Incertidumbre y temor Nochevieja #3
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Nochevieja #3

―Problemas con Edgar. Preferí irme y vivir temporalmente con amigos. Fue complicado; aun así, me apoyaban con la colegiatura, incluso cuando ya trabajaba.

―Entiendo.

―Edgar al principio no quería, pero lo amenacé.

―¿En serio?

―Era eso o lo demandaba.

Jared se quedó boquiabierto. No le sorprendía del todo; le resultaba una estrategia familiar.

Entonces, Bruno le contó cómo había sido mantenerse distante de su familia durante algunos años mientras estudiaba la ingeniería.

Al terminar, dejó su trabajo como barista y comenzó a ejercer, primero en la empresa de su padre por unos meses.

Sin embargo, su estilo de vida independiente no era del agrado de Edgar, y tampoco soportaba su actitud dominante en el trabajo.

Fue casi al mismo tiempo que su hermano comenzó su divorcio con Verónica y se detonó su alcoholismo.

―Bueno, ya no te entretengo más ―dijo. Lo besó y caminó hacia la puerta―. Te espero abajo.

―Sí, en un momento bajo.

Bruno bajó, y Jared comenzó a entender muchas cosas. Bruno evitaba el contacto con su padre y su hermano, pero esta vez no lo había hecho, porque quería que él los conociera. Para Bruno, eso era importante.

―Hola, mamá ―dijo Jared cuando su madre contestó la videollamada.

Cuando Jared bajó, ya eran casi las once de la noche. No lo había notado, pero Bruno había discutido con su padre. Héctor y Edgar habían salido por más cerveza, y Bruno se había quedado esperando a Jared junto a su madre para despedirse.

―Lo siento, mamá, pero no puedo quedarme más tiempo aquí. Lo intenté por ti y por él, pero Héctor y Edgar no me la están poniendo fácil.

―Está bien, amor. Al menos tuve el gusto de conocer a Jared.

―Descuida, volveremos en otra ocasión.

―Eso espero, y con más roles de canela. Por favor.

Jared le sonrió a Edith, quien se levantó del sillón para abrazarlo también a él.

―Feliz año para los dos.

―Feliz año, mamá.

―Igualmente, Edith ―dijo Jared―. Y sí, traeré más roles la próxima vez.

―Estupendo.

―Bueno, nos vamos.

Jared se despidió con un beso en la mejilla. Edith, poco acostumbrada a esas muestras de afecto, solo sonrió y agradeció el gesto.

La noche estaba helada. Por suerte, ambos llevaban chamarras y se las pusieron mientras caminaban hasta el bulevar Cinco de Mayo. Se sentaron un momento a platicar.

―Perdón por irnos antes. No quería pasar por una escena con mi hermano.

―No te preocupes, no hay problema.

Bruno le acarició la mejilla.

―Jared, mi familia no es como la tuya. Mi relación con ellos es complicada. Desde que saben de mis preferencias… por eso me fui de casa. Y solo han conocido a una pareja antes que tú. Eres el segundo que traigo aquí.

―Pero hubo más, ¿no? Aunque no fueran novios.

―Sí, hubo más.

―Bueno, me siento halagado por ser el que sí traes a casa.

Bruno lo miró con seriedad.

―No estoy de ánimo para sarcasmos.

―No es sarcasmo, es en serio.

Se quedaron de pie en el Puente de Ovando, bajo las luces.

―Perdón, no estoy de buen ánimo.

Jared lo entendió y pensó en cómo aliviar la tensión. Era Nochevieja; casi todo estaba cerrado. Entonces recordó un lugar.

―Ven conmigo, quiero mostrarte algo.

Bruno lo tomó de la mano. Caminaron hasta el Callejón de los Sapos, que por primera vez estaba vacío, iluminado solo por las luces colgantes.

―¿Recuerdas la noche que vinimos al Museo Amparo?

―Sí.

―Aquí fue donde admitimos que teníamos miedo de intentarlo. Apenas llevábamos un par de semanas de conocernos… y ahora ya son meses.

―Sí, el tiempo pasó rápido.

Jared observó las luces.

―Quiero decirte que no pensé volver a sentirme así… feliz, en paz con alguien. Después de todo lo que viví este año… tú hiciste eso posible.

Hizo una pausa.

―Estoy agradecido contigo por eso.

―¿Por qué suena a despedida?

―No lo es. Bueno… quizá sí, pero no de ti.

―¿Entonces?

―De todo lo malo del año. La muerte de mi abuela, los altibajos… el casi intento de suicidio.

―Jared…

―Pero también quiero dejar atrás el miedo. Hubo un momento en que pensé que no era suficiente para ti. Incluso pensé en buscarte en Grindr… como me pasaba antes. Pero ahora veo lo que haces por mí. Lo que sientes es genuino.

Bruno guardó silencio.

―Yo te amo mucho. No entiendo por qué piensas eso. Eres increíble, inteligente, responsable, interesante… y muy guapo. El que debería preguntarse por qué sigues conmigo soy yo.

―No digas eso.

―Es verdad.

―No lo es.

―¿Entonces?

―¿No me escuchaste? Estoy tomando valor.

―¿Valor?

―Sí. Para dejar todo atrás. Te estoy eligiendo a ti. Quiero empezar a ver mi futuro contigo.

Bruno sonrió, soltando una pequeña risa.

―Creí que querías ir despacio.

―No hemos ido rápido… pero ya nos conocemos lo suficiente.

―¿Y qué propones?

―Irnos a vivir juntos.

Bruno se quedó en silencio. En ese momento, los fuegos artificiales anunciaron el Año Nuevo.

―Sí, hagámoslo.

―¿En serio?

―Pero con una condición.

―¿Cuál?

―Compartimos habitación.

―Trato.

Se besaron mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo.

―Feliz Año Nuevo, amor.

―Feliz Año Nuevo.

Bruno tomó su teléfono y sacó una fotografía de ellos besándose, abrazados y otra sonriendo a la cámara. Jared estaba teniendo una especie de efecto en él, que hacía que todo ese mal rato con su padre y hermano desapareciera.

Quizás era que su mera presencia daba paz y comodidad, no lo sabía. Lo que sí, era que lo amaba, y también estaba decidido a verse en futuro con él. A pesar del miedo que ambos pudieran sentir, si Jared estaba dispuesto a dejar eso atrás, ¿Por qué no habría de hacerlo también él?