostro de Steve.
—Atropéllalo y haz que parezca un accidente —le dijo Kim a Bryant mientras este se abrochaba el cinturón de seguridad.
El sargento no se dejó engañar tan fácilmente por la jovialidad forzada de su tono de voz.
—¿Estás bien? —le preguntó, poniendo ya el coche en movimiento.
—Estoy bien. Es un capullo —respondió la inspectora, que sacó su teléfono móvil.
La mejor manera de que su compañero se distrajera de aquel asunto era hacerle ver que estaba ocupada haciendo otra cosa.
Bryant captó la indirecta y se concentró en conducir hacia la autopista.
Kim estuvo un rato contemplando su teléfono móvil, sin prestarle realmente ninguna atención, mientras intentaba recomponerse.
El maldito periodista acababa de soltarle un nombre que ella había esperado no volver a oír jamás.
Tenía la esperanza de que, si aquel hombre cavaba con profundidad para buscar información al respecto, se le rompiera la pala en el proceso.
Al recibir un mensaje en el móvil, Kim por fin le prestó atención al mismo, enfocando la mirada.
No pudo evitar emitir un gemido mientras lo leía.
¿Quieres que tomemos un café después del trabajo?
—¿Qué? —preguntó Bryant.
—Nada —respondió Kim, cerrando el mensaje.
Bryant la miró mientras tomaba el carril que daba acceso a la autopista.
—¿Más mensajes misteriosos de los que no me piensas hablar?
—Exacto —dijo la inspectora, guardando el teléfono.
—¿Y Amber Rose?
—Nunca he oído hablar de ella —dijo la inspectora, antes de darse la vuelta.