Incertidumbre y temor Nochevieja
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Nochevieja

Después de pasar dos días más en Morelos, Bruno y Jared visitaron brevemente Tepoztlán, el balneario de la Ex-Hacienda de Temixco y dieron un vistazo a los museos de Arte Contemporáneo y al del Palacio de Cortés. Bruno se sentía de mejor ánimo; la familia de Jared seguía mostrándose amable con él.

Incluso Ernie ya se había encariñado. Jared le sugirió jugar con el perro para que lo recordara en su próxima visita. Pensar en esa posibilidad —de volver— hizo que Bruno se detuviera un instante en esa idea: quería estar ahí en el futuro. Y eso, para él, significaba algo.

Regresaron la mañana del veintiocho de diciembre a Puebla.

Tomaron el autobús de las nueve. Al llegar a la CAPU, pidieron un Uber e hicieron una escala en el departamento de Bruno.

Martín aún no regresaba; lo haría después de Año Nuevo.

Eso le había comentado el día anterior. Aprovechando la ausencia, Bruno le propuso a Jared quedarse unos días con él.

Jared aceptó. El resto fluyó con naturalidad.

Para Jared, esa invitación había significado más de lo que estaba dispuesto a admitir en voz alta.

Fernando y Jorge ya se encontraban en sus pueblos desde Nochebuena; la casa también estaba vacía.

Solo pasaría por algunas cosas y se quedaría con Bruno en La Paz hasta la noche del treinta y uno. La Nochevieja.

―¿Podemos hacer un maratón de La Casa del Dragón ? ―preguntó Jared al llegar, con entusiasmo―. Quiero terminarla antes de Año Nuevo.

―Sí, ¿por qué no? ―respondió Bruno mientras desempacaba sobre la cama―. ¿Qué te hace falta de tu casa?

―Mi ropa para Año Nuevo, un libro y unos cartuchos nuevos.

―¿Cartuchos?

―Para mi Polaroid ―respondió―. ¿O crees que están de más las fotos con tu familia?

―Para nada. Me gusta la idea.

―Ah. Y mi laptop.

―Vale. Desempacamos, comemos algo, vamos por tus cosas a la casa y regresamos.

―Vale.

Y eso fue lo que hicieron, claro después de que pasaran un rato de pasión después de algunos días.

Después de varios días conteniéndose, el reencuentro entre ellos tuvo su propio ritmo.

Era curioso: en el último mes, su deseo había crecido más de lo esperado.

Les gustaba, sí. Pero también, en algún punto, comenzaba a inquietarlos.

Ninguno lo decía. No querían que lo suyo se redujera a eso… aunque, por ahora, lo dejaban ser.

Pero a Jared, en cierta forma, le daba algo de incertidumbre, que Bruno, a pesar de estar apegado a él sexualmente, estuviera usando aplicaciones de citas. Como Jesús, y como otros que siempre hacían eso.

Quería confiar en él, pero la sensación de no ser suficiente para Bruno lo estaba carcomiento, así como a Bruno el creer que Jared no se sentía feliz con él. Cuando era todo lo contrario. Disfrutaba de su compañía. Ambos disfrutaban de su compañía, solo era cuestión de dejar atrás esos miedos.

Fueron por las cosas a la casa de Jared en la motocicleta. Todo cupo en su mochila; tenía habilidad para acomodar lo imposible en espacios pequeños. De regreso, mientras Bruno cocinaba milanesas de pollo con pasta, Jared revisó correos y mensajes pendientes.

En la bandeja de entrada, había un correo que no esperaba leer. No creía que las probabilidades de una respuesta serían menores a punto cero uno.

Lo abrió y leyendo el contenido.

De: [email protected].

Para: [email protected]

Dear, Mr. Heredia.

We are pleased to inform you that you have been selected for the Reach scholarship, in which you have applied for the master's degree in Biochemistry. To follow up on the process, you must follow the next steps shown in the showing link.

No podía creerlo. Había seleccionado para una beca en Oxford, la misma beca en la que aplicó en agosto, un par de semanas antes de conocer a Bruno. Eso quería decir que obtuvo un buen puntaje en su evaluación para el ingreso.

Ahora su rostro de emoción se había tornado en uno de preocupación. Vio a Bruno mientras cocinaba, y por un momento, la idea de estar lejos de él, de su familia. Dios, su familia. No pensaba seriamente en ser seleccionado. Solo probó suerte.

Estaba comenzando a sentir un dolor en el pecho ante la idea de dejar todo atrás, para poder irse dos años a estudiar una maestría en Inglaterra.

Quería hacerlo, pero no esperaba que la puerta se le fuera a abrir así de fácil.

Ahora, tenía que pensar muy bien el siguiente movimiento. ¿Oxford o Bruno?

Cerró el correo y decidió ignorar ese mensaje por lo menos hasta pasar Año Nuevo. No tenía por qué comenzar a preocuparse ahora. Faltaban semanas para la fecha límite del seguimiento, y meses aun para el comienzo del semestre en Oxford.

Una vez que Bruno terminó de cocinar, sirvió los platos y los acercó a la mesa mientras Jared terminaba de revisar correos del trabajo.

Suspendió la computadora y la cerró para poder comenzar a comer con Bruno, el cual se lavaba las manos.

Dejó la computadora sobre el sofá y se lavó las manos también.

―Huele, muy bien.

