Encrucijada
Habían pasado dos semanas desde que Bruno y Jared acordaron mudarse y vivir juntos. Jared habló con Fernando, Jorge y Alexis sobre la propuesta, y Bruno con Martín. Al principio, sus roomies se conmocionaron por la noticia, pero después aclararon que sería hasta mediados de año.
Cuando fue el turno de Jared de hablar con sus compañeros, llegó el momento de ser sincero. Solo le había contado a su madre sobre la beca en Oxford aquella noche de Año Nuevo, para poder liberar lo que llevaba reprimido.
―No mames ―dijo Fernando.
―Güey, qué chido ―añadió Jorge.
Alexis solo sonrió, sin decir nada.
―¿Y qué vas a hacer? ¿Sí te vas a ir a estudiar la maestría en Inglaterra? ―preguntó Fernando.
―No lo sé. La verdad es que no apliqué pensando que me la darían… ni que pasaría los filtros.
―No digas mamadas, era más que obvio ―dijo Jorge.
―Chicos, esto es serio. No sé qué hacer.
Jared comenzó a enredarse los rizos con los dedos. La tensión lo invadía al pensar que tenía que elegir entre irse a Inglaterra o quedarse en Puebla, vivir con Bruno y continuar su vida ahí.
Quería ambas cosas, pero debía elegir.
La vida se trataba de eso: de tomar decisiones. Había escuchado sobre la posibilidad de mundos alternos, donde se tomaban caminos distintos. En ese momento, imaginó uno en el que no le daban la beca, para no tener que decidir. O uno en el que le contaba todo a Bruno y este aceptaba irse con él.
―Podrías empezar diciéndole a Bruno sobre la beca ―dijo Fernando.
―Dios, no puedo hacerlo ―respondió Jared.
―¿Por qué no? ―preguntó Jorge.
Jared recordó lo que Bruno le había contado sobre su ex pareja, quien se había ido al extranjero a estudiar. No quería repetir esa historia. Apenas estaban construyendo confianza. Además, tampoco sabía si él mismo estaba listo para irse tan lejos. ¿Y si algo volvía a salir mal como el año anterior?
―Lo voy a lastimar si me voy.
―¿Y no quieres hacer eso? ―preguntó Jorge.
―Quiero hacer la maestría… y quiero estar con él.
―Pues dile que se vaya contigo a Europa ―dijo Alexis.
Jared lo pensó. Tenía sentido.
Una nueva posibilidad.
Tal vez invitarlo a irse juntos podía funcionar. Pero aún estaba su familia, el tiempo limitado y todo lo que implicaba.
Dos meses.
Demasiadas cosas.
Una decisión inevitable.
―Sí… puede ser ―dijo finalmente―. Gracias, chicos.
Bruno invitó a Jared al cine el fin de semana siguiente. Se estrenaba la continuación de Duna: Parte Uno , una película que ambos esperaban con entusiasmo. Era su primera cita en el cine, y eso la hacía especial.
―¿De qué sabor las palomitas? ―preguntó la empleada.
―¿Mitad caramelo y mitad mantequilla? ―preguntó Jared.
―Caramelo con Cheetos ―respondió Bruno.
―Por favor ―añadió Jared―. Y un Sidral Mundet.
Pagó y le entregó todo a Bruno.
―Ya viste la primera parte, ¿cierto?
―Obviamente.
―Perfecto. A ver qué tal.
Durante la función, Bruno hacía comentarios analíticos que captaban más la atención de Jared que la película misma. Después de un rato, levantaron el descansabrazos para recargarse uno en el otro.
Primero, Bruno se apoyó en el pecho de Jared. Él lo abrazaba y le acariciaba los brazos; a veces lo besaba.
―Los cambios de luz me van a dejar más ciego ―comentó Jared mientras se quitaba los lentes.
Luego fue su turno de recostarse sobre Bruno.
Para ellos, el mundo dejó de existir por unas horas.
A Jared le fascinaba la banda sonora; sentía que lo transportaba a otro mundo. Bruno, en cambio, admiraba la fotografía, el diseño y los detalles técnicos.
