13. LA HORA DE LA VERDAD
Seven Devils — Florence + The Machine
El aire del garaje, frío y con olor a gasolina, me golpea la cara, pero no lo suficiente para borrar el rastro de sus dedos en mi muslo.
Camino con las piernas temblando, haciendo resonar los tacones y agradeciendo que la falda del traje sea lo suficientemente larga como para ocultar el desastre que tengo en mis bragas.
Un Bentley negro brillante nos espera con el motor en marcha.
Un hombre, alto con la cara cruzada por una cicatriz que le da un aspecto aterrador, mantiene la puerta trasera abierta.
Se inclina con un gesto de saludo y me subo al coche intentando recuperar la compostura, deslizándome por el cuero del asiento hasta el rincón más alejado.
Ilenko entra después de entablar una breve conversación con el conductor. Su presencia llena el coche de inmediato. No me mira. Saca su teléfono y empieza a teclear con una calma que me enfurece.
¿Cómo puede actuar como si acabara de meter su mano bajo mi falda? ¿Cómo puede estar tan tranquilo mientras yo siento que voy a estallar?
— No vuelvas a hacer eso — susurro, mirando por la ventanilla mientras salimos del edificio.
—¿Hacer qué exactamente, Rachel? — pregunta él sin apartar la vista de la pantalla.
— Tocarme así.
Él suelta un suspiro corto, haciendo un amago de risa y guarda el teléfono. Se gira hacia mí, invadiendo de nuevo mi espacio. Extiende la mano y sus dedos se anclan en mi mandíbula obligándome a mirarle, pero su roce, en vez de enfadarme por la posesión de este, me quema.
— No seas hipócrita, pequeña — dice con una voz tan baja que es casi un rugido —.En vez de pedirme que no lo haga, ¿por qué no tienes el valor de pedirme lo que de verdad quieres de mi?
Mi respiración se corta. Sus dedos bajan por mi mandíbula hasta mi cuello; lo agarra con firmeza y me atrae hacia él.
— He visto cómo me mirabas en el gimnasio.
He visto cómo te tocabas después, lo cual provocó que tuviera que tocarme yo.
He sentido cómo temblabas bajo mis dedos hace un minuto.
— continúa, acortando la distancia hasta que sus labios rozan los míos al hablar —.
Deja de esconderte por desear al villano.
Los dos sabemos que esa lencería no la llevas porque era lo único que había; la llevas porque quieres que sea yo quien te la quite. Así que pídemelo.
Me quedo paralizada, con los labios entre abiertos, completamente perdida en sus ojos y su agarre, incapaz de negar la verdad que arde entre nosotros.
— No… — consigo articular.
— Eso pensaba. — Me suelta de inmediato mientras el coche frena frente al juzgado —.
el coraje lo sacas solo cuando te interesa y, eso es un problema, Rachel.
Ahora límpiate esa mirada de deseo en la cara.
Baja del coche agarrada a mi y actúa como la mujer de un Volkov, que es lo que eres ahora.
Tenemos una vista que ganar y no voy a permitir que tu lujuria nos haga perder el tiempo.
Se aparta y abre la puerta. El caos de los flashes y los gritos de la prensa me golpea de lleno. Ilenko sale primero, recuperando su máscara de frialdad absoluta y me extiende la mano. La cojo y salimos del coche camino a las escaleras del juzgado.
Mi mente va a toda hostia, pero se frena en seco cuando me encuentro a mi padre y a mi hermana de pie, mirándome ojipláticos desde arriba.
El sonido de los flashes se vuelve un zumbido lejano.
Todo el ruido de la prensa de Nueva York desaparece, dejando solo el eco de mis latidos.
Ambos me miran, pero mi hermana, con los ojos empañados, no puede creerse que la mujer que camina del brazo del asesino es la misma Rachel que la ayudaba con los deberes.
Siento que Ilenko aprieta su mano sobre la mía. No es un gesto de cariño. Es un recordatorio, una orden silenciosa.
— No flaquees ahora — me susurra al oído. Su mirada al frente y a las cámaras es pura arrogancia, mientras la mía es de terror absoluto al darme cuenta de todo lo que acabo de perder.
Subimos los peldaños uno a uno. Al llegar frente a ellos, el silencio es sepulcral, una burbuja de dolor en medio del caos.
La mirada de mi padre se congela en algo que hace que mis alarmas se enciendan. No me mira a mí, le mira a él. Hay una intensidad enfermiza en sus ojos, un pánico tan especifico y obvio que no encaja con una simple reputación. Es como si estuviera viviendo una pesadilla.
— ¿Rachel? — La voz de mi padre suena como un cristal rompiéndose — ¿Qué significa esto? He visto la prensa esta mañana…
Miro a Ilenko. Él no se intimida. Da un paso adelante, apretándome a su costado, y extiende una mano hacia mi padre con una seguridad insultante.
— Señor Brown, entiendo que la noticia hay sido… repentina — dice Ilenko, y su voz no muestra ni un ápice de la lujuria que había hace un momento, si no de muro de acero—. Pero Rachel y yo no podíamos esperar. Cuando encuentras lo que buscas, las formalidades sobran.
— ¿Te ha obligado? – me coge por los hombros, con un pánico que me atraviesa.