―No tengo buena sazón, espero que no esté simple para ti.

―No lo creo ―dijo Jared. Cortó un pedazo de milanesa y lo probó―. Quizá un poco salado, pero bueno.

―Tú sí cocinas rico ―comentó Bruno―. Tu familia… son muy buenos.

―Un rasgo de familia, supongo.

Bruno sonrió y comenzaron a comer mientras veían La Casa del Dragón. Jared había leído el libro, ya sabía lo que pasaría, pero verlo adaptado, le parecía fascinante. Le gustaba cuando las adaptaciones o bien eran fieles, o tenían una buena reinvención que le daba mejor trama a la historia.

―¡Los va a quemar! ―exclamó Bruno mientras veía la escena en la que la princesa Rhaenys Targaryen escapaba de la Fosa de Dragones montada en su dragón Meleys. Jared sabía que no lo haría, pero solo se quedó al margen de la reacción de Bruno―. ¡No! ¡Maldición!

Jared solo se rio y termino su último bocado.

―Así es esto.

Bruno lo miro extraño y después comprendió.

―Cierto, ya leíste la historia.

Jared asiente.

―Pero descuida, las cosas se ponen más buenas después de esto. Confía en mí.

Pasaron los días, Jared vivió en el departamento con Bruno.

Salían de vez en cuando al correr, Jared llevó a Bruno a nadar al complejo acuático donde entrenaba algunas veces, cuanto tenía tiempo y ganas.

Esa tarde fue un desastre, pues Bruno sabía lo básico, pero al desplazarse le costaba un poco sostener el ritmo y la respiración, a lo que Jared optó por dejar de nadar “profesionalmente” y se acopló al ritmo del Bruno.

―No te preocupes, tú sigue a tu ritmo ―le dijo Bruno tosiendo mientras estaba sujeto de la orilla.

―No, para nada. Estoy contigo.

―¿Cuánto tiempo llevas nadando?

Jared solo se ríe

―Desde los ocho años ―le respondió sencillo―. Pero dejé de ser constante en la preparatoria. Y más cuando entré a la universidad, porque tenía muchas materias, y me la pasaba entre estar en clases, laboratorios, la biblioteca y fiestas.

―Sí, sí. Don Mil Cosas.

―¡Uy, pues perdón! ―le dijo Jared haciendo muecas y le salpicó agua con la mano―. ¡Silencio, Bruno! ―lo besó en los labios y se marchó nadando por debajo, casi buceando, a toda velocidad. Huyendo de su novio, aprovechando su acuática ventaja.

Había llegado el último día del año. Bruno y Jared fueron al supermercado para comprar botellas de vino y sidra para llevar a casa de sus padres. Jared insistió en preparar algo para llevar, aunque fuera un postre para acompañar la comida que prepararía la madre de Bruno.

―Siendo sincero ―dijo Jared―, estoy muy nervioso.

―¿Por qué?

―Es la primera vez que me presentan con una familia. Como novio, claro.

―No te creo.

Jared lo miró con desdén.

―¿Por qué?

―Pues eres una persona demasiado buena. No veo por qué alguien no te presentaría con su familia.

Jared cortó el rollo de masa mientras le respondía a Bruno, quien embarraba mantequilla sobre el refractario de vidrio.

―He tenido la suerte de que o bien son de clóset o simplemente fingen algo serio para tenerme amarrado.

Bruno lo miró y notó el enojo en la forma en que movía la mano izquierda al cortar el último tramo de masa. Jared colocó los trozos en el refractario, los acomodó y los cubrió con un poco de azúcar glas.

Los metió en el horno precalentado y, cuando terminó, se lavó las manos. Fue entonces cuando Bruno lo abrazó.

―No eres el primero que presento con mi familia ―le susurró al oído―, pero quiero que sepas que lo hago porque me importas mucho, no por otro motivo.

Jared acarició los brazos de Bruno con sus manos mojadas, se dio media vuelta y lo besó.

―Gracias por elegirme.

―No hay nada que agradecer ―dijo Bruno―. Cuando es correspondido, no se agradece.

Jared asintió y recostó la cabeza en su pecho.

Había decidido no decirle nada sobre la beca de Oxford hasta después de Año Nuevo, pero cada día le resultaba más difícil guardar silencio.

Había dejado de fumar hacía poco más de un mes, pero esos días habían sido complicados.

Había fumado cinco cigarros en dos días, cada vez que sentía la necesidad de gritar o desbordarse en emociones, como en ese momento.

―Iré a la terraza ―dijo Jared.

Tomó su cajetilla y un encendedor de la mochila que estaba en el cuarto de Bruno y salió del departamento.

Entró al ascensor y, mientras esperaba, pensó que no le había dicho nada a nadie sobre la beca.

No lo había comentado porque nunca creyó que pasaría los filtros.

Ahora no solo tenía que afrontar a Bruno, sino a toda su vida: su familia, sus amigos, su trabajo.

El día anterior había tenido cita con el doctor Torres.

La sesión se había enfocado en admitir lo difícil que le estaba resultando adaptarse a la gestión de sus emociones sin medicamento.

El doctor le sugirió continuar con los ejercicios de terapia cognitiva, mejorar sus hábitos y hablar con todos sobre la beca. Tarde o temprano tendría que hacerlo.

En la terraza se sentó en una hamaca y fumó, respirando lentamente, dejando que el aire llenara sus pulmones.