Indefendible (El legado de Volkov 1) 25. RUSIA
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25. RUSIA

Carry you — Ruelle

—¿A Rusia?— repito.

Me quedo helada por un instante, con el aire atrapado en los pulmones, incapaz de asimilar la velocidad a la que mi mundo está cambiando.

— Es la única opción real que tenemos para garantizar la seguridad de las dos— responde Ilenko— Cosa Nostra va a buscar a tu hermana por cielo y tierra con ese contrato de por medio. Van a limpiar cada rinconcito de este país.

Se acerca un paso más. Su presencia consume el oxigeno del despacho.

— Pero en Rusia… en mi territorio, los italianos no pondrán un solo pie si no quieren una guerra. Y si lo hacen, no saldrán vivos.

— Además, ya es el momento de que vuelva a casa y reclame de una vez mi puesto como Vor.

El peso de la palabra me golpe de lleno.

— Muévete— me ordena, rompiendo mis pensamientos.

Salimos del despacho a pasos agigantados. Me abalanzo sobre el sofá del salón y cojo a mi hermana por los hombros para obligarla a ponerse en pie. Hannah se resiste, soltando sollozos ahogados y tratando de separarse de mí.

— ¡Déjame!— suplica con la voz rota—. No me toques. Quiero irme a casa por favor. Llévame a casa con papá…

— Escúchame bien, Hannah— la digo, sujetándola el rostro con ambas manos para fijar su mirada en la mía—. No hay casa a la que volver. Ese hombre ha vendido tu vida a  la mafia italiana para pagar sus deudas. Papá te ha vendido para que te cases con el capo de la mafia italiana.

Hannah niega con la cabeza, ahogándose en sus propias lágrimas, incapaz de asimilar la verdad. El estado de shock en el que se encuentra es tan fuerte que no sé si voy a ser capaz de sacarla de él.

— Es mentira… papá nunca haría eso.

— ¡No te puedes quedar aquí!— la grito— Ilenko es el único que nos ha protegido, que nos puede ayudar. Tenemos que irnos de Nueva York. Nos vamos a  Rusia.

No se por qué, pero deja de oponer resistencia. Sus piernas flaquean y se deja arrastrar. En ese preciso instante, mientras la sujeto, me hago una promesa silenciosa: voy a matar a Michael Brown.

Por traicionarme a mí.

Por traicionar a Hannah.

Por matar a nuestra madre.

Por ser un hijo de puta sin escrúpulos.

Es una sed de sangre pura y visceral que me quema por dentro, una toxina que borra cualquier rastro de la mujer que era.

Aparece Miranda y se lleva a mi hermana. Seguidamente me incorporo, miro a Ilenko que asiente y sigo detrás de ellos.

Abandonamos el ático y bajamos al garaje subterráneo.

Nos subimos al Range Rover y el coche sale a toda velocidad, metiéndose de lleno en el tráfico de Manhattan.

Nadie dice una palabra. Se que la mete de Ilenko trabaja a toda velocidad mientras conduce, a su vez, la mía solo es capaz de maquinar la forma de destruir al que se hace llamar nuestro padre.

— No hemos cogido nada, Ilenko.

— Allí tendréis todo lo que necesitéis.— sentencia serio.

Es un muro impenetrable ahora mismo. La velocidad salvaje a la que conduce es el reflejo exacto de la tormenta que lleva dentro.

Llegamos a un aeropuerto privado de las afueras. El coche se detiene frente a un jet privado que tiene ya los motores encendidos.

—Vamos— ordena Ilenko.

Me bajo y ayudo a Miranda con Hannah a subir al avión.

Cuando entramos, el lujo del interior del avión es abrumador, peor no me detengo a observarlo.

Acomodo a mi hermana en uno de los asientos mientras Miranda la cubre con una manta y le ofrece una bebida caliente.

Observo como Hannah busca su mirada y evade la mía.

Aunque me duele, agradezco que encuentre un poco de paz en ella.

Ilenko entra el último junto a Nikolai. La puerta se sella y el avión empieza a maniobrar. Se quita la chaqueta del traje y al tira sobre uno de los asientos; luego comienza a desabrocharse la camisa, exponiendo su cuello en un gesto que activa todas mis alarmas en cuestión se segundos.

