22. CUMPLIR EL TRATO
Do it for me — Rosenfeld
Salimos al salón dónde están los hombres de Ilenko recibiendo órdenes de Nikolai, todos cubiertos de sangre y pólvora pero enteros, como si no hubiera pasado nada. Ilenko y yo vamos de la mano y mi hermana a la derecha, aún temblando.
Nikolai se gira y nos mira brevemente. Primero a mí y luego a mi hermana, con una mirada difícil de explicar. La cuál intento descifrar, pero en ese momento aparece Miranda.
— Miranda, enseñaba su habitación — ordena Ilenko.
— No… — pide mi hermana, agarrándome con fuerza para no irse.
— Puedes confiar en ella, tranquila — la miro a los ojos tratando de darla las seguridad que necesita.
— Vamos niña, necesitas un baño.
Miranda la coge del brazo y se la lleva rechistando.
La miro por última vez, sintiéndome tremendamente culpable por haberla traído a este infierno. Si yo hubiera cumplido con mi destino, mi hermana estaría a salvo sin la Bratva pisándola los talones.
— Nos marchamos señor…— dice Nikolai.
Ilenko asiente con la cabeza. Los hombre abandonan el ático en orden a través del ascensor y nos quedamos los dos solos en el salón.
De repente, Ilenko me suelta la mano con brusquedad y se da la vuelta en dirección al pasillo de los dormitorios.
— ¿Dónde vas? — le pregunto
— A ducharme.
Me quedo en silencio observando como se marcha. La brusquedad con la que me ha soltado, todavía me escuece en la piel. Pero no voy a dejar que se encierre en su propia oscuridad.
Camino con paso silencioso, descalza, sintiendo el suelo frío bajo mis pies. Él ático esta en un silencio sepulcral. Se que debería ir a ver como está mi hermana, pero dejé de hacer lo correcto hace tiempo. Llego a la puerta de su dormitorio que ha dejado abierta y entro.
El aire de aquí dentro es distinto…. Embriagador…huele a él, a esa mezcla tan maravillosa de ámbar y tabaco que me nubla los sentidos.
Me acerco al baño. La puerta corredera de cristal está abierta, permitiendo que pueda observarle desde una esquina.
Está de espaldas bajo el agua. Sus manos están apoyadas contra la pared, los músculos de su espalda se contraen con cada respiración….el agua resbala por sus hombros, arrastrando hilos de sangre que desaparecen por el sumidero es una visión … abrumadora.
Mi cuerpo reacciona antes que mi mente, un calor líquido y punzante se instala en mi bajo vientre, haciéndome jadear en silencio.
Observo la tensión en sus glúteos perfectamente definidos, al igual que sus piernas y recorro con la mirada cada una de las cicatrices que adornan su piel.
Siento un deseo devorador, una necesidad de tocar esa piel, de sentir sus músculos bajo mis palmas. Mi respiración se acelera. Estoy observando a un depredador y asesino en la oscuridad, y lo que siento no es miedo ni nada parecido. Es un hambre voraz.
Quiero que me use, quiero que borre con su cuerpo el recuerdo de mi padre, quiero que me marque para que no quede ni un rastro de la Rachel que conoció en los juzgados.
Me muerdo el labio inferior, sintiendo cómo mi humedad me traiciona, deseando ser yo quien limpie cada rastro de ea guerra de su cuerpo.
De repente, Ilenko ladea la cabeza. No se gira, pero su postura cambia. El agua sigue golpeando su cuerpo, pero el ambiente se vuelve eléctrico.
— Deja de esconderte Rachel. Si ha venido a mirar hazlo de cerca.
Su voz corta el sonido del agua con la precisión de un cuchillo. Me quedo paralizada, con el aire atrapado en los pulmones, pero mis pies se mueven por voluntad propia. Salgo de la penumbra de la esquina y doy un paso hacia la luz del baño.
Él sigue sin girarse, pero sus dedos se hunden en las juntas de los azulejos, tensando los tendones de sus brazos.
— Tienes que contarme qué ha pasado.
Ilenko suspira profundamente, una exhalación pesada que retumba en el baño.
