Incertidumbre y temor Vuelta al sol y Nochebuena #4
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Vuelta al sol y Nochebuena #4

―No empieces o lo dejo atacarte.

Bruno ya no dijo nada, se quedó callado mientras Jared calmaba al perro y, cuando éste comenzó a olfatear a Bruno, se tranquilizó.

―Ya conoce tu aroma, ya puedes estar tranquilo. No te hará nada.

―No, pero tomaré el riesgo ―le dijo riéndose. Bruno tomó su maleta y entró a la casa y después Jared, quien dejó a Ernie fuera.

La sala era un lugar bastante amplio y sencillo.

Solo tenía tres sillones que daban a la repisa con la pantalla Smart TV LG y al equipo de sonido SONY conectado a la misma.

Una mesa de madera para ocho personas en medio.

Las paredes estaban cubiertas de fotografías de diferentes tamaños.

Bruno notó una columna horizontal de fotografías individuales de seis mujeres, usando vestidos de XV años.

―¿ Alo, polisia ? ―saludó Jared al aire esperando una respuesta.

―Amor, ya llegaste ―escuchó la voz de su madre salir desde su habitación.

Rosario salió casi enseguida y caminó hacia su hijo para darle un abrazo. Después, le dio una mirada rápida y discreta a Bruno.

―Hola, mamá ―la saludó con un abrazo y un beso en su mejilla. La madre de Jared era muchísimo más baja en estatura que sus hijos y, por ende, que Bruno.

―Tú debes ser Bruno ―dijo ella. Él extendió su mano y ella correspondió el gesto, seguido de un abrazo y un beso en la mejilla.

―Un gusto en conocerla, señora.

―Por favor, me llamo Rosario. Pero llámame Rosy o suegra.

Bruno se quedó callado y solo sonrió.

―Es broma ―le dijo Jared en voz baja.

―¿Qué? ¿No son novios? ―le cuestionó sorprendida.

―No, sí. Sí somos novios ―aclaró Jared alarmado.

―¿Pues entonces? Anden pues, vayan a tu cuarto y dejen sus maletas y mochilas. Voy a servir la comida para que coman después de su largo viaje.

Jared no renegó e hizo caso de la indicación de su madre.

Bruno lo acompañó y, estando en su habitación, que era mucho más amplia que la que tenía en Puebla, pintada de color azul plumbago, con una estantería enorme repleta de libros, un pequeño armario negro de tabla roca, un escritorio de madera y una cama individual con sábanas blancas, debajo de una ventana rectangular, dijo:

―Diablos, ¿cuántos libros tienes?

Al caer la noche, la familia ya se encontraba reunida en el patio.

Bruno había ayudado a Jared, su hermano y sus primos a colocar las mesas en el patio, los manteles y servir la comida que se había preparado por parte de todos: lomo asado en salsa de tamarindo, spaghetti, ensalada fría y dulce, pechugas rellenas en crema de chipotle, gelatina y pastel como parte de la celebración del cumpleaños de Jessica.

Jared había esperado hasta la noche para felicitar a su prima, dándole su regalo envuelto. Los primos se dieron un abrazo muy fuerte y Jared presentó especialmente a Bruno con ella. Jessica le había hecho conversación mientras Jared hablaba con Adriana.

―¿Ya lo conocieron todos? ―preguntó ella curiosa.

―Sí, Gael y Damián lo conocieron cuando comenzamos a montar las mesas. Erick, Natalia, Arturo y Marina, hace unos momentos cuando sacaron la pantalla y el equipo de sonido de su casa.

―Solo faltábamos nosotras.

―Así es.

Durante la cena, era costumbre no sentarse separados en familia; por lo menos un integrante de cada familia se tenía que sentar con otros para homogenizar el ambiente.

Fue Daniel quien se sentó en la mesa de su tía Nayeli con su esposo Mauricio, y su primo Damián.

Gael se había sentado con Helena, su esposo David y su prima Jessica.

Adriana se había movido a la mesa con Rosario, Bruno y Jared.

Sus primos Erick, Natalia, Marina y Arturo, al no estar sus madres presentes y cada uno siendo padre de dos y tres hijos, se quedaron en sus mesas sin mover a nadie.

Jared se quedó sentado junto a Bruno mientras este conversaba con Adriana. Su madre solo sonreía al ver a su hijo feliz, en mucho tiempo.

―Me agrada ―le comentó ella con una sonrisa―. Se ve que te quiere mucho.

―Y yo a él, mamá ―le tomó de la mano y ésta sujetó la suya―. Mucho.

―¡A la bio, a la bao, a la bim bom ba! ―exclamaron todos al unísono y con fuerza―. ¡Jessy! ¡Jessy! ¡Ra! ¡Ra! ¡Ra!

