Indefendible (El legado de Volkov 1) 8. EL FISCAL
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8. EL FISCAL

You should see me in a crown — Billie Eilish

Me quedo en la sala con Smith mirándome desde la puerta.

— ¿Te acompaño? — me pregunta.

— No gracias. Ahora voy.

No dice nada y se da la vuelta. Me quedo por fin sola en la sala,  con el eco de su voz sonando todavía en mi oído y el tacto de sus labios todavía fresco sobre mi piel.

Maldito arrogante. Me froto el brazo donde Smith me ha sujetado, sintiendo una mezcla de rabia y una turbación que me niego a analizar. No es el momento.

Recojo mis cosas con movimientos mecánicos. Meto el ordenador en el maletín y ajusto los cierres antes de salir.

Abandono la zona de celdas y el bullicio de la corte me golpea como una ola de calor. Cruzo los pasillos del tribunal, esquivando a periodistas y abogados del pasillo hasta que finalmente llego a la sala 402. Al empujar las pesadas puertas de roble, el silencio sepulcral del juzgado me recibe.

Es un lugar imponente, diseñado para que te sientas pequeña; sin embargo, me encamino hacia la mesa con la cabeza tan alta que me llega a doler el cuello.

Me instalo organizando  mis notas y los precedentes legales. Estoy lista. Soy la mejor de mi promoción y hoy lo voy a demostrar. No solo al mundo ni a mi padre, ni nadie, sino a mí misma.

Ilenko llega a los pocos minutos y se sienta a mi lado en cuanto le retiran las esposas. La tranquilidad de rezuma, combinada con su porte imponente, resulta abrumadora.

Justo se abre la puerta lateral y entra la acusación. No tengo tiempo ni de mirarles mientras reparo en que mi padre esta sentado en una de las sillas del final. Era de esperar. Trato que no me influya para nada su presencia y vuelvo a mirar mis papeles.

— Buenos días, Letrada Brown — Dice una voz aterciopelada que me resulta dolorosamente familiar — espero que haya descansado bien. Nunca se sabe quien puede llamar a una puerta… o entrar sin hacerlo.

Se me cae el bolígrafo de los dedos. El corazón me da un vuelvo tan violento que temo que cualquiera de la sala pueda oírlo.

Giro la cabeza lentamente, rezando para estar equivocada, pero la realidad me golpea con la fuerza de un bofetón.

Christian. Ya no solo lleva ese traje carísimo, encima lleva una toga negra impecable que acentúa su mandíbula cuadrada y su barba perfectamente perfilada y su mirada de depredador legal.

— ¿Christian?  — susurro,  incapaz de contener la incredulidad.

Él no sonríe, pero hay un destello de triunfo en sus ojos que me quema. Se inclina ligeramente hacia mí, bajando la voz para que solo yo pueda oírlo antes de que entre el juez.

— Para ajustes ahora mismo, Fiscal Vance letrada.

Te lo dije anoche.— Abre su carpeta con una elegancia completamente insultante—.

Y lamento decirle que su estrategia de fianza acaba de morir antes de nacer.

Espero que sea tan brillante como recuerdo, pero me temo que eres una simple novata a la que le ha caído el marrón.

Me quedo en silencio , luchando por mantener el control, justo cuando irrumpe el alguacil.

— ¡Todos en pie! Preside el Honorable Juez Miller.

El magistrado ocupa el estrado con la pesadez de quien ha visto demasiado en esta vida.

Me obligo a tomar aire. Christian está a menos de dos metros de mí, desprendiendo una confianza arrogante.

Me ha llamado novata. Me ha pretendido humillar.

Pero lo que no sabe es que la rabia es el mejor combustible para mi cerebro.

— Tomen asiento — indica Miller, ajustándose las gafa—. Caso 23CD7445. El Estado contra el acusado de los asesinatos de Brooklyn en primer grado. Lectura de cargos y vista de detención. Señor Vance, tiene la palabra.

Christian se pone en pie con una fluidez exasperante. No consulta sus notas; no las necesita.

— Gracias, Señoría. El Gobierno solicita la detención preventiva sin fianza bajo el estatuto de la Bail Reform Act.

El acusado no solo representa una riesgo de fuga extremo dado su historial de movimientos transnacionales ya que no figura en la comunidad estadounidense, sino que es un peligro manifiesto para la comunidad.

Se le imputan 6 cargos de homicidio en primer grado  con agravantes de ensañamiento.

Las pruebas de ADN en la escena de Queens son preliminares pero sólidas, y la naturaleza de las lesiones sugiere un perfil criminal altamente violento y profesional.

No hay condiciones del liberación que garanticen la seguridad de los ciudadanos.

— Letrada Brown — interviene el juez—. Es la primera vez que cuento con su presencia en esta sala, haga honor a su padre. ¿Algo que alegar antes de que dicte la orden de prisión preventiva?