―¿Por qué la mascota no se arrodilla? ―preguntó Bruno con sarcasmo.
Jared soltó una risa baja.
―Es su igual, no lo ve como superior.
Le tomó la mano y lo besó.
Así como yo te veo a ti . Pensó Jared.
Al terminar la función, Jared quiso quedarse a los créditos.
―Me gusta escuchar la canción final ―dijo.
Bruno aceptó. Platicaron sobre la historia.
―Me impresiona cuánto recuerdas ―dijo Bruno.
―Cortesía de mi madre y mis tías.
―¿Genética?
―Y hábito.
Salieron del cine cerca de las diez. Bruno había llevado su motocicleta.
―Te llevo a casa.
―No, gracias. Tomo un taxi.
―No fue pregunta, súbete.
El tono lo sorprendió… y le gustó más de lo que esperaba. Se puso el casco y subió.
El trayecto fue corto.
Al llegar, Jared lo besó.
―¿Ya hablaste con tus roomies?
―Sí.
―¿Qué dijeron?
―Están más emocionados que yo.
Bruno rió.
―Puede que ambas cosas.
Jared le dio un golpe en el hombro.
―¿Y tú? ¿Hablaste con Martín?
―Aún no. Espero a fin de mes.
―Entiendo.
Jared pensó en Oxford… y guardó silencio.
―Bueno, me voy. Mañana salgo con los chicos.
―¿Ah, sí?
―No solo soy tuyo.
―Eso no decías en mi cama.
―Bruno…
Bruno le dio una palmada.
―Me tienes idiota.
―No es mi culpa.
Jared se dio la vuelta.
―Oye.
―¿Qué?
―Te amo.
―Y yo a ti.
Bruno se fue.
Jared entró a su casa con una idea fija:
Quizá Oxford debía esperar.
―Primero que nada, déjame felicitarte por este logro ―dijo el doctor Torres, levantándose para abrazarlo.
―Gracias, doc.
―¿Tu familia qué dice?
―Mamá esta emocionada y orgullosa. No le ha dicho nada a nadie aún. Espera a que vaya a verlos para darle la noticia a toda la familia.
―¿Tus amigos?
―También, emocionados, orgullosos y contentos.
―Y tú debes estar que no te la crees.
―Así es. Yo iba con la idea de no obtener un lugar.
―Pero mírate, lo has logrado. ¿Bruno qué dijo al respecto?
Jared no respondió. Se quedó en silencio y la sonrisa que tenía en el rostro desapareció.
―No le has dicho, ¿cierto?
―No, todavía no.
―¿A qué se debe eso?
Jared comenzó a explicarle el escenario que había rondado su cabeza desde que se enteró de la beca: la propuesta de mudarse juntos, la inseguridad de Bruno derivada de su relación pasada… y cómo todo eso se reflejaba ahora en su propia situación.
El doctor Torres analizó en silencio. Conocía bien a Jared y sabía que, con la orientación adecuada, él mismo encontraría la respuesta.
―Debes entender que estás en una encrucijada complicada.
Tienes que elegir entre dos cosas que deseas con todo tu ser: ir al extranjero a estudiar un posgrado o construir una vida con una pareja con la que te sientes pleno y seguro.
No es sencillo, lo admito. Pero debes poner todo en una balanza ―dijo, levantando las manos y moviéndolas ligeramente―.
¿Qué pesa más? ¿El posgrado en Oxford o un futuro incierto con Bruno?
Esa palabra resonó en su mente.
Incierto.
Jared sabía que el doctor tenía razón. Necesitaba priorizar, dejar de lado el ruido: su familia, sus amigos, el miedo a empezar de cero, la idea de perder a Bruno… Todo lo que le impedía ver con claridad.
Cerró los ojos y respiró profundo.
La respuesta ya estaba ahí.
Solo tenía que escucharla.
Abrió los ojos y miró el librero del consultorio.
―Aunque ambas son oportunidades que pueden no repetirse ―dijo―, deseo más ir a Oxford.
