21. A MI LADO
Rule the world — Zayded Wolf
— ¡RACHEL!
El grito desgarrador de Hannah rompe el silencio del ático como un cristal estrellándose contra el suelo. Mi corazón se detiene un instante.
Salgo del despacho a toda prisa. En el centro del salón me encuentro a mi hermana de pie, temblando y los ojos rojos de llorar.
Me lanzo hacia ella y la rodeo con los brazos, pegándola a mi pecho en un esfuerzo desesperado por calmarla.
Pero sus sollozos son incontrolables. Se aferra a mi chaqueta con los nudillos blancos, como si yo fuera la última isla flotante en medio de un naufragio.
Siento sus espasmos, su terror helado en mi piel.
Una parte de mí se rompe en mil pedazos al verla así.
— ¡Rachel por favor! ¡ Tenemos que salir de aquí! — suplica — Este hombre …ese hombre ha matado al conductor del coche en el que yo iba. Había sangre por todas partes, Rachel…
— Hannah, escúchame — le susurro, apretándola más contra mí — Estás a salvo aquí. Estás conmigo. No te va a pasar nada.
Ella se separa unos centímetros, mirándome con una mezcla de confusión y reproche. Sus ojos se fijan en mis manos, y luego recorren el lujo silencioso del ático.
— ¿A salvo? Rachel , estás en casa de un asesino — me dice retrocediendo, mientras sus manos tiemblan violentamente — Papá me dijo que te tenía retenida, que te obligó a casarte con él para castigarnos. Me dijo que no debía acercarme a ti porque él te había corrompido ….
— Papá nos mintió, Hannah— la corto. Mi voz suena con una dureza tajante, que ni yo misma reconozco— nos ha mentido durante todos estos años. Cada día de nuestra vida.
— No….— balbucea, negando con la cabeza.
— Sí—insisto, dando un paso hacia ella—. Piénsalo por un segundo. ¿Por qué iba Ilenko a casarse conmigo por castigo si yo fui la que lo sacó de la cárcel? No tiene sentido. Nos ha utilizado, Hannah. Papá nos ha estado engañando sobre quién es, sobre quién era mamá y de dónde ha sacado su dinero.
Hannah se queda inmóvil durante un segundo, clavando sus ojos en los míos, tratando de buscar algún tipo de explicación que su cabeza pueda comprender.
En ese instante mi mirada se desvía por encima de su hombro.
Ilenko. No ha pronunciado palabra desde que ha entrado, pero su presencia inunda la instancia.
Sigue con su traje, pero la camisa blanca está abierta en el cuello, salpicada de manchas rojas e irregulares.
El olor a pólvora, lluvia y sangre fresca se expande por el salón.
— No hemos sido los únicos que han ido a por ella — dice Ilenko, dando un paso hacia mí.
Me separo definitivamente de mi hermana. Ella nota el cambio de mi postura. Me mira horrorizada mientras doy un paso hacia el hombre que ella considera un monstruo.
— ¿Quien? — pregunto.
— Cosa Nostra — responde él, clavando sus ojos azules fríos y penetrantes en los míos —. Tenían órdenes de ir a por ella antes de que mi equipo llegara. Averiguaré que mierda de pacto hay detrás pero…
Doy otro paso, acortando la distancia con velocidad. Mi mano se levanta de forma instintiva, queriendo averiguar de quien es esa sangre que corre por su cuello. Hannah suelta un gemido de puro espanto al ver, que no le tengo miedo. Que es una fascinación oscura.
— Gracias por traerla— le digo a Ilenko, ignorando por completo los jadeos de mi hermana—. Todo lo que quieras de mí es tuyo.
Ilenko me sostiene la mirada mientras su mano, rodea mi cintura con una posesividad brutal que me corta el aire, pegándome a su costado.
— ¡TE HAS VUELTO LOCA! — grita Hannah mirándome a mí— Eres una de ellos. ¡Formas parte de todo esto Rachel!
Ilenko ni se inmuta ante los gritos. Mete la mano en el bolsillo de su americana, saca un teléfono móvil con la pantalla resquebrajada y manchada de sangre seca, y me lo tiende.
En la pantalla hay una vista previa de un mensaje enviado hace apenas unas horas.
El remitente es nuestro padre: «Contrato firmado».
Antes de que pueda procesarlo, el teléfono personal de Ilenko vibra en su chaqueta. Responde al primer segundo, pegándolo a su oreja sin soltarme la cintura.
—Dime.
—Señor, hay movimiento alrededor— la voz de Nikolai suena distorsionada por la interferencia.
Ilenko cuelga de inmediato. Sin perder un solo segundo saca su arma y la carga con un chasquido seco y metálico que retumba en el salón.
— Rachel, lleva a tu hermana al despacho, la puerta esta blindada — dice mirándome a los ojos, con una calma letal— bloquea la puerta, la contraseña es 190598. No salgas hasta que yo te avise.
Asiento. Me pongo en movimiento cogiendo a mi hermana, que rechista y se resiste a más no poder.
Nos encerramos en el ático y meto la contraseña.
Me doy cuenta de que es la fecha de mi cumpleaños y me hace sonreír.
Pero la sonrisa se me borra en el mismo segundo que veo a mi hermana arrinconada en una esquina alejándose todo lo que puede de mí.
— Déjame que te explique….— intento acercarme a ella pero se pega a la pared.
No insisto, pero continúo, hablando rápido, sin darle tregua a su pánico.
— Nuestro padre trabajaba para la Bratva y se enamoró de la mujer más importante de la Mafia Rusa. Una de los altos cargos de la organización, nuestra madre.
— No….— niega sin querer escucharme.
— ¡ESCÚCHAME JODER! — la grito, perdiendo por completo la paciencia mientras ella se tapa los oídos.
— ¡Él permitió que la mataran! La vendió a la Cosa Nostra a cambio de veinte millones de dólares para levantar el bufete y el imperio con el que nos ha criado.
¡Pagó nuestra vida de lujos con el contrato de ejecución de nuestra propia madre!
¡Lleva teniendo nexos con la mafia años y nosotras estábamos en medio de todo eso!
— ¡Eso es mentira! — dice con rabia.
— El coche que te ha recogido hoy, no era un simple Uber Hannah — le digo, señalando las hojas encima de la mesa de madera—. Mira esto.
Cojo la carpeta que he examinado hace un rato y le pongo los documentos frente a sus ojos. Son los informes con las cuentas, las transferencias y el desglose del acuerdo la Cosa Nostra. Por último le enseño el informe del forense de la muerte de mamá.
— Iban a por ti. La Cosa Nostra iba a usar tu vida como moneda de cambio para saldar la deuda que papá volvió a negociar. Ilenko a mí me salvó de la rusa porque la muerte de mamá implicaba una deuda de sangre, y esa era yo. Ilenko te ha salvado la vida, porque yo se lo pedí.
Hannah mira los papeles con las manos temblorosas. Sus ojos recorren las hojas y la firma inconfundible de nuestro padre. Se que busca desesperadamente algún fallo, cualquier detalle que la devuelta la realidad segura de leo que conocía. Pero no hay nada.
— No puede ser…— susurra, esta vez sin rabia, con la voz rota. Se desliza por la pared hasta quedar en el suelo, con la cabeza entre las rodillas— Él dijo que nos habías traicionado….
— El que nos traicionó desde el momento que nacimos fue él. Papá solo buscaba hacer dinero sin importarle a quién se llevara por delante.
—¿Cómo puedes hablar así? — dice Hannah de golpe levantando la cabeza de entre sus rodillas y mirándome con una mezcla de dolor y pánico que me atraviesa el pecho—.
Hablas de todo esto con una frialdad que da miedo, como si no te importara…
lo defiendes a él ¿Qué te ha hecho ese hombre?
¿Qué te ha dado para que prefieras estar a su lado antes que con tu propia familia?
— ¡NUESTRA FAMILIA ES UNA PUTA MENTIRA, HANNAH! — la grito perdiendo los papeles por completo mientras la rabia me abrasa la garganta
— ¿Qué me ha dado? Me ha dado la verdad.
Me ha dado un nombre que no está manchado por los crímenes y la hipocresía de papá.
Él me mira y ve a una mujer capaz de todo, no a una niña que hay que ocultarle que su madre fue asesinada por su propio marido.
No una niña que necesita casarse con un hombre para poder triunfar en la vida… .
Me arrodillo, frente a ella, agarrándola por los hombros para que me mire.
— Si Ilenko no llega a aparecer en mi vida, Hannah, yo estaría muerta y tú tarde o temprano. Y papá le echaría la culpa a la delincuencia de la ciudad, lloraría en tu funeral y luego seguiría haciendo negocios con la mafia para seguir montando su imperio indestructible.
Hannah me mira y por primera vez, el odio en sus ojos empieza a apagarse. El velo se ha caído y lo que queda debajo es una herida abierta e imposible de cerrar.
— No puedo creerme nada de esto.
Miro hacia la puerta. El silencio empieza a ganar terreno a los disparos de fuera.
—No te estoy pidiendo que me creas. Ojalá pudiera decirte que esto es una locura. Ojalá pudiera decirte que él me ha lavado la cabeza. Pero lo he visto todo.
—No somos nada Hannah. Somos dos personas que han sobrevivido a su propia familia. Para nuestro padre éramos solo una moneda de cambio para él. Ahora nos queda a nosotras decidir si nos quedamos ,llorando o si aceptamos la mano del único hombre que está dispuesto a todo por nosotras.
El silencio de fuera se vuelve absoluto y entonces se abre la puerta de la habitación. Ilenko.
Su figura recorta el umbral, con la camisa blanca llena de sangre y los nudillos abiertos en heridas. Sus ojos azules recorren la habitación hasta detenerse en los míos. Baja la mirada hacia la pistola que aún empuño y una sombra de orgullo, una sonrisa casi imperceptible y feroz, cruza su rostro.
— Se acabó. — Dice con voz ronca, extendiendo la mano hacia mí.
La tomo sin dudar y cruzo el umbral de la habitación.
Detrás de mí, Hannah rompe a llorar.
Delante de mí está el hombre que se está manchando las manos de sangre por salvarme.
Sé que la guerra no ha hecho más que empezar.