Me obligo a apartar el pensamiento de mi mente mientras me levanto y voy dónde está él echándose algo de beber y le pido que me sirva lo mismo que se está sirviendo él.

Sus ojos se encuentran con los míos.

— Esto es demasiado fuerte para ti, letrada— me indica, mientras me da una copa.

— ¿Subestimándome? — le doy un trago a la bebida, aprecio el vodka, que me quema la garganta, pero que agradezco.

— Nunca… — Hace una pausa, quedándose en silencio— pero tengo que avisarte de algo. No vas a tener un buen reconocimiento, sigues siendo la traición para la familia. Tendrás que hacerte valer y demostrar tu valía y el porqué estás a mi lado.

— ¿Tenemos que volver a fingir?

— Aunque creo que hace mucho que dejaste de fingir… esto va más allá. Tendrás que demostrar tu lealtad ante mí y la Bratva incondicionalmente y demostrar que eres capaz de llevarte a tu familia por delante por ella.

— ¿Mi …mi hermana?— pregunto con miedo.

— Si quieres mantenerla con vida deberás responder por ella.

— Lo haré. — Asiento segura. — ¿Que querrán de mí?

— Ni yo mismo lo sé, cada nuevo integrante tiene que demostrarlo de una forma y es algo que no puedo saberlo Rachel. Pero lo que si sé, es que estaré a tu lado pase lo que pase.

Me quedo mirándolo, procesando la magnitud de sus palabras. Estar a mi lado en vez del de su familia, no es un gesto romántico, realmente es una declaración e guerra contra su propia familia si yo fallo.

El avión tiene una turbulencia que provoca que tropiece hacia él, pero sus manos, rápidas y firmes, se cierran sobre mis caderas, manteniéndome anclada a él.

— ¿Por qué lo haces Ilenko? — susurro pegada a sus labios— Todo hubiera sido mucho más fácil para ti si me hubieras matado en el momento en el que diste conmigo.

Me aprieta aún más hacia él, acortando la poca distancia que ya había entre nosotros, obligándome a echar la cabeza hacia atrás. Sus ojos gélidos recorren mis labios antes de volver a mis ojos con una intensidad que provoca que me flaqueen las piernas.

— Las cosas fáciles nunca me han interesado — su pulgar acaricia la curva de mi mandíbula con fuerza, pero con ternura, hasta que me sujeta con fuerza obligándome a mirarle— Mi obsesión empezó el día que puse una bala en  mi propia lealtad para salvarte la vida, Rachel.

Ya no eres un pacto legal, ni un falso acuerdo matrimonial.

Eres mi única ley y pienso acabar con cualquiera que intente tocarte una puñetera fibra de tu piel.

Sus palabras vibran bajo mis labios. Por un instante nuestro alrededor está en silencio, ni el ruido del motor del avión, ni el miedo por mi hermana. Solo nosotros, el cazador que renuncio a su presa y la presa que empezó a amar sus cadenas.

Su aliento, me embriaga más que el vodka duro que he bebido. Me siento tan pequeña y poderosa a la vez. En un impulso intento buscar sus labios, una necesidad de sellar sus palabras con un beso. Pero sus dedos se aprietan en mi nuca, frenándome en seco.

— No — susurra, con voz firme — Ahora no.

— ¿No me deseas? — trato de tentarle.

— Deseo doblarte en este asiento y recordarte por qué llevas mi apellido — suelta con una crudeza que me golpea el vientre.— Te quiero hambrienta letrada. Y yo soy el único que decide cuándo comes.

Me suelta con un desprecio fingido, o eso quiero creer, dejándome temblando de pura necesidad en mitad del pasillo.Me cuesta procesar esta actitud de su parte tan incompresible, dice que quemaría el mundo por mí, me folla como un animal, pero luego me desplanta como si fuera un cero a la izquierda a su lado.

Me giro avergonzada y visualizo a Hannah con Miranda, está dormida y menos mal, porque una cosa es saber que deseo al hombre que ella cree que es, y otro verlo con sus propios ojos.