Indefendible (El legado de Volkov 1) 43. SICILIA #3
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43. SICILIA #3

— ¿Romperlo?— suelta con una sonrisa cínica, apoyándose hacia atrás en le sillón en el que se ha ubicado mientras repasa mi rostro con frialdad— Por favor, Rachel…

te conozco demasiado bien como para saber que sigues pecando de lo mismo.

Te crees que puedes llegar aquí, exigir y rehacer las reglas a tu antojo.

Se inclina hacia delante apoyando los antebrazos sobre la mesa. La sonrisa sigue ahí, pero en sus ojos ya no queda rastro de humor.

— Ese contrato no se rompe porque a ti te haya entrado un ataque de remordimiento familiar. Tu hermana es la garantía de lo que tú dejaste. Así que me temo que me voy a tener que negar.

Un golpe seco resuena sobre la madera.

Ilenko acaba de apoyar la palma sobre la mesa.

Después se recuesta en la silla, como si toda aquella conversación le aburriera. Pero sus ojos son dos cuchillas de hielo clavadas en Marcello.

— Te estás equivocando,  y mucho, Sforza.

Hace una pausa.

—Mi mujer te lo está dejando claro, no hemos venido a Sicilia a pedirte permiso, si no a notificarte una rescisión. No soy mi padre Marcello.ya será mejor que empieces a acostumbrarte a esa idea.

La sonrisa de Marcello vacila por primera vez. Desaparece el italiano encantador. Solo queda el jefe de la Cosa Nostra.

A su espalda, Mateo Ricci cambia el peso de un pie al otro. Nikolai lo percibe al instante y se tensa detrás de nosotros.

Marcello se recuesta, entrelazando los dedos sobre la mesa.

— Maksim cumplía  su palabra. Tú has decidido romperla. Si quieres convertir ese error en una guerra…adelante. Sicilia nunca ha tenido miedo de la sangre.

— No me gusta que me amenacen — dice Ilenko.

— Ni a mí que vengan a mi casa dando órdenes.

El silencio que sigue es atronador, denso como el plomo. Todos estamos a un milímetro de estallar.

Pero antes de que Ilenko pueda responder, el sonido de las puertas abriéndose de golpe rompió el silencio del salón.

Las miradas de todos se desvían a la entrada. Mis ojos se abren de par en par y siento como el aire se escapa por completo de mis pulmones.

Cruzando el umbral, flaqueado por dos hombres vistiendo con aquellos trajes que conozco demasiado bien, entra una gira que hace que el mundo se me venga abajo.

Mi padre.

Camina sin prisa. Elegante. Insultantemente erguido.Como si no acabara de entrar en la habitación del único lugar donde debería tener miedo.

Sus ojos recorren primero a Ilenko.Luego se detienen en mí.

Una sonrisa vacía, incapaz de contener el menor rastro de afecto paternal, curva lentamente sus labios.

—Veo que llego justo a tiempo para la parte interesante. —Pasea la mirada por la mesa con absoluta tranquilidad. — Qué reunión tan familiar…

Sus ojos se clavan en los míos.

— Y qué decepción de hija.

— De hija nada. Ese título hay que ganárselo. Y tú lo perdiste el día que nos vendiste por dinero.

Mi padre rompe a reír.Una carcajada sincera.Como si todo aquello le pareciera un mal chiste.

La rabia enciende mis mejillas con una potencia que esta apunto de hacerme saltar. Por suerte Ilenko aprieta su mano en mi muslo haciéndome volver a la realidad.

— Lo dice la que se ha casado con los enemigos de la familia. — Suelta mi padre, tratando de dar un paso mas hacia mí con esa arrogancia que le proporciona su estatus, pero no su valentía.

La presión de los dedos de Ilenko sobre mi muslo es lo único que me mantiene anclada en la sala, pero mi mente esta trabajando a su manera.

Miro a ese monstruo. El hombre que vendió a mi madre a la mafia italiana por puro beneficio económico.

El cobarde que, para garantizar su propia protección, había subastado la vida de mi hermana, metiéndola en un matrimonio de conveniencia con una mafia.

— !TÚ¡

Me pongo en pie de golpe.

— Tú no tienes familia, Brown. La enterraste el día que le pusiste un precio a mamá. La remataste cuando decidiste vender a Hannah para salvar tu propio pellejo.

Señalo directamente hacia Ilenko.

—Esta sí es mi familia. La que arriesga la vida por mí. La que protege a mi hermana y a mí. La que jamás me usaría como moneda de cambio.

— Sigues siendo una niña ingenua, Rachel. ¿Cómo te crees que hubieras tenido la vida que has tenido si no fuera por el dinero que nos proporcionó la muerte de tu madre?

Antes de que la rabia me haga saltar al otro lado de la mesa, la voz de Ilenko se alza con fuerza. Provocando que todos se tensen a nuestro alrededor.

— Presumes demasiado para ser un maldito cadáver andante, Brown— interviene, fijando sus ojos con desprecio en mi padre— Hablas de dinero y de estatus, pero solo una rata vendería a su familia para tenerlo.

Da un paso atrás, perdiendo por un momento la compostura antes de recordar por quién está respaldado.  Aprieta los dientes y suelta una sonrisa cargada de veneno, mirándome fijamente a mí.

— Tu madre no era más que una rata rusa útil mientras servía para hacer dinero. Después dejo de serlo. Y tú vas exactamente por el mismo camino.

El mundo desaparece.

Dejo de escuchar las voces. Dejo de sentir el peso del cuerpo sobre la silla.

Solo existe él.Solo existe su voz.Solo existe mi madre.Solo existe Hannah.

Mi mano baja sola a la cintura. Ni siquiera recuerdo haber desenfundado.

El disparo revienta el silencio. El impacto lo lanza hacia atrás.

La sangre salpica la madera de la mesa y las pareces del salino. Durante un segundo nadie respira.