33. MESA DE LOS LOBOS
Formation — Beyoncé
Ilenko retira la mano de mi cadera para invitarme a sentarme a su lado.
— Sentaos— ordena, con un tono que no admite réplica.
El crujido seco de las sillas de madera contra el mármol resuena en todo el salón.
El ambiente sigue denso, saturado de olor metálico a pólvora y sangre que apenas se disipa.
Nadie se atreve a romper el silencio. Durante varios segundos, el tintineo contenido de los cubiertos y el sinido pesado del vodka cayendo en los vasos de cristal son los únicos dueños del lugar.
Ilenko alza su vaso, bebe un trago largo sin parar sus ojos azules de la mesa y lo deja sobre la madera con un golpe seco que retumba en la estancia.
— La Bratva tiene un nuevo dueño y las reglas cambiarán a partir de ahora.— Pasa la mirada por cada uno de los presentes — Pero antes de reestructurar las rutas y los grupos. Tenemos un cabo suelto que arreglar.
— La Cosa Nostra, Pakhan. Cuando se enteren de que su padre ha muerto, la tregua que tenía pactada acabará.— dice uno de los hombres— entraremos en guerra abierta con los italianos si no aseguramos los tratados.
— No había ninguna tregua al atentar contra Rachel y su familia— sentencia Ilenko con una frialdad tajante.
— Aún así, el tablero italiano ya no es el que conocíamos—interviene uno de los, inclinándose hacia delante— El Capo de la mafia italiana calló, lfue ejecutado en Sicilia hace días.
—Lo sé— responde Ilenko—. El hijo de Sforza dio un golpe de estado y tomó el control absoluto de la Cosa Nostra. Asesinó a su padre para quedarse con el trono.
—Ese es el problema, nadie conoce a ese muchacho.
Nadie sabe su nombre, ni le ha visto la cara ni sabe cómo opera.
El nuevo capo es un autentico fantasma que gobierna desde las sombras.
No sabemos por donde va a salir ni qué tipo de alianza o sangría busca.
— Habla otro de los hombres mientras yo escucho atenta.
— A un enemigo sin rostro no le podemos predecir. Y si reclaman en acuerdo matrimonial que Brown firmó, usarán a la hermana de Rachel como moneda de cambio para provocar un conflicto directo con nosotros.— Dice Nikolai.
—La Cosa Nostra no va a dejar pasar la humillación de perder un contrato de sangre— añade otro—.
Y menos ahora, con un nuevo líder que necesita demostrar au poder y su crueldad ante su gente.
Si el hijo del viejo capo quiere consolidar su trono, cobrarse la deuda de la chica será su primera jugada para ponernos a prueba.
—Infiltrar a gente en Sicilia o Roma es casi imposible en este momento— apunta otro de los hombres, cruzándose de brazos—. Tienen las fronteras blindadas. No tenemos contacto directo con el entorno del nuevo Capo. Estamos a ciegas.
—Que gobierne desde la sombras no lo hace invencible— dice Ilenko—.
Solo lo hace más precavido. Pero cometió un error al aceptar la herencia de su padre; no solo heredó el poder, sino las deudas y los enemigos.
Si ese fantasma quiere una guerra con la Bratva, le daremos una sangría que hará que desee no haber salido nunca de su escondite.
— Aún así, Pakahn— dice un hombre joven y de hombros anchos—, si los italianos deciden actuar, las damas son civiles. Deberíamos entrenarlas. Que aprendan a defenderse.
Ilenko suelta una carcajada ronca, que hace que el hombre se tense en su sitio. Mi marido, se reclina en su silla, dándole un trago a su bebida mientras me mira con una chispa de diversión criminal en los ojos. Sabe exactamente lo que va a pasar.
Dejo la copa sobre la mesa con un golpe seco. Miro al hombre sin pestañear.
— Ahórrate tus planes señor…
— Lev, señora.
— Lev. No soy ninguna damisela americana que necesite que le enseñen a salir de un agarre en el suelo.
Llevo años entrenando artes marciales y sé perfectamente como romperte la tráquea antes de que tu cerebro procese la intención de desenfundar tu maldita pistola. No soy ninguna debilidad en esta mesa.
El hombre parpadea, perdiendo el color de la cara, descolocado por mi arrogancia.
— Sin embargo, tenéis razón en que hay un punto débil en todo esto. Pero no soy yo. Es mi hermana.
