Incertidumbre y temor Vuelta al sol y Nochebuena #2
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Vuelta al sol y Nochebuena #2

El aroma del perfume de Bruno comenzó a embriagar las fosas nasales de Jared, quien le olió el cuello directamente mientras se abrazaban. Ese aroma le encantaba: no era dulce ni tampoco fuerte como ciertos perfumes caros. Tenía un olor particular que no podía identificar. Fresco.

—Gracias, amor —le respondió.

—¡Hey! ¡Échenle agua! —gritó Fernando.

—Falta la mordida —le dijo Dalia.

Entonces Jared le mordió despacio el cuello a Bruno, y este solo emitió un pequeño sonido. Sus amigos comenzaron a carcajearse y Bruno se le quedó viendo.

—¿Qué fue eso?

—La mordida —le respondió sonriendo.

—Mordida la que te voy a hacer al rato —le dijo con una mirada retadora.

Jared se limitó a abrir los ojos sin dejar de verlo y caminó hacia el pastel, alejándose de la posible zona de riesgo. Dio una mordida al pastel y fue embarrado por Fernando y Jorge, como era tradición.

Bruno le acercó servilletas para limpiarse, y Jared comenzó a partir rebanadas del pastel que habían quedado intactas tras el impacto. Les dio a todos sin excepción y, cuando terminó, se acercó a Bruno para decirle algo al oído.

—Me meto a bañar y salgo.

—Está bien.

—¿A dónde iremos?

—¿No te quieres quedar aquí con todos?

—No se van a quedar mucho tiempo. Todos trabajan mañana o están ocupados desde temprano.

—Vale, está bien.

—Chicos, enseguida regreso. Iré a darme un baño rápido y los acompaño.

Jared tomó su mochila y subió a su habitación.

Se quitó rápidamente la ropa, tomó su toalla y caminó por el corredor hasta entrar al baño para darse una enjuagada rápida y lavarse los dientes.

Reprodujo música de The Killers y comenzó a cantar, pero en un par de ocasiones las canciones fueron interrumpidas por llamadas que recibía. Una de ellas era de su prima Jessica.

Demonios . Pensó al sentirse atareado por todo.

Una vez cambiado, regresó las llamadas a su prima y demás familiares que lo habían felicitado. Le tomó casi veinte minutos hablar con ellos y fue cuando se despidió de su tía Nayeli que bajó a la sala.

—Qué bueno que bajas —le dijo Dalia—. Me tengo que ir, ya es tarde.

—Perdón por tardar —se disculpó Jared, apenado—. Me llamaron de casa para felicitarme.

—Tranquilo, está bien —le dio un beso en la mejilla—. Además, habrá tiempo para celebrar bien después.

Dalia miró a Bruno y luego a Jared. Este entendió que ya sabía que planeaban salir a comer; era más que obvio que ambos ya tenían planes.

—Nos vemos —se despidió Jared—. Cuídate mucho, cielo.

Dalia se marchó y abordó su Uber. Fue cuestión de minutos para que después Debani e Isabel también se retiraran del mismo modo. Solo quedaban en la casa ellos dos y sus roomies.

—Bueno, creo que es nuestro turno de retirarnos —comentó Jared a Bruno.

—¿Van a salir? —les preguntó Jorge, sorprendido.

—Iremos a comer —le guiñó el ojo.

—Diviértanse —les dijo Fernando.

—Feliz cumpleaños, Jared —le dijo Anahí, y Alexis se limitó a levantar la mano en señal de felicitación.

—Gracias, chicos.

Bruno y Jared salieron de la casa y subieron a la motocicleta, pero antes de arrancar, Jared le preguntó a Bruno a dónde irían. Bruno se limitó a decir:

—Paciencia, te va a gustar.

Se colocaron los cascos enseguida y Bruno arrancó la motocicleta.

Jared se maravillaba al ver pasar las luces de la ciudad frente a sus ojos a toda velocidad, mientras se sujetaba de la cintura de Bruno.

Era la segunda vez que se subía a la motocicleta con él, lo cual le parecía emocionante.

Como si estuviera en una de esas novelas en las que la chica inteligente se enamora del chico rudo de la preparatoria y este la lleva a dar un paseo en moto. Justo así se sentía Jared.

Dios, su espalda, pensó Jared mientras sentía cómo su pecho se apretaba contra la espalda de Bruno.

Podía sentir cómo su entrepierna comenzaba a endurecerse, lo cual no quería, pues solo estaban rodando en la motocicleta.

Pero Bruno tenía ese efecto en él; no podía evitarlo.

Decidió enfocarse en adivinar a dónde lo estaba llevando.

Se estaban incorporando a la zona de Angelópolis, sobre la vía Atlixcáyotl.

Jared conocía la zona: había ido un par de veces a reuniones con un club de idiomas donde practicaba alemán, francés e italiano.

Bruno estacionó la motocicleta dentro del estacionamiento de una plaza ubicada frente a la Estrella de Puebla.

—Plaza Solesta —comentó Jared—. No lo habría imaginado. Hace tiempo que no vengo por este rumbo.

—Pues trabajo no muy lejos, a decir verdad —le comentó Bruno—. Por cierto, te he comprado esto —le dijo mientras sacaba el libro de la caja y se lo daba—. Perdón, no tuve tiempo de envolverlo.

Jared miró el libro y se emocionó al leer el título.

—¡No puede ser! —dijo con emoción—. He querido leer este libro desde hace tiempo.

—No lo sabía, pero asumí que era de tu interés —le dijo sonriendo.

Jared lo miró y sus ojos comenzaron a brillar.