El doctor asintió.
―Entonces ya sabes qué hacer.
Jared lo sabía… pero no quería enfrentarlo. Irse significaba dejarlo todo atrás. Sin embargo, también implicaba abrir nuevas posibilidades. Y, en el fondo, deseaba compartirlas con Bruno.
Si él quería.
Si estaba dispuesto.
Entonces tomó una decisión: le contaría sobre la beca y le propondría irse juntos a Europa. Buscarían la forma. No sería fácil, pero tampoco imposible.
―Nos vemos en la siguiente sesión ―dijo el doctor.
―Gracias, doc.
―Cuídate mucho.
Jared salió del consultorio y una vez estando en la calle, eran ya las seis de la tarde, el cielo apenas y comenzaba a pintarse de naranja por el sol que se acercaba al horizonte. Tomo su teléfono, y comenzó a escribir un mensaje en WhatsApp.
Bruno ♥
Hola, guapo ¿Cómo estás?
Me preguntaba si podrías
venir esta noche a mi casa.
Necesito hablar contigo sobre algo.
Envío el mensaje y no espero respuesta inmediata. Sabía que Bruno aún seguía en el trabajo, así que Solo tomó camino hasta su casa y cuando arribó, la respuesta ya estaba en su bandeja.
Bruno ♥
Hola galán :)
Saldré tarde hoy
Puedo pasar después de las 10?
O ya estarás dormido a esa hora?
Sí, está bien a esa hora.
Vale :) nos vemos en la noche.
Jared continuó caminando y comenzó a sentir cómo su corazón latía con más intensidad, como si un nudo se le formara en el estómago al pensar en todo.
Estaba casi seguro de que Bruno no lo tomaría bien, que pensaría que estaba haciendo lo mismo que Santiago.
Pero Jared no era Santiago. Él estaba dispuesto a dos cosas.
Si Bruno no accedía a irse con él a Inglaterra, se quedaría en Puebla y seguiría adelante con la propuesta de vivir juntos allí, al menos hasta que llegara el momento de partir.
Pero si accedía, podrían irse juntos a Europa.
Todo dependía de lo que Bruno respondiera.
No le estaba dejando la decisión a él, solo lo estaba tomando en cuenta. Quería compartirlo todo.
Al salir del trabajo, Bruno subió a su motocicleta y condujo a toda prisa hacia la casa de Jared, quien en ese momento estaba en videollamada con su madre, explicándole lo que pensaba hacer con respecto a la beca en Oxford y su relación con Bruno.
En un semáforo, Bruno aprovechó para escribirle y avisarle que estaba a cinco minutos.
Jared leyó el mensaje mientras seguía en la llamada y permaneció atento a su llegada.
Para cuando Bruno llegó, Jared ya había terminado de hablar con su madre, quien le deseó suerte y le confesó que le encantaría que Bruno se fuera con él a Europa, para que no estuviera solo, para que tuviera compañía, y qué mejor que alguien que lo quería tanto.
Al escuchar la motocicleta estacionarse, Jared bajó a la estancia y abrió la puerta para dejarlo pasar.
―Hola, guapo ―dijo Jared y lo besó en los labios―. ¿Quieres algo de tomar?
―No, así estoy bien.
―¿Seguro? Te hice venir rápido ―dijo, nervioso.
―Descuida. ¿Qué pasa? ¿Todo bien?
Ambos permanecieron de pie en la sala. Jared se sentó y le indicó a Bruno que hiciera lo mismo.
―Bruno, debo decirte algo muy importante ―dijo mientras sus manos y piernas comenzaron a temblar.
―Te escucho.
Jared respiró profundamente, exhaló y lo soltó todo.
―Hace meses, unas semanas antes de conocerte, apliqué para estudiar una maestría en Oxford ―dijo, levantando la mirada hacia Bruno, cuyos ojos reflejaban sorpresa―. Lo hice por probar suerte, pensando que no sería seleccionado, pero hace poco enviaron los resultados… y fui aceptado.