— Ahora no es momento de hablar, letrada. Es momento de que cumplas tus promesas.
La crudeza de sus palabras me termina de romper.
No hay romanticismo, no hay delicadeza, solo la realidad brutal de lo que somos ahora.
Camino hacia la ducha y abro la mampara de cristal.
El calor me golpea el rostro y sin dudar, entro con la ropa puesta.
Siento como mi blusa se pega a mi piel instantáneamente, volviéndose translúcida bajo el chorro de agua caliente.
Ilenko se gira.
Verlo de frente, completamente desnudo y empalmado me hace flaquear las rodillas. Su pecho es un mapa de vello mojado y cicatrices que llenan su piel. Me recorre de arriba a bajo con la mirada, deteniéndose en mis pechos que se marcan con descaro bajo el sujetador de encaje bajo la tela mojada.
Da un paso agresivo, invadiendo por completo mi espacio hasta que mi espalda choca contra los azulejos fríos. El contraste del frío de la apea y el calor abrasador de su cuerpo me hace soltar un gemido ahogado.
— Sabes que si te toco no voy a parar, sabes que no tendré cuidado.
— No quiero que lo tengas,— susurro fijando mis ojos en los suyos—. Sólo haz que todo desaparezca.
Ilenko suelta un gruñido gutural y me agarra del pelo, tirando de mi cabeza hacia atrás para exponerme el cuello.
Sus labios chocan contra los míos sin ningún tipo de delicadeza.
Una de sus manos baja con rapidez, arrancando la tela de mi falda y mis bragas de un solo tirón, mientras su dedos buscan mi humedad, encontrándomela al instante.
Mis pensamientos huyen por completo, sin dejar rastro de quien soy. Solo queda el sonido del agua a la fuerza bruta de un hombre que me reclama como si fuera lo único que le importa en este mundo en llamas a mi alrededor.
Sigue arrancándome la ropa con rabia, dejando mi piel expuesta y erizada.
Él observa un segundo, con las pupilas completamente dilatadas, devorando cada centímetro de mi pecho jadeante, antes de bajar su cuerpo con una agilidad animal.
Se arrodilla frente a mí, bajo el chorro del agua y me agarra por los muslos, obligándome a abrirme para él.
— Ilenko…— su nombre sale de mi boca como un ruego roto.
Él no responde con palabras. Sus manos tiran de mis piernas hacia arriba, acomodándolas entre sus hombros, exponiéndome por completo, a la vez que se pone de pie.
Cuando su lengua encuentra mi clítoris. El mundo desaparece.
Es una invasión feroz, rítmica y experta. Me devora con un hambre que me hacer arquear la espalda, buscando más, mientras sus dedos se entierran en mis glúteos para mantenerme fija, impidiéndome que me mueva.
Siento como el clímax empieza a formarse dentro de mí, una descarga eléctrica que me hace temblar violentamente sobre sus hombros.
Cuando estallo, el grito se me queda atrapado en la garganta.
Intento cerrar las piernas, pero al estar alrededor se su cabeza no se permite.
Sus manos me sujetan con una fuerza de hierro, manteniéndome abierta y sin dejar de lamerme, prolongando mi orgasmo con una agonía deliciosa.
Su lengua sigue ahí, implacable, obligándome a sentir cada espasmo, hasta que mis músculos duelen de puro placer.
— Por favor… basta… — suplico al borde del colapso.
Ignora mis súplicas y sale de la ducha conmigo a rastras. El agua chorrea por nuestros cuerpos al igual que mi corrida mientras atravesamos el dormitorio en penumbra hacia la enorme cama. Me tira contra el colchón sin ningún tipo de cuidado, desorientando por completo.
Él se queda al borde de la cama, con la polla completamente erecta. La luz de la oscuridad perfila su musculatura perfecta.
— De rodillas, letrada — ordena.
Me muevo mecánicamente, todavía vibrando por el orgasmo anterior, y me coloco al borde de la cama de rodillas ante él, sintiendo la mirada sobre mi nuca.
