Infancia robada (Kim Stone 22) PRÓLOGO
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Infancia robada (Kim Stone 22)

Infancia robada (Kim Stone 22)

Por Angela Marsons

© inepub.com

PRÓLOGO

Kim tocó la pantalla de su móvil justo cuando el minutero del reloj de la sala de la brigada avanzaba un paso más hacia las seis de la mañana.

Faltaban cuatro minutos para que se emitiera en Sunrise News la sección de Steve Ashworth.

Después de haberla estado acosando durante varias semanas, el periodista había tenido la cortesía de avisarla de que iba a intervenir en directo con su gran bomba informativa.

Kim había ido temprano a la oficina aquella mañana para asegurarse de no perdérselo; llevaba ya mucho tiempo preocupándose por aquel hombre que había estado intentando destruir su carrera.

Tres minutos para la hora prevista.

—Hola, jefa —dijo Bryant al entrar en la sala de la brigada.

—¿Qué haces despierto a estas horas? ¿Te has cagado en la cama? —preguntó la inspectora, antes de dar un sorbo a su café. La reunión informativa del equipo siempre tenía lugar a las siete.

El sargento miró la hora mientras se quitaba el abrigo.

—Es que me aburría un poco en casa. Me apetecía ponerme en marcha temprano.

Su compañero y amigo compartía sin duda su nerviosismo por lo que pudieran estar a punto de escuchar.

Dos minutos.

—Hola, jefa —saludó Stacey, entrando por la puerta con aire despreocupado.

Kim arqueó una ceja.

—¿Otra que madruga a ver si Dios la ayuda?

—Tengo pendiente gestionar un archivo —explicó Stacey—. Uno urgente que no pude terminar ayer.

—Y supongo que…

—Buenos días, chicos —dijo Penn, deslizándose en su asiento.

—¿Y a ti te ha apetecido levantarte temprano o también tenías pendiente algún archivo urgente? —preguntó Kim, ocultando su sonrisa.

Nadie en su equipo, incluida la propia inspectora, tenía ni idea de lo que estaba a punto de salir de la boca de Steve Ashworth, ni de cómo podría afectarles después de que lo hiciera.

—No, yo solo quiero escuchar qué gilipolleces quiere soltar ese cretino sobre nosotros —respondió Penn, que no hizo ningún esfuerzo por mentir.

Kim sentía un pequeño nudo en el estómago. Sabía con certeza que Woody también iba a ver aquella retransmisión, y suponía que la iba a convocar a su oficina una vez que se emitiera el reportaje.

Un minuto.

Todo el equipo de la inspectora, incluido su jefe, sabía que ella se había topado con el periodista durante su último caso relevante y que él se había obsesionado con exponerla como una policía corrupta.

Todos eran conscientes de que Ashworth había descubierto un caso antiguo del que Kim no se sentía precisamente orgullosa.

Pero también sabían que habían pasado muchas cosas en el último mes.

El reloj marcó las seis y Kim hizo clic en el enlace que le habían enviado.

Respiró hondo cuando la cara de Steve Ashworth apareció en la pantalla.