Bruno se quedó mirándolo, sorprendido. Fue como si un déjà vu se repitiera en su mente. El temor comenzó a invadirlo.
―Felicidades ―dijo, aún con el rostro tenso.
¿Felicidades? ¿Solo eso? Pensó Jared.
Te vas a ir…, pensó Bruno, casi gritándolo por dentro.
El silencio se instaló entre ellos.
―No he decidido irme todavía ―dijo Jared―. Al menos no ahora. Puedo aplicar el próximo periodo… Lo que digo es… ―tomó sus manos―. ¿Te gustaría ir conmigo a vivir a Inglaterra?
Bruno tragó saliva.
―¿Ir a Inglaterra? ¿Pero cómo? No tengo visa ni pasaporte, y mi trabajo… No es así de fácil, Jared ―dijo, ligeramente molesto.
―Ya lo sé. Por eso hablo contigo. Ya teníamos planes y esto vino a moverlo todo.
Bruno guardó silencio. Los recuerdos de Santiago volvieron.
―Mira, Jared, me siento muy feliz por ti ―dijo con voz controlada―. De verdad. Pero creo que no es buena idea que me lleves contigo a Europa.
―¿Por qué piensas eso?
―Porque no sé si quiero irme al extranjero. O al menos a Inglaterra.
―Pensé que tal vez querrías… o que te interesaría.
―No quiero complicarte la decisión ―respondió con frialdad―. Eres muy inteligente. Si yo fuera tú, me iría sin pensarlo dos veces.
―Bruno, no seas así ―refunfuñó Jared―. Yo quiero estar contigo.
―Pues la idea de irte a Europa no me demuestra eso.
―¿En serio? ¿De verdad lo dices?
El enojo comenzó a aparecer en Jared.
―No es reproche, solo digo lo que veo.
―Te estoy diciendo que vengas conmigo. Tenemos tiempo para arreglarlo todo. Y si no, puedo esperar al siguiente periodo… podemos seguir juntos aquí.
―¿Y si yo no quiero ir? ¿Si no es algo que deseo? No estás considerando eso. Solo estás pensando en lo que tú quieres.
Jared se quedó en silencio. Las palabras le golpearon.
―Cuando Santiago se fue a Europa, dijiste que habrías ido con él. ¿Por qué conmigo no?
―No estamos hablando de Santiago.
―Pero respóndeme, Bruno. ¿Por qué con él sí y conmigo no?
―Porque no quiero que me lastimes como él. Te vas a ir de todos modos. En el fondo sabes que eso es lo que quieres. Por eso quieres que vaya contigo. Para tenerlo todo.
Jared retiró sus manos lentamente. Miró al suelo.
Bruno se levantó.
―¿Ya te vas? ―preguntó Jared.
―Sí. Tengo cosas que hacer.
―¿Y sin beso de despedida?
―Creo que esta vez no ―dijo con seriedad―. Adiós. Que pases buena noche.
Bruno salió. La puerta se cerró. Segundos después, el sonido de la motocicleta se perdió en la distancia.
Jared permaneció sentado en el sofá, en silencio.
¿Qué hice mal? ¿Por qué no lo consideré? ¿Tiene razón? ¿Me importa más la maestría que él?
Las preguntas comenzaron a invadirlo. Esa noche no logró dormir. En algunos momentos lloró, con la sensación de haber hecho algo terrible, como si hubiera arrebatado algo valioso. Tal vez lo había hecho: la ilusión de Bruno.
Bruno tampoco durmió. Revivió el día en que Santiago se fue a España. El acuerdo, la esperanza… y la ruptura. El mismo dolor volvió.
Pero Jared no sentía eso.
No era un corazón roto como antes. Desde la muerte de su abuela y sus tías, el dolor había cambiado de forma. Ahora era culpa. Vacío. Miedo.
Esa noche, ambos se durmieron cerca de las cuatro de la mañana, abrazando una almohada, pensando el uno en el otro.
Sabían que dejarían de hablar por un tiempo.
Hasta que alguno cediera.
Pero pasarían semanas.
Y para entonces, Jared ya habría tomado una decisión.