Me acerco aún más y es entonces cuando mi lengua recorre la punta de su miembro, saboreando su punta salada y el calor abrasador que que emana de su piel. Empiezo. A succionarle con lentitud, rodeando del grosor con mis labios. Saboreando cada puto instante.
Pero él no quiere lentitud.
Sus dedos se cierran con una fuerza brutal en mi pelo, enrollándolo en su puño para las profundidades de su pecho, provocando que su polla entre de lleno en mi boca.
— Abre la boca y deja de jugar joder.
Sin darme un segundo de tregua, me empuja hacia delante.
Se hunde en mi boca con una embestida seca y profunda que me golpea la garganta, provocándome una arcada violenta.
Mis ojos se llenan de lágrimas por el impacto, pero su agarre no cede ni un milímetro.
Me mantiene ahí, enterrado hasta el fondo de la garganta,.
Obligándome a sentir cada latido de su miembro contra su boca mientras mis pulmones suplican por aire.
—Aguántalo — gruñe , mientras empieza a bombear con una fuerza desalmada, ignorando mi lucha por respirar — demuéstrame que tienes los cojones de tragarte toda mi polla.
Me utiliza sin piedad, marcando un ritmo frenético que me hace gemir.c siento su tensión recorriendo sus muslos. Y como su respiración se vuelve en un rugido animal justo antes de estallar.
— Mírame. Quiero que veas de quién es lo tienes en la boca. — ordena, tirando de mi pelo hacia arriba — trágatelo todo. Ni una gota fuera pequeña.
Siento la descarga de su semen, goleándome en el fondo de la garganta a la vez que me quema. Me mantiene presionada contra él, obligándome a tragar bajo su mirada. Cuando termino, le miro y sonrío completamente lujuriosa y excitada. Pero no me da ningún respiro.
Me agarra la cara y me da un beso saboreando su propio sabor.
Baja sus manos por mi cintura y me gira sobre el colchón de un movimiento brusco, dejándome a cuatro patas con el rostro hundido en las sábanas.
Sus dedos se entierran en mis caderas cuando se posiciona detrás de mí y sin mediar palabra se hunde en mi interior de una estocada salvaje que me hace soltar un grito desgarrador.
No para, todo lo contrario, me clava en el colchón con cada embestida, una y otra vez, sin ningún tipo de delicadeza.
El dolor del impacto inicial se ha transformado en un placer abrasador, una necesidad eléctrica que me recorre la columna.
No puedo evitarlo más. Agarro con fuerza las sábanas con los puños y arqueo la espalda.
— ¡Ilenko! — grito un gemido agudo y desesperado que rebota en las paredes del dormitorio — ¡No pares! ¡ Más fuerte por favor!
Él suelta un gruñido al oírme, como si mis gritos fueran el combustible que necesitaba para terminar de perder el control.
Siento su mano bajando por mi espalda hasta apretar mi garganta con la fuerza justa para que el placer se vuelva más agónico, mientras su otra mano me agarra de la cadera para hundirse todavía más profundo en mí.
— Eso es. Suplícame— ruge contra mí — Dámelo todo. No te guardes nada. Quiero oír como te rompes. Quiero que todo este puto edifico sepa que eres mía.
— ¡Soy tuya joder! — las primeras oleadas del orgasmo empiezan a sacudirme — ¡haz lo que quieras conmigo, pero no pares!
— No pienso hacerlo.
El ritmo se vuelve frenético, casi inhumano.
Me folla con una furia que me deja sin aire, sus embestidas son tan profundas que siento que esta intentando marcar su nombre en mi útero.
Mi visión se nubla, el sudor nos pega los cuerpos en un roce constante.
Y entonces tengo un breve momento de lucidez.
— Es…estoy ovulando Ilenko… no puedes …— trato de decir.
— Claro que puedo. — impone. — grita más fuerte Rachel. Enséñame que solo existo yo.
Mis espasmos se vuelven violentos, mis músculos se contraen alrededor de él de una forma que me hace perder el sentido de la realidad.
Ilenko suelta un último gemido, hundiéndose en mi una última vez con una fuerza que me desplaza sobre la cama, mientras ambos estallamos en un clímax que sabe a una libertad oscura que sólo él ha sabido darme.