Todos comenzaron a aplaudir mientras Jessica soplaba las velas al término de la porra. Jared tomó una fotografía con su cámara Polaroid y, cuando esta salió, se la dio inmediatamente a su prima.

―Gracias, Jar ―le dio un abrazo, después procedió a dar la famosa mordida y a partir el pastel.

―Feliz cumpleaños, Jess.

Jared regresó al lado de Bruno y este no dejó de tener una sonrisa dibujada en el rostro.

―¿Cómo te sientes? ―le preguntó Jared a Bruno.

―Tu familia es muy agradable ―comentó él―. Tan cándidos y alegres. Se nota que eres adoptado.

―Cállate ―le dio un pequeño codazo en las costillas.

―¡Santo Cristo! ―exclamó la tía Helena―. ¿Por qué tanta violencia, caballeros?

―Él empezó ―respondió Jared.

Bruno solo se carcajeó y le dio un pequeño beso en los labios. Era la primera vez que lo hacía en todo el día. Se entendía que Bruno no quería incomodar a la familia, pues desconocía su forma de pensar y no quería comprometerse a dar una impresión equivocada.

―Lo siento ―se disculpó.

―Tranquilo, todos saben de mi preferencia.

―¿Y los niños? ―preguntó señalando a los hijos de sus primos.

―También lo saben, y entienden mejor que un adulto ―respondió Jared tranquilo―. Mi ahijado me preguntó hace rato si tú eres mi amigo o mi novio.

―¿Tu ahijado?

―Ven.

Jared llevó a Bruno con Benjamín, su sobrino, hijo de su prima Marina.

―Hola, padrino ―saludó el niño de cabello lacio, corto, con ojos enormes y brillantes, que, al igual que Jared, tenía las pestañas largas y chinas. Benjamín tenía una sonrisa alegre, a diente abierto siempre.

―Benja, ¿ya conociste a Bruno?

El niño de nueve años saludó con la mano a Bruno y éste le respondió el gesto.

―Mucho gusto, Benja.

―¿Quieres jugar a las escondidas con nosotros? ―le dijo Benja sin soltarle la mano, señalando a sus demás primos.

―Claro que sí, ¿quién cuenta?

―¡Tú!

Benjamín se llevó a Bruno y éste solo miró por un momento a Jared, quien comenzó a reír al ver el “secuestro”.

―Tu novio tiene su encanto ―le dijo Marina.

―Vaya que sí.

Durante un tiempo, Bruno jugó con los niños.

Después se les unieron Jared, Daniel, Adriana y Sandra.

Y eventualmente Erick, Natalia, Arturo, Marina, Gael y Damián.

Todos los adultos y niños jugando como iguales, ayudándose a esconder bien.

Rosario, Helena y Adela se quedaron viendo a todos jugar, mientras sus esposos solo tomaban cerveza y cantaban canciones de banda por ratos y, por otros, dejaban la música navideña sonar.

Eso sí, no se querían meter en problemas previo al brindis.

―Dios, ¿de dónde obtienen tanta energía? ―dijo Damián, el joven robusto de dieciocho años, de piel caucásica y cabello chino.

―Güey, son niños ―respondió Adriana.

―Y acaban de comer pastel, no hay poder que los detenga ―añadió Jessica.

Bruno ya se había rendido y se sentó en la mesa con la madre de Jared. Él veía a lo lejos que estos dos comenzaban a hablar, pero, al seguir jugando con sus primos y sobrinos, no podía escuchar.

Después vio que sus tías también le hacían plática, y fue cuando comenzó a ponerse nervioso, más conociendo la clase de preguntas que seguramente le podrían hacer; pero confiaba en la sensatez de Bruno y, hasta cierto grado, en la de sus tías.

A la medianoche, durante el brindis, fue un momento muy sentimental, pues además de dar gracias por las bendiciones, se hizo mención de las sillas vacías, haciendo alusión a la abuela y las tías ausentes.

Pero, en otro momento, se dio gracias a la llegada de Bruno a la vida de Jared.

Bruno se sintió muy sonrojado cuando esto pasó, y fue que Jared le tomó de la mano y le sonrió.

―Feliz Navidad a todos, salud ―dijo por último el tío Mauricio. Todos alzaron sus copas y vasos, en el caso de los niños; dijeron “salud” y bebieron la champaña y sidra.

―Feliz Navidad, amor ―le dijo Jared.

―Feliz Navidad ―se dieron un beso en los labios y después se abrazaron.

―Gracias por venir conmigo ―Jared sonrió sin dejar de abrazarlo.

―Gracias a ti, por invitarme ―le dijo mientras veía a su familia―. Son increíbles, todos.

Jared miró a su familia brevemente, mientras se intercambiaban abrazos.

―Lo sé.

Ellos comenzaron a abrazar a todos y fue en un mar de abrazos, lágrimas de felicidad y tristeza, karaoke familiar y alcohol, que la celebración comenzó a estar en su apogeo.