Infancia robada (Kim Stone 22) Capítulo 1
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Capítulo 1

Un mes antes

—¿Ha pedido verme, señor? —preguntó Kim, sentándose frente a su jefe.

El inspector jefe Woodward había apartado más o menos un metro de su escritorio la silla en la que ella siempre intentaba evitar sentarse: iba a ser ese tipo de reunión.

Durante los años que llevaba trabajando para él, Kim había aprendido que las reuniones en las que la invitaba a tomar asiento rara vez terminaban bien. Podían ser de dos tipos.

Las primeras y más frecuentes eran aquellas en las que la interrogaba sobre su comportamiento, actitud o acciones concretas tras haber recibido una queja. En esas reuniones, Woody estaba hecho una furia y ella respondía con calma por sus crímenes.

En las segundas, menos frecuentes, Woody le daba una instrucción que sabía que a Kim no le iba a gustar. La otra cara de la moneda. En esas situaciones, él era el que estaba tranquilo y, ella, hecha una furia.

Lo que a Kim le preocupaba en aquel momento era que su jefe parecía absolutamente tranquilo, señal de que estaba a apenas minutos de explotar de alguna forma.

El inspector jefe se recostó en su sillón y juntó las yemas de los dedos sobre su estómago, formando una pirámide con las manos. Era un movimiento con el que Kim no estaba familiarizada y, por lo tanto, le resultaba difícil de interpretar.

—Un par de semanas tranquilas, ¿eh, Stone?

—Sí, señor —respondió Kim con tono dubitativo, como si hubieran hecho muy poco desde su último caso importante.

En realidad, habían estado treinta y seis horas seguidas persiguiendo pistas que después tenían que descifrar por todo Black Country.

La inspectora supuso que su jefe se refería a más recientemente, ya que llevaban dos semanas sin que hubiera aparecido ningún cadáver.

—Me imagino que han sido como unas pequeñas vacaciones —añadió él.

Kim luchó contra el impulso que sintió de mostrarse indignada, porque conocía bien a Woody y sabía que él no creía en serio que hubieran estado de brazos cruzados sin hacer nada en todo el día.

Con aquella conversación, la estaba dirigiendo hacia algún sitio concreto, y ella tenía la sensación de que no quería seguirlo.

—¿Algo importante en este momento? —preguntó el inspector jefe, a pesar de saber ya la respuesta. Si hubiera algo importante, ella le pondría al día sobre ello.

—Ha habido un robo a mano armada en Gornal —respondió ella.

—De eso se puede encargar Dudley.

—Una agresión grave en Lye.

—Brierley Hill puede gestionarlo.

—Y los informes habituales de los lunes por la mañana que hay que revisar.

Apenas eran las nueve de la mañana y la habían convocado a su oficina de inmediato, así que la inspectora no sabía bien qué otra cosa podría requerir la gestión de su equipo.

—Todo eso se puede pasar a otros equipos —afirmó Woody.

—Señor, ¿podría decirme cuál es la respuesta correcta y así nos ahorramos tiempo los dos? —preguntó Kim.

—Lo que me gustaría escuchar es que no tenéis nada que no puedas repartir entre los demás equipos.

—De acuerdo —dijo Kim, preguntándose cuál sería la razón por la que le estaba liberando la agenda—. No tenemos nada que no pueda repartir entre…

—Muy graciosa —respondió el inspector jefe sin ningún atisbo de humor.

Cuando su rostro se ponía así, con esa expresión pétrea, Kim se preocupaba de verdad por lo que pudiera venir a continuación—.

He recibido una llamada de una vieja amiga mía —continuó—.

A su equipo le vendría bien algo de ayuda en un caso en el que están trabajando.

Kim ladeó la cabeza.

—Señor, usted estuvo presente en mi última evaluación y dijo que no trabajo bien con otros equipos.

—Me gustaría pensar que eso es cosa del pasado, Stone.

—Fue hace dos meses.

—Creo que has progresado un montón en las últimas semanas.

—¿Quiere decir que Bryant también participará conmigo? —preguntó Kim, refiriéndose a su compañero de toda la vida, el hombre que era su conciencia… y que respondía por su comportamiento.

El inspector jefe asintió.

—Al igual que el resto de tu equipo.

—¿Señor? —preguntó Kim, con una sensación de inquietud cada vez mayor. ¿Qué podría ser tan grave como para que Woody quisiera trasladar a todo el equipo? ¿En qué diablos los estaba metiendo?

—¿Has oído hablar del niño que desapareció en Lancashire?

—En Blackpool, ¿no? —Kim lo había visto en las noticias.

Woody asintió.

—¿Eso no fue hace una semana? —Si el chico no había aparecido aún, tenía la pinta de ser una investigación completamente diferente—.

¿Necesitan ayuda en el caso de un niño desaparecido?