Me levanto. Siento la mirada de mi padre en la nuca y la de Ilenko quemándome el costado.

— Señoría, la acusación se basa en una narrativa melodramática y no en hechos procesales — Mi voz suena clara y fría —  Bajo la regla 5, solicito que se desestime la petición de detención sin fianza.

El Sr Vance habla de ADN, preliminar, lo cual es jurídicamente insuficiente.

Para privar de libertad a una persona se requieren certezas, no conjeturas.

La sala estalla en un murmullo constante.

— ¡Silencio! — ordena el juez Miller con un golpe de mazo.

Me observa con curiosidad, esperando ver si el apellido Brown le pesa más que mis argumentos.

Christian, por su parte, se reclina en en la silla con una suficiencia que me da náuseas; sabe que el ADN, aun siendo preliminar, suele ser letal en una vista de detención— Continúe letrada, pero sea breve.

El historial del acusad habla por sí solo …

Como si existiera un historia suyo en algún registro oficial.

— Señoría ,el señor Vance y sus agentes del FBI han decidido ignorar la realidad física de los hechos para centrarse en un mito.

— Lanzo una mirada a Christian donde puedo apreciar que su sonrisa empieza a desdibujarse — .

El fiscal menciona ensañamiento y una paliza brutal en la escena de Queens.

Según el informe forense preliminar, el agresor no empleo ningún tipo de droga y las mujeres pudieron defenderse, lo que inevitablemente debería haber dejado huellas en su propio cuerpo.

Me giro hacia mi cliente. Ilenko me mira con una intensidad que me corta la respiración, atrapándome por completo.

— Dado que los homicidios ocurrieron hace apenas setenta y dos horas — prosigo, volviéndome hacia el tribunal llena de firmeza— y que mi representado fue sometido a una inspección física exhaustiva al ingresar en el calabozo sin hallarse un solo rasguño, las afirmaciones del señor Vance no son más que meras especulaciones.

Todo el mundo está en completo silencio,. Christian esta sin color  y el rostro de mi  padre me mira con completa incredulidad. No se si decepción o orgullo para ser sincera.

— ¡Protesto, señoría ! — exclama Christian poniéndose en pie.

— Aceptado.

— ¿Entonces como justifica el acusado que se le encontrara en la escena del crimen? — me interpela Vance, tratando de acorralarme fuera de turno.

— Dado que, no se le encontró con el arma homicida. Me atrevo a decir que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Miro de reojo a Ilenko. Su atención sigue fija en mí y esboza un leve amago de sonrisa: he utilizado sus propias palabras para defenderlo.

Christian aprieta los puños sobre la mesa hasta que los nudillos se le vuelven completamente blancos. Mi respuesta lo ha dejado sin margen de maniobra legal. El juez Miller se recuesta en el sillón, pensativo, alternando la mirada entre la frialdad inaccesible de Ilenko y mi postura desafiante.

— Señoría — intenta de nuevo Christian —,el historial del sujeto no permite tales licencias poéticas. Estamos hablando de un hombre que no tiene raíces en este país, un fantasma que opera en las sombras de la Europa del Este. Si sale de aquí, no lo volveremos a vez.

— ¿Hay alguna prueba de que el acusado haya intentado obstruir a la justicia en las últimas setenta y dos horas? — pregunta el magistrado.

— No, señoría, pero no ha dicho nada sobre el caso, ni si quiera se ha identificado…

— Entonces, procedamos a la identificación formal para el acta de fianza — dictamina Miller, cortándole en seco— .Acusado, póngase en pie y diga su nombre completo.

Siento como Ilenko se levanta a mi lado. Su presencia física parece absorber toda la luz de la sala. No mira al juez, me mira a mí.

— Ilenko Volkov.

El nombre resuena en la sala como un trueno partiéndola. Al escuchar el apellido, mi padre se levanta bruscamente de su asiento de la sala, atrayendo todas las miradas, antes de volver a sentarse por un empujón de su compañero con el rostro completamente desencajado.

— Bien, señor Volkov— dice Miller, visiblemente impresionado— Letrada Brown, sus argumentos sobre la falta de lesiones físicas en el acusado en relación con la mecánica del crimen son… sugerentes. Puede existir una duda razonable sobre la autoría del crimen.

Christian interviene, desesperado:

— ¡Señoría, el ADN!

— El ADN es preliminar, señor Vance, y como bien ha dicho la letrada no constituya una prueba de culpabilidad absoluta en esta fase — Miller golpea el mazo — Atendiendo a la falta de antecedentes violentos registrados en suelo estadounidense y a la debilidad del informe forense respecto a la integridad física del acusado, concedo la libertad bajo fianza de un millón de dólares.

La sala estalla. Y mi cabeza también. Eso es cifra astronómica que no me atrevo a cuestionar.

