Incertidumbre y temor Vuelta al sol y Nochebuena
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Vuelta al sol y Nochebuena

Bruno y Jared habían acordado no guardarse nada: ni inconformidades, ni miedos, ni comentarios; siempre dejar las cosas en claro y sobre la mesa.

Durante el resto de noviembre, los fines de semana siguientes salieron a ver Pueblos Mágicos, como Atlixco y su recorrido por las catrinas monumentales y los campos de cempasúchil, y Zacatlán, pues un amigo le había recomendado visitar el lugar a principios de mes.

Ambos no lo dudaron y se dieron su escapada ese fin de semana. A pesar del frío insoportable, a ellos les gustaba el clima. Era una excusa perfecta para pasar dormidos, abrazados en la cabaña que habían alquilado como hospedaje.

Diciembre ya había llegado. Estaban a una semana del cumpleaños de Jared, el catorce de diciembre. Sería un miércoles, por lo cual no podría viajar a Morelos con su familia. Su prima Jessica cumplía años el veinticuatro, así que tendría que volver para pasar Navidad con ellos.

Tendría dos semanas de vacaciones pagadas, sus primeras vacaciones de acuerdo con la ley.

Pero, en pláticas con Bruno, habían acordado presentarse con sus respectivas familias.

Jared presentaría a Bruno en Navidad y Bruno a Jared en Año Nuevo.

La idea emocionaba a ambos, en especial a Jared, pues