—continuó preguntando la inspectora, que estaba confundida.

Incluso si aquello se terminaba convirtiendo en una investigación por asesinato, estaba segura de que los Departamentos de Investigación Criminal de aquella zona podrían encargarse de ello.

—Hay otro. Aún no ha salido en las noticias, pero anoche desapareció un segundo niño.

Vale, eso arrojaba un poco de luz sobre el motivo del traslado temporal. Dos niños en la misma semana.

—¿Edades? —preguntó Kim.

—Doce y once años.

—¿Y no pueden reclutar a otros equipos de la zona?

—¿Sabes algo de Blackpool, Stone?

—Tienen luces, ¿no? —preguntó Kim, que recordaba un viaje que había hecho a aquel lugar con Keith y Erica, sus padres adoptivos, cuando tenía diez años. Fue durante los primeros meses de estar viviendo con ellos, y apenas le dirigió la palabra a ninguno de los dos.

Recordaba que aquel fue un día gris y lúgubre, y que las galerías comerciales estaban abarrotadas de gente y había mucho ruido en ellas.

Las patatas fritas sabían a arena y, cuando se pusieron en marcha para recorrer los tres kilómetros de iluminaciones del paseo marítimo que formaban parte del espectáculo anual que se organiza en esa ciudad, el cielo se abrió.

Su principal recuerdo era el de las luces brillantes distorsionadas por la lluvia torrencial que golpeaba con fuerza los cristales.

El día se le hizo eterno.

—Están a punto de afrontar la semana más intensa del año, la semana de vacaciones de mitad de trimestre. Van a verse desbordados por todo tipo de delitos. Las cifras que me ha citado Miranda son espantosas.

—¿Miranda? —preguntó Kim —La inspectora jefa Miranda Walker. Nos formamos juntos en su día.

Vale, Kim más o menos comprendía la situación.

En el pasado, habían trabajado con otros cuerpos policiales en investigaciones conjuntas, pero normalmente con cuerpos vecinos como West Mercia o Staffordshire.

Sin duda, la policía de Lancashire podía pedir ayuda a compañeros que tuvieran su sede más cerca de ellos.

¿Por qué involucrar a un cuerpo policial que trabajaba a más de ciento cincuenta kilómetros de distancia?

—¿Qué es lo que me está ocultando, señor? —preguntó Kim.

Woody respiró hondo.

—Hay rumores.

Ella esperó.

—¿Estás al tanto de la nueva línea de denuncias?

—Por supuesto.

Kim sabía que Crimestoppers, la organización que permitía denunciar delitos de forma anónima, se había aliado con cuerpos policiales de todo el país para poner en marcha un nuevo Servicio de Corrupción y Abusos Policiales, disponible para todas las comunidades del Reino Unido.

Aquella línea podía utilizarse para denunciar con total anonimato cualquier conducta indebida de la policía. La información se remitía a continuación la unidad correspondiente de estándares profesionales del cuerpo policial o a detectives especializados.

—¿Han recibido una denuncia anónima relacionada con un miembro del Departamento de Investigación Criminal de Blackpool? —preguntó Kim.

—Dos —aclaró su jefe—. Sin detalles, sin nombres.

—¿Cuál es la naturaleza de las denuncias?

—No se describieron incidentes específicos, víctimas ni tampoco fechas, pero ambas llamadas guardaban relación con un equipo concreto que está bajo la supervisión de Miranda.

Al parecer, las denuncias tienen que ver con una conducta policial inapropiada, violencia policial y posible corrupción dentro del equipo.

Las manos de Woody seguían entrelazadas.

—¿Qué más?

—Miranda cree que las denuncias pueden provenir desde dentro. Así que te puedes imaginar por qué quiere encontrar la fuente.

—¡Maaaadre mía! —exclamó Kim, que empezaba a hacerse una idea más clara de la situación.

La inspectora jefa Miranda Walker se encontraba en una situación insostenible. En el momento en que empezara a hacer preguntas, podría poner en peligro a los miembros del equipo. Por muy lejos que la policía pudiera haber llegado, delatar a los tuyos podía matarte.

—Señor, ¿hay algo más?

El inspector jefe negó con la cabeza y separó por fin los dedos.

—Entonces, ¿cuál es nuestra función principal? ¿Ayudar a encontrar a esos dos chicos o intentar eliminar a los policías corruptos?

—Podría decirse que ambas cosas.

—En resumen, nos vamos a Blackpool de inmediato para ayudar a un equipo que no nos quiere allí, para resolver un caso y hacer preguntas sobre el comportamiento inadecuado de la policía, pero sin delatarnos y comprometer al denunciante.

—Sí, eso lo resume bastante bien.

—Genial. El tipo de caso que a mí me gusta —dijo Kim, antes de irse a darle las noticias a su equipo.