Capítulo Trece #2
Echó un brazo hacia atrás y lanzó un rayo de magia amarilla justo hacia ella.
Luna se aupó con todas sus fuerzas y logró arrastrar el cuerpo dentro del conducto justo cuando la magia estallaba debajo.
El conducto de metal tembló, y Luna temió volver a caer y acabar en manos de Saxton. Pero el conducto aguantó.
Sin mirar atrás, siguió corriendo a los demás.
Los Indomables y los animales rescatados consiguieron salir por patas. La silueta voladora de Garranegra los guiaba desde el cielo. Ya había pasado la hora en que los humanos caminaban por las calles, sobre todo en pleno invierno. El aire gélido ardía en los pulmones de Luna.
—¡Estoy bien! ¡Puedo caminar sin ayuda! —protestó Cometa.
Nocturno redujo el paso, dejó a la comadreja en el suelo y abrió la boca para jadear. Siguieron andando a buen ritmo. No estaban lejos del río y Luna se moría de ganas de volver a cruzar al lado seguro.
—¡Lo hemos conseguido! —dijo Copito.
La euforia fluía por la sangre de Luna. Aquel rescate había sido el más ambicioso hasta el momento.
—Saxton tiene un nuevo animal familiar —comentó Cometa mientras se examinaba la quemadura del flanco—. Un lagarto amarillo.
—Suele agotarlos rápidamente —gruñó Nocturno con aire siniestro.
Mantuvieron el ritmo hasta llegar al puente.
Lo cruzaron por una pasarela inferior, mientras los coches rugían sobre ellos.
Había empezado a nevar un poco y Luna observó cómo los copos se derretían en la superficie negra del río.
Nocturno solo se detuvo cuando llegaron a la otra orilla.
Los animales rescatados se apretaban unos contra otros, temblando por el frío.
Algunos miraban maravillados a su alrededor, mientras que otros parecían perdidos en sus pensamientos.
Si las historias sobre los crueles métodos de Saxton eran ciertas, Luna dedujo que algunos jamás habrían salido al exterior en toda su vida.
—Ahora sois libres —dijo Nocturno—. Y vosotros decidiréis cómo será vuestra vida.
Si queréis vivir entre los humanos, al otro lado del río, podéis hacerlo.
Pero debéis saber que nunca dejarán de intentar ataros.
Algunos… —En este punto retorció la boca con asco—.
Algunos eligen esa vida de servidumbre, pero, para quienes apreciáis la libertad, la vida de los no atados está en este lado del puente.
Aquí podréis encontrar un aquelarre y conectar con el ánima más pura.
Podréis practicar vuestra propia magia sin que los humanos la corrompan.
«Dicho así, no parece que tengan muchas opciones», pensó Luna.
Como era de esperar, ninguno de los animales regresó por el puente. De hecho, se acercaron más a Copito y a Cometa.
—¿Podemos ir con vosotros? —preguntó un cachorro de pelaje denso y dorado.
—Por supuesto —contestó Nocturno y se agachó hasta quedar a la altura de la nariz del perro más pequeño—. Podéis venir a probar vuestra nueva vida con los Indomables.
Se pusieron en marcha de nuevo, a un ritmo más tranquilo, de regreso hacia el desguace.
La adrenalina fue desapareciendo de las venas de Luna y la invadió una sensación de desánimo.
Antes de empezar la misión ya se había dicho que encontrar a Sauce era poco probable, pero la decepción todavía dolía como un buen moratón.
Mientras reflexionaba, Nocturno se rezagó para acompañarla.
—Hoy nos has salvado.
—Todos hemos contribuido —ronroneó Luna.
—Tú la que más. Ese muro de fuego ha sido espectacular.
—Me alegro de que hayamos podido sacarlos a todos —contestó la gata, eludiendo con timidez los halagos—. Y preferiría no volver a ver a Jay Saxton en la vida.
—Estoy de acuerdo. De hecho, creo que su magia se ha vuelto más formidable. Los reptiles son familiares raros e impresionantes. —Nocturno resopló—. Pero no seas modesta. Eres valiosa para el equipo, una auténtica Indomable. ¿Por qué estás tan triste?
—Porque todavía no hemos encontrado a mi hermana —contestó.
Al decirlo, tuvo miedo de que su tono hubiera sonado un poco acusatorio; no quería mostrar ni una pizca de la frustración que sentía por no haber conseguido ni una pista sobre el paradero de su hermana después de tantos días. Pero, si Nocturno se había ofendido, no lo demostró.
—Te dije que no sería fácil. Garranegra sobrevuela la ciudad todos los días. Tiene exploradores, pero no ha oído ni una palabra —dijo el perro con amabilidad—. Quizás sea el momento de aceptar que le puede haber pasado cualquier cosa.
Las palabras fueron un duro golpe en el corazón de Luna. Se detuvo en seco.
—No está muerta.
—Espero que no, de verdad. Pero quizás nadie ha visto a Sauce porque ya la han atado. Los familiares no salen mucho.
—¿Sauce? —dijo la zorra, que se había presentado como Bellota—. ¿Has dicho Sauce?
—Así es —replicó Nocturno, fulminándola con la mirada—. No sabía que me estabas espiando.
Bellota movió la cola.
—Los zorros tenemos buen oído. ¿Por casualidad Sauce es una gata joven de color gris?
—¡Sí! —maulló Luna, acercándose a ella—. ¿La has visto? ¿Está viva?
—No, no la he visto —se apresuró a contestar Bellota—. He oído hablar de ella. Oí a Jay Saxton pronunciar su nombre.
Luna tragó saliva con fuerza. No soportaba pensar que ese bruto pudiera hacerle daño a su hermana.
—Le pidieron a Saxton que consiguiera un animal afín para la hija de los Rousseau —continuó la zorra—. Era una gran oportunidad para él, pero le cancelaron el encargo en el último momento.
—¿Los Rousseau? —gruñó Nocturno—. Son dos de los brujos más poderosos de la ciudad.
—Sí, sí —dijo Luna con impaciencia—, pero ¿qué tiene que ver eso con Sauce?
—Bueno —prosiguió Bellota—, si cancelaron el encargo fue porque su hija ya había encontrado a un posible familiar por sí misma, una gata que había rescatado de la calle. Estoy segura de que se llamaba Sauce.
A Luna se le hundió el alma a las patas. La cabeza le daba vueltas y tenía ganas de vomitar.
—¡Tengo que volver! —dijo, sin dejar de moverse—. ¿Dónde puedo encontrar a esa familia humana?
Nocturno negó con la cabeza.
—No lo entiendes —gruñó—. No podemos meternos con los Rousseau.
—¡Tienen a mi hermana!
—Y tienen una magia que hace que la de Saxton parezca un juego de cachorros. Si han decidido atar a Sauce con su hija, rescatarla será casi imposible.
—¿Casi?
Nocturno bajó la cola.
—Luna, escúchame… No estoy exagerando. No podemos lanzarnos a algo así sin haberlo planeado bien. Sería una misión suicida.
Luna suspiró. Nunca había visto a Nocturno tan serio, tan preocupado.
¿Y por qué iba él a arriesgar su vida y la de los Indomables por una gata a la que apenas conocía?
Pero eso no significaba que ella no fuera a intentarlo.