Siento el calor de Ilenko a mi espalda. Siento el encaje de las medias mordiendo mis muslos. Mi mente grita «ayúdame» , pero mi voz, entrenada, pronuncia la mentira que él ha dictado:
— Nadie me ha obligado, papá — digo, y me sorprende la firmeza de mi propia voz — Ilenko es… todo lo que necesito— Realmente no miento — tenemos que entrar, la vista empieza en cinco minutos.
Me giro antes de ver su reacción. Mi hermana esta completamente en silencio. Obligo a Ilenko a caminar hacia las puertas dobles del tribunal. Una vez dentro, me suelto de su agarre como si su piel me quemara.
— Eres un puto monstruo — siseo, con rabia con las lágrimas luchando por salir.
— Soy el monstruo que te mantiene fuera del peligro ahora mismo, pequeña.
— Esa palabra otra vez. La primera vez en el coche pasó por encima de mi indignación si dejar rastro, pero ahora con mi padre y mi hermana mirándome como si fuera una jodida desconocida, me golpea con fuerza.
Me odio por la punzada de seguridad que me siento al escucharlo.
— Y ahora, por lo que le acabas de decir a tu padre, pareces una actriz excelente. Así que haz tu trabajo.
Antes de entrar en la sala, mi padre vuelve a cogerme del brazo, con el rostro encendido con una furia que rara vez he visto.
— No sabes lo que has hecho, Rachel — gruñe mi padre, con el rostro encendido por una furia que rara vez he visto — .
Has tirado tu vida a la basura.Has arruinado el apellido Brown por el de un asesino.has firmado tu propia sentencia.
Te has unido aquello de lo que siempre hemos huido… No te imaginas…
Doy un paso al frente. La rabia me quema por dentro, pero en lugar de encogerme, me yergo con fuerza. Le sostengo la mirada a mi padre, sintiendo cómo el miedo se transforma en puro veneno.
— No me hables a mí de decepciones papá— le corto, co una voz tan afilada que hace que se quede helado—. No he sido yo la que ha estado jugando a dos bandas. No he sido yo la que ha trabajado para el otro lado de la ley a espaldas de esta familia.
Mi padre palidece al instante. La barbilla le tiembla un segundo, desarmado por el golpe directo.
Ilenko suelta una carcajada seca, un sonido que corta el aire con una cuchilla. Me aprieta aún mas contra su costado y esta vez no me suelto.
— Al contrario, Michaels — interviene Ilenko — .Debería darme las gracias. Porque gracia a mí, su querida hija no va a ser acusada de traición y ocultación a la justifica, ni perseguida de por vida…
Mi padre palidece. Intenta hablar, pero Ilenko no le da tregua; le dedica una mirada que hace que mi padre se estremezca.
— Es curioso que me llame delincuente a mí — continúa Ilenko — especialmente teniendo en cuenta que usted le abrió las puertas de la casa de su propia hija al hombre que, en teoría, era el mejor partido para ella.
Usted mismo le ordenó que dejara allí esa mierda de flores.
Ridículas y baratas, por cierto. Todo para que ella pensara que un asesino iba tras sus pasos y abandonara el caso.
Mi padre intenta interrumpirlo, pero Ilenko le corta con un gesto de desprecio absoluto. A mi lado, el aire parece haberse evaporado. Me quedo paralizada, con el puso errático, al darme cuenta de la escala milimétrica con la que este hombre conoce cada rincón de mi vida.
— Querían que ella perdiera el juicio, que yo terminara bajo rejas y que Rachel, humillada, y sin carrera, terminara casada con su marioneta para apartarla del camino.
Pero no contaban con algo, Brown…. La mente brillante y el talento de su hija.
No estaban preparados para que ella ganara ese juicio imposible y mandara todos tus jodidos planes a la mierda.
El silencio de mi padre es ensordecedor. Su rostro muestra la grieta de la derrota. Miro a Ilenko y luego a mi padre sopesando la magnitud de la traición. No sólo quería controlarme, querían que fracasara. Mi propio padre apostó contra mi brillantez para poder dominarme.
Pero Ilenko conocía todos su planes y los pudo sabotear desde la cárcel, él también me ha manipulado, para jugar contra él, yo solo era la maldita pieza del juego.
— Así que, como el plan de la pobre niña derrotada no funcionó — sigue Ilenko, bajando la voz a un susurro peligroso — ahora intentan juzgarla a ella.
Intentan arrastrarla de nuevo a este juzgado para recuperarla por la fuerza, sabiendo perfectamente que ya es tarde.
Que ya no pueden hacer nada, que hace mucho tiempo que perdió a su hija.
Y eso usted ya lo sabía, porque tampoco le importaba.
Siento un vacío gélido en el pecho. Todo el afecto que sentía por mi familia se evapora en este instante.
Mi padre se queda en silencio y no lo debate.
No discute el hecho de que yo no importarse en este juego, no debate que me haya perdido y ni siquiera me mira; no sé si por cobardía o por no reconocer la verdad.
— ¿Tan poco creías en mí papá? ¿ Tan poco te importo? — le pregunto, con una voz que suena extrañamente tranquila.
Pero él no responde. Se queda ahí. No hay dolor en su rostro; solo una máscara de frialdad y rabia que quema.
El dolor de la traición estalla en mi pecho con fuerza mientras trato de procesar las palabras de Ilenko y la ausencia de las de mi padre.
Me quito las lágrimas de los ojos y me doy la vuelta. Siento que mi hermana me llama, pero sigo andando hasta el tribunal con Ilenko pisándome los talones, exactamente como lleva haciendo desde hace quién sabe cuánto tiempo.