18. SECRETOS
Control -Halsey
Salimos del coche en un silencio denso, de esos que piensan en el aire hasta volverlo irrespirable.
Camino tratando de gestionar la batalla campal que se libra en mi cabeza; por un lado, la razón no deja de encender alarmas de peligro; pero por otro, la adicción oscura y salvaje que Ilenko despierta en mí me arrastra directamente hacia él.
Nos adentramos en un edificio de fachadas oscuras, un bloque imponente y sin rótulos en mitad de Manhattan.
El vestíbulo está lleno de hombres de trajes impolutos, con cicatrices visibles y nudillos marcados que gritan violencia.
Ilenko me coge de la mano. Intento soltarme, pero su agarre es de acero.
— No dices nada — me dice cuando nos adentramos en el ascensor.
— Eres tú el que tiene que hablar — sentencio, con rabia y a la vez con una pizca de deseo que late en mi interior—. Prometiste respuestas.
Él no responde, solo clava sus ojos azules en el indicador de plantas. Al abrirse las puertas en su piso superior, salimos a un recibidor donde de inmediato se detienen todas las conversaciones y las miradas se dirigen hacia nosotros.
Un hombre rubio y rapado, con una gran cicatriz de la frente a la mejilla se acerca a nosotros. Y me resulta tremendamente aterrador.
— Señor — dice, haciendo una leve inclinación de cabeza.
— Nikolai — responde Ilenko — .Rachel, él es mi mano derecha en todo esto. Puedes confiar en él a ciegas. Todo lo que necesites cuando yo no esté el te lo dará.
— ¿Confiar?— dejo escapar una carcajada seca, arqueando una ceja—. ¿Cómo en ti?
Nikolai aprieta los labios para contener una mueca de diversión ante mi contestación, pero Ilenko le dedica una mirada tan letal que el hombre se pone rígido al instante, recuperando su seriedad.
— La sala de control está lista, señor— informa.
Iilenko apoya la llama de su mano en la curva de mi espalda, invitándome a avanzar. El calor de su tacto me atraviesa la ropa. Siento que camino directa a la boca del lobo, pero mi sed de verdad es infinitamente mayor que el miedo.
Nikolai teclea un código en un panel táctil junto a una puerta blindada.
Al abrirse, me congelo. Frente a nosotros se despliega un centro de mando con decenas de pantallas de alta definición cubriendo las paredes, proyectando imágenes en tiempo real de Manhattan, Brooklyn, los accesos a los tribunales de Kings Country, parkings y avenidas principales.
Tiene los ojos puestos en toda la ciudad.
— Vete. — le dice Ilenko a Nikolai.
La puerta se cierra a nuestra espalda. El zumbido constante de los ordenadores parece ensordecedor en el silencio que se ha instalado entre nosotros. Ilenko se acerca a la consola central y sus dedos vuelan sobre el teclado.
— Mira — dice con voz ronca.
En los monitores principales, las calles de Nueva York se desvanecen para dar paso a un plano interior.
Es mi salón. El sofá, la mesa de centro…
cambia la toma tocando una tecla y aparece mi dormitorio.
La cámara enfoca mi vestidor y me veo a mí misma, frente al espejo, vistiendo solo un conjunto de encaje negro.
La vergüenza y rabia sube por mis mejillas. Él ya ha visto cada centímetro de mi piel, me ha tenido desnuda bajo su cuerpo, pero ver esa vulnerabilidad proyectada en la pantalla me rompe por dentro.
— ¿Qué es esto? — susurro, sintiendo un escalofrío que me recorre la columna.
—Tu vida, Rachel — responde, con absoluta frialdad, sin retirar los ojos de la pantalla.
— ¿Desde cuando llevas haciendo esto? — le miro con las lágrimas en los ojos. Una cosa es que me lo diga, y otra, es verlo con mis propios ojos.
— Desde que tu padre decidió que su prestigio valía más que su lealtad, Rachel— dice con calma — Hay cosas de mí que necesitas saber. Yo no soy un simple criminal ni un hombre con negocios oscuros. Soy el heredero y la cabeza de la Bratva en Nueva York. La mafia rusa.
El impacto de sus palabras hace que la sangre deje de fluir por mis venas.
—¿La…mafia rusa?— musito, intentando dar un paso hacia atrás en la habitación.
— Así es. Y la razón por la que he controlado cada uno de tus pasos tiene nombre y apellidos: Michaels Brown — continúa, dando un paso firme hacia mí—.
¿De verdad creías que el bufete de tu padre se levantó a base de horas extra y ética profesional?
Tu padre es un desgraciado. Durante vente años, fue el mayor activo financiero de mi familia.
Usaba su firma de abogados para blanquear nuestro dinero y blindar las operaciones legales de la Bratva en Nueva York.
Trato de asimilar la información, pero las piezas chocan con violencia en mi cabeza.
— Cuando la mafia italiana apretó las tuercas en Sicilia, tu padre se acobardo.
Creyó que podría jugar a dos bandas. Michaels se casó con tu madre sabiendo perfectamente quién era ella.
Tu madre no era una mujer cualquiera. Era la mente financiera y la figura más respetada de la Bratva, la mano derecha de mi padre.