Hago una pausa, dejando que el silencio juegue a mi favor antes de soltar el verdadero problema.
— Hannah está arriba, encerrada y en estado de shock absoluto.
Rota porque la hemos sacado a la fuerza de su burbuja.
No es capaz de procesar la verdad sobre nuestro padre, ni mi matrimonio con Ilenko.
En su cabeza, mi marido es un asesino en serie que nos tiene secuestradas y sigue creyendo firmemente que nuestro padre es el héroe que intenta protegerla…
cuando la cruda realidad es que ese maldito desgraciado la vendió como mercancía.
Un murmullo sordo y tenso recorre la mesa. Los capitanes intercambian miradas, saben perfectamente que no van a renunciar a ella sin pelear, necesitan una mujer para tomar el poder por completo.
— Ella sigue viviendo una mentira. Y esa debilidad la convierte en el blanco perfecto.
Así que a quien tenéis que formar y entrenar en cuánto consigamos que abra los ojos es a ella.
Quiero que vuestros mejores hombres destruyan a la niña inocente que lleva dentro y la conviertan en un monstruo capaz de matar a cualquiera que se acerque a ella.
Si los Sforza quieren venir a cobrar su deuda por el nombre de mi padre, mi familia estará lista para responder en consecuencia.
Los hombres miran a Ilenko, esperando una reacción por su parte, pero él no me corta las alas. Al contrario.
Por debajo del mantel, su mano baja directo a mi muslo, apretando la carne con una fuerza bruta, provocando un dolor placentero que me recorre la espina dorsal con una descarga eléctrica, obligándome a contener el aliento.
No necesito mirar para saber lo que significa esa presión. No está corrigiendo. Esta disfrutando viendo como convierto a sus lobos en los míos.
— Y Nikolai…
Se tensa visiblemente al escuchar su nombre. Sus ojos, del casi mismo azul de Ilenko, se clavan en los míos. En este preciso instante, el parecido físico entre ambos es tan abrumador que me da un vuelco al corazón.
Misma estructura ósea, misma mandíbula rígida y esa imponente presencia de depredador que parece venir de la misma maldita genética.
— Necesito que seas su sombra, se que mi marido confía en ti ciegamente y yo lo haré para que cuides de ella.
No responde de inmediato, desvía la mirada hacia Ilenko buscando su aprobación pero no dice una palabra. Basta un leve movimiento de cabeza para que toda la mesa entienda que mi orden acaba de convertirse en la suya.
Nikola regresa sus ojos hacia mí. La rigidez de su rostro se transforma en una máscara de sumisión y por primera vez, inclina la cabeza hacia mí.
— Seré su sombra, señora— responde con una voz ronca, fría y firme— Nadie tocará a la chica mientras yo respire.
Ilenko asiente, conforme, y por fin relaja la presión de su mano, aunque no la retira, la deja ahí, pesada y posesiva, acariciando la seda del vestido con el pulgar. Mi marido pasea la mirada por la mesa y la tensión asesina se disipa, dando paso a una especia de calma salvaje.
Se reclina en su silla y alza su vaso de vodka, dictando el final de la hostilidad.
— Suficiente de hablar de muertos y mierdas por hoy. Bebed, comed y disfrutar de la velada.
El ambiente, se fractura por completo con el tintineo de los vasos brindando en el aire. Todos se relajan y las risas empiezan a llenar el salón y las botellas de alcohol comienzan a vaciarse a un ritmo vertiginoso.
A medida que la noche avanza y el vodka surge su efecto, el respeto distante de los hombres se transforma en una curiosidad fascinada.
Los hombres empiezan a acercarse a mí.
Primero Dimitri.
Después Lev.
Luego Sergei.
Después Alexis.
Uno tras otro comienzan a abandonar sus asientos para presentarse ante mí. Algunos para brindar. Otros para contarme algo de Ilenko. Otros simplemente pronuncian mi nombre y me juran morir antes de verme caer.
Me relajo sobre el respaldo de la silla, aceptando los brindis con una sonrisa gélida y demasiado cómoda en mitad de este nido de lobos.
No es una cena.
Es una ceremonia de aceptación.
Miro de reojo a Ilenko, disfrutando del momento y noto como el alcohol empieza apoderarse de él, con una sonrisa que promete el infierno.
Infierno al que cada vez me gusta más pertenecer.