El golpe del mazo me devuelve a la realidad.

Me dejo caer en la silla, sintiendo que el aire vuelve a mis pulmones.

He ganado. He humillado al fiscal federal en su propia casa…

pero acabo de poner en la calle a un presunto asesino.

Ilenko se gira hacia mí. La mano que antes estaba rozándome el muslo, ahora se desliza por mi hombro, un gesto que para cualquier observador parece profesional, pero para mi es una caricia eléctrica.

— Me ha gustado escuchar mis palabras en su boca, letrada — susurra con ese tono oscuro— Ahora prepárate. Tu padre viene hacia aquí y no parece contento. Nos vemos fuera.

Se levanta acompañado de los guardias. Giro la cabeza. Mi padre cruza la sala con paso firme, ignorando a los periodistas. Al mismo tiempo, Christian recoge sus carpetas con una lentitud amenazante.

Me mira una última vez, y esta vez, no hay rastro del hombre encantador del bar.y entonces una duda me asalta de golpe: ¿cómo coño sabe Ilenko que ese hombre es mi padre?

— Un truco brillante, Rachel —saboreando cada sílaba de mi nombre, Christian pasa a mi lado y habla lo bastante alto para que solo yo lo escuche —,pero ahora que este desgraciado está en la calle, la sangre que derrame también manchará tus manos.

Antes de que pueda responderle, mi padre me agarra del brazo con una brusquedad que me corta la circulación y no reconozco en él. No hay orgullo en su mirada, solo un oscuro pánico y deshonor que me revuelve el estomago.

— Sal de aquí, Rachel.Ahora mismo — ordena con una voz que corta como un filo.

— ¿Qué te pasa? He ganado, papá. He dejado en evidencia a la Fiscalía Federal, he superado mi primer….

— No has ganado nada — Me corta, arrastrándome hacia un rincón de la sala, lejos de los micrófonos que la prensa empieza a recoger — ¿Volkov? ¿Enserio? ¿Sabías que ese era su apellido y me lo ocultaste? ¿Que más me has ocultado?

Me suelto de su agarre con un tirón seco, ignorando el dolor de mi antebrazo.

— No te he ocultado nada porque ni yo misma lo sabía hasta hace unos minutos — Le planto cara a mi padre, sorprendida de mi propia firmeza — .Sólo he hecho mi trabajo, ¿Por qué coño te pones así?.

— ¡Porque no has hecho tu trabajo, Rachel! Has resucitado el nombre y el poder de un puto monstruo al liberarlo..

Se marcha sin mirar atrás, dejándome sola en medio de una sala que por fin empieza a vaciarse. Me giro y me encuentro con la mirada de Christian desde el otro lado. Se ha detenido en la puerta trasera, observándome de una manera que no soy capaz de describir.

Reojo mis notas con las manos temblorosas y me encamino hacia la salida. Antes de alcanzar la puerta, una sombra se proyecta sobre el marco.

Ilenko me espera junto al arco de seguridad, ya  sin las esposas y rodeado de agentes que lo vigilan como si fuera a estallar en cualquier puto momento.

Al verme, ladea la cabeza y esa sonrisa vuelve a asomar.

Pero sus ojos… sus ojos me desarman. Parecen leer mis pensamientos antes de que yo misma los formule.

— Vamos , letrada — me indica, señalando un BMW M4 negro con las lunas tintadas, qué, no se de donde coño lo ha sacado, solo se que necesito huir de aquí.

He ganado mi primera vista importante como letrada. Pero me siento derrotada.

— ¿Adónde?

— Lejos de todo esto.

Solo entonces reparo en todo el caos que se ha formado al otro lado de la puerta principal. Decenas de periodistas empujan las vallas mientras los fotógrafos levantan los objetivos esperando muestra salida.

Mierda.

Si no salgo de aquí, me despedazarán.

— No pienso irme contigo.

Él ni siquiera se inmuta.

— No te he preguntado si quieres hacerlo.

Su arrogancia consigue irritarme.

— Entonces deja de hablar cómo si fueras tú quien toma las decisiones.

Una leve risa escapa de su garganta.

— Las toma usted. Yo solo le estoy enseñando las consecuencias.

Miro alrededor.

Smith está discutiendo con varios agentes.

Christian habla con la prensa.

Mi padre ha desaparecido.

Estoy completamente sola.

Ilenko señala el coche.

— Tiene treinta segundos antes de que vengan hacia aquí.

Aprieto la mandíbula.

Lo odio. O eso quiero creer. Pero tiene razón.

— Esto no significa que confié en ti.

Abre la puerta del coche como si hubiera sabido desde el principio cual iba a ser mi respuesta.

— Sería una decepción que lo hicieras tan pronto.

Subo al asiento y la puerta se cierra con un golpe seco. El ruido desaparece.

Y de repente comprendo la magnitud del error que acabo de cometer.