Era la mujer más protegida y seguida de la organización.
— ¿Mi…madre? — susurro, sintiendo que el suelo desaparece bajo mis pies.
— Michaels sedujo a la mujer más poderosa de nuestro imperio para construir su bufete sobre los cimientos de la Bratva.
Se aceptó el matrimonio porque ella estaba embarazada de ti.
No quedaba otra. Y cuando los italianos apretaron, cometió la mayor aberración posible: para comprar su propia libertad y cerrar un pacto con los clanes italianos, que iban a darle mucho más dinero que nosotros, la entregó.
Vendió a la reina de la Bratva por dinero y para su cuello.
Y no contento con eso, entregó todos los secretos de la organización.
—Un accidente de coche…— mi voz salen un pequeño hilo, rota por la incredulidad—. Mi padre me dijo que mi madre murió en un accidente de tráfico cuando yo era una niña.
El acorta la distancia. Mis muslos chocan contra los suyos.
— Todas las miradas de la familia estaban puestas en ti.
Eras el blanco. Al vender a un miembro de la Bratva a los italianos para que la mataran, la ley de nuestra familia era clara; una deuda de esa magnitud solo se paga con sangre.
Y la forma más devastadora de destruir a tu padre era arrancar de raíz lo que supuestamente él más quería, devolviéndome el golpe donde más le doliera en sus hijas.
Mi orden era vigilarte, encontrar cada uno de tus puntos débiles y esperar el momento justo para acabar contigo.
Pero los años pasaron, y mi obsesión cambió.
Empecé buscando la forma de destruirte y termine convirtiéndome en el único muro para evitar que nadie lo hiciera.
De repente un frío me cala los huesos cuando finalmente me doy cuenta de que Ilenko quería acabar conmigo desde el principio, no se cuando eso cambió pero quería matarme.
Era una sentencia de muerte que él mismo debía ejecutar. Retrocedo un paso, pero mi espalda choca aún más con la pared helada.
— Me vigilabas esperando el momento de matarme — susurro y mi voz suena rota — me estudiaste como una verdadera presa y me has tenido en tus manos. Sabías perfectamente lo que estabas haciendo conmigo…
Ilenko no se mueve. Su mirada azul, es un muro infranqueable.
— Te estudié hasta que conocí cada uno de tus miedos, cada uno de tus puntos débiles y también cada una de tus fortalezas— su voz suena como un rugido — mi orden era destruir al activo mas valioso de los Brown. La traición de tu padre solo se perdona con la muerte.
El da un paso más, acortando el escaso aire que nos separa, su mano sube por mi cuello hasta enredarse en mi pelo. Debería aterrorizarme. Pero no lo hace.
— Dejé de ver una diana en tu pecho. Mi obsesión cambió Rachel. No se cuando pero pasé de buscarte para matarte hasta buscar a aquellos que se acercaban a ti hasta matarlos si alguien se atrevía a ponerte una mano encima. Era algo más oscuro, la necesidad de que fueras mía, de tenerte en mi poder.
Sus ojos brillan con una intensidad que me obliga a sostenerle la mirada.
— Te convertiste en mi única prioridad y cuando finalmente te tuve delante en esa celda, fui consciente de una sed que nunca iba a ser capaz del saciar.
Se inclina, rozando mi oreja con sus labios y su caliente aliento hace que me estremezca.
— No te equivoques, sigo siendo el asesino que conoces pero con otros objetivos. Sigo siendo el hombre que te ha vigilado cada día de tu vida. El que te ha arrastrado a su infierno. Pero ahora… eres la reina y nadie, absolutamente nadie te sacará de mi lado.
Un choque violento se produce en mi cabeza.
Las lágrimas de rabia y dolor se acumulan, pero me las trago.
Toda mi vida llorando sobre una tumba, construyendo mi independencia sobre el luto de un accidente que nunca ocurrió, mientras Michaels Brown cobraba su cheque y cerraba trato con los criminales con los que teníamos que luchar.
— Me dejaste crecer para luego aniquilarme. Me dejaste crecer mientras me observabas como a tu puta presa.
Le encaro, apoyando las manos contra su pecho para frenar la asfixiante cercanía de su cuerpo.
—Te dejé crecer hasta que te convertiste en las mujer capaz de sostener este imperio.
Hasta que me obsesioné contigo de una manera que no soy capaz de explicar.
— responde sin inmutarse— Tu padre creyó que con el supuesto accidente borraría la deuda con la Brava.
Pero las deudas de sangre no se apagan con mentiras Rachel.
Se inclina hacia mí y sus labios rozan la comisura de los míos. El roce me quema.
Odio la forma en que mi cuerpo responde a su presencia, pero la mentira de mi vida acaba de despertar algo letal en mí.
— No te busque para salvarte, te busqué para destruirte.
Pero termine convirtiéndome en el único demonio dispuesto a masacrar a cualquiera que intente tocarte.
Si el mundo exige tu sangre para saldar la deuda de tu padre…
le enseñaré al mundo que yo no obedezco sus leyes, yo soy quien las ejecuta.
No van a tocarte, letrada. Van a tener que arrodillarse ante la mujer que convirtió a su verdugo en el hombre que quema el mundo para que tu reines.