—Gracias, Bruno —le dijo. Lo besó en los labios apasionadamente mientras lo abrazaba con su brazo derecho. Bruno lo abrazó con fuerza mientras olía su cuello.

Jared se estremeció un poco y se alejó.

—Me dio cosquillas —comentó mientras se tocaba la nuca—, tu barba.

—Lo siento.

—Descuida —le dio otro beso en los labios—. ¿Vamos?

Bruno guardó los cascos en la caja y tomó de la mano a Jared para caminar por la plaza.

Las decoraciones navideñas ya estaban por doquier en todos los locales, incluyendo un árbol, luces y un tren para niños. El frío de la noche era menos intenso dentro del lugar.

—¿A dónde vamos?

—OCHO30 —le respondió Bruno.

—¿Es en serio?

—¿Por qué te sorprende?

—¿No es muy caro ese lugar?

—Es tu cumpleaños, mereces celebrarlo bien.

—Sí, supongo —Jared estaba sin palabras—. No sé qué decir.

—“Te amo. Gracias. No debiste” —comenzó a decir Bruno.

—Estás haciendo de este un cumpleaños excepcional —le dijo Jared, feliz.

—Esa es la idea.

Una vez en el restaurante, Jared pidió una pizza “Cuatro Caminos” tamaño familiar con un clericot, mientras Bruno pidió un mojito.

—¿Te puedo decir algo? —preguntó Jared.

—Dime.

—Es mi primer cumpleaños lejos de mi familia —le dijo mientras daba un trago a su bebida—. Siempre he estado en Cuernavaca para mi cumpleaños.

—¿Y esta vez por qué no?

—Trabajo —respondió fríamente—. Ya soy un adulto independiente, con responsabilidades y gastos. No puedo faltar, así como así.

—Tienes razón —admitió—, no es tan sencillo. Pero mira lo bueno: tienes amigos que te quieren mucho y se preocupan por ti. Eso es increíble.

—No me quejo, aunque eso parece —afirmó Jared—. Es solo que extraño a mi familia.

—Ya veo —Bruno tomó su mano—. Pero aquí estoy yo. Te amo y quiero que te sientas feliz ahora.

Jared esbozó una sonrisa y, al mirar sus ojos, recordó la mañana en que se conocieron.

—Estoy feliz —respondió.

—A veces te noto disperso —añadió Bruno—, melancólico.

—Siempre estoy melancólico. Me siento feliz, pero extraño algo o a alguien todo el tiempo.

—¿Tu familia?

—Sí, pero también etapas de mi vida.

—¿Cómo cuáles?

Jared dio otro sorbo a su clericot y miró a su alrededor.

—La universidad, vivir con mi familia, tener diecisiete… —hizo una pausa—, tener a mis tías y a mi abuela, y también tener mejor salud mental.

Bruno no comentó nada; solo lo escuchó, acariciando su mano.

—Perdón, no era mi intención —dijo Jared.

Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

—Descuida —dijo limpiándose—. Tenía que pasar. Es mi primer cumpleaños sin mi abuela.

Bruno guardó silencio.

—No sé qué decir.

—No tienes que decir nada.

—No es justo… —respondió, frustrado—. No he perdido a alguien así.

—No es tu culpa —le dijo Jared—. No quiero que vivas algo así para entenderme.

Bruno sonrió levemente.

Después de cenar, regresaron a la motocicleta y se dirigieron al departamento de Bruno.

—Pensé que a tu roomie le molestaban las visitas —dijo Jared.

—No está. Se fue de vacaciones.

—Perfecto.

El edificio donde vivía Bruno tenía trece pisos, era elegante, con ventanales azules y balcones de cristal.

―Vaya, se ve que es costoso ―admitió Jared―. Te debe de ir muy bien en tu trabajo.

―Pues, realmente la renta no es muy cara ―comentó―. Martin se encarga de pagar los gastos más fuertes. Yo cubro lo que haga falta, pues como casi no estoy en casa, no genero mucho gasto de servicios.

―Parece un trato justo.

―Pues nos ha servido.

Bruno abrió la puerta eléctrica de uno de los garajes y estacionó su motocicleta en su lugar. Jared se quedó esperándolo en la calle mientras observaba lo tranquila y fría que era la noche.

―Entremos, que hace mucho frío ―dijo Bruno.

Jared lo siguió por el corredor de la estancia. Entraron a un ascensor y presionó el botón con el número cuatro. Salieron del ascensor y fue en la puerta del lado derecho que Bruno abrió paso al departamento.

―Bienvenido a chez-moi ―dijo con un francés provinciano.

La estancia era bastante amplia, las paredes de un color gris claro y el piso marmoleado daban un ambiente elegante y sofisticado.

Los muebles de la sala eran de piel negra, una mesita de cristal en medio, una pantalla de plasma.

El comedor constaba de una sencilla mesa de madera rectangular y al fondo una cocina integral.

En la sala comedor había ventanas rectangulares amplias, que daban vista directa a la Avenida Reforma.

― Très bel endroit, élégant ―añadió Jared.

―Es un tanto pretencioso el lugar ―admitió Bruno.

―Te sienta bien.

Bruno besó a Jared, se quedaron parados un tiempo, pero fue Bruno quien los llevó al sofá para continuar besándose mientras se acariciaban. Después de un rato, Jared se retiró e hizo un comentario en medio de la pre acción.

―Mañana entro a trabajar a las nueve.

―Y yo a las ocho. Te llevo a tu casa temprano.

―O me pido un Uber.

―Para nada, yo lo pido. Te puedes quedar aquí y levantarte tarde.

―¿Seguro?

―Ofende la pregunta ―continuaron besándose mientras ambos continuaban con la celebración de cumpleaños especial―. Feliz cumpleaños, amor.