Indefendible (El legado de Volkov 1) 19. MONEDA DE SANGRE
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19. MONEDA DE SANGRE

Body — Rosenfeld

Sus palabras siguen retumbando en el aire de la habitación con la fuerza de un disparo a bocajarro.«Van a tener que arrodillarse ante la mujer que convirtió a su verdugo en el hombre que quema el mundo para que tú reines»

Su aliento me quema la piel, y sus manos, firmes e implacables sobre mi nuca, son la única ancla que me impide colapsar.

El zumbido de los ordenadores se siente como un enjambre de abejas dentro de mi cabeza.

Las imágenes de mi propia vida siguen parpadeando en las pantallas, pero ya no me importa mi intimidad violada.

No sé por que, pero confío en lo que me dice, en que no va a hacer daño.

En que, a su lado, estoy a salvo.

Pero hay algo que me quema la garganta, más ácida aún que el dolor de haber vidi una mentira. Un pensamiento helado que me atraviesa el pecho y hace que el pánico suplante a la rabia y al dolor de la traición.

Me separo de él de golpe y me planto frente a su imponente cuerpo. Me saca más de una cabeza y es mínimo el doble que yo. Pero no retrocedo, nunca lo haré.

Le clavo la mirada buscando al hombre detrás del asesino del que me habla. Las piezas empiezan a encargar en mi cabeza. El coche siguiéndonos, el matrimonio…

— Si yo era el objetivo inicial… si el matrimonio era para blindarme protección. — Mi voz sale firme, aunque por dentro me estoy rompiendo en pedazos.—Hannah…¿irán a por ella verdad?

Ilenko asiente con una gravedad que me hiela la sangre. No hay burla en su rostro, solo la fría honestidad de un hombre que conoce las reglas de su mundo.

— Mi familia no entiende de justicia. Entiende de equilibrios. Al sacarte a ti del mapa casándote conmigo, ella es la siguiente cabeza que debe rodar para cobrar la deuda de tu padre.

— Tienes que protegerla. Si de verdad te importo o te obsesiono o cómo coño digas tienes que protegerla Ilenko ,joder. — le grito, golpeando su pecho con todas mis fuerzas, descargando toda la rabia de una vida construida sobre mentiras.

Él no se inmuta ante mis golpes. Me deja desahogarme antes de atrapar mis muñecas con una sola mano, inmovilizándome contra su cuerpo.

— Ya lo estoy haciendo Rachel. ¿Crees que dejaría el flanco de tu hermana abierto sabiendo el daño que te harían?

Me quedo quieta jadeando, mirándolo a través de las lágrimas que me inundan.

Él suelta mi muñecas y vuelve a señalar a las pantallas.

Con un movimiento rápido amplía una toma que no había visto antes.

Es el portal del apartamento de Hannah. Dos hombres apostados en un coche gris, fingiendo leer el periódico.

Pero sus ojos realmente no se despegan de la entrada.

— Ellos no son de la Bratva. Son mis hombres. Hannah lleva una escolta invisible desde el minuto en el que firmaste el matrimonio.

Suspiro de alivio, casi doloroso, se me escapa del pecho.

— Pero escúchame bien; protegerla tiene un precio— me advierte, clavando sus ojos azules en los míos—. Sacarla de la calle significa traerla a mi mundo, significa que ella también tendrá que saber toda la verdad y dejar de ser una civil para ser una mujer de la Bratva. Como tú.

Trato de procesar la magnitud de sus palabras. Acepto que pertenezco a una red de delincuencia, la más peligrosa, pero no puedo permitirme parar a pensar en nada de esto. Nada es importante al lado de la seguridad de mi hermana. Joder.

— Tráela — digo con fuerza.

Ilenko saca el teléfono y habla en ruso mientras me observa con intensidad. Sabe lo que está pasando por mi mente.

Si Hannah cruza este umbral se acaba para ella. Ya no habría más mañanas de universidad, ni exámenes ni un futuro brillante.

Al traerla aquí estoy convirtiendo en una criminal. La estoy arrastrando al mismo pozo de sombras donde yo he caído, marcándola para siempre con un nombre del que supuestamente mi padre trató de huir.

— Será uno de los nuestros. Será una criminal, sin libertad, sin opciones de decidir su vida…

— Su libertad era una ilusión que tarde o temprano iba a terminar.

— me corrige él, acortando de nuevo la distancia hasta que sus  labios rozan mi frente — no la estás convirtiendo en criminal; le estás quitando la diana de la espalda.

En este mundo, o eres la mano que sostiene el arma o eres el cuerpo que recibe la bala.

Aprieto los puños. Me doy cuenta de que pertenecemos a la Bratva y es un contrato que no se puede rescindir.

Es una renuncia a nuestra vida total. A partir de ahora responderemos ante él.

Nuestra lealtad no nos pertenece a nuestra capacidad de decisión, si no a este hombre que me ha vigilado durante años por culpa de los pecados de mi padre.

— Júrame que nadie la tocará.

Ilenko esboza una sonrisa lenta, una que marca su victoria absoluta sobre mi moralidad.

— Por ella mataré a quien sea necesario, Rachel, pero por ti…  — su voz baja a un susurro letal que se me clava en el pecho — por ti caminaría sobre los cadáveres de mi propia estirpe solo para recordarte que me importa una puta mierda el mundo si tu no estás en él.

Se separa apenas unos milímetros, los justo para que mi respiración choque contra sus labios, sellando un pacto que no se ha escrito con tinta.

Ya no hay vuelta atrás. Ha dejado de ser la abogada que buscaba justicia para convertirme en la mujer que vive para la mafia.

Y lo más aterrador no  es que él estar dispuesto a destruir su familia por mí, sino que por primera vez en mi vida, estoy más que dispuesta a hacer esto, y no por miedo. Sino por ganas.

Si el mundo tiene que arder para que Hannah y yo sigamos vivas, que así sea. Yo misma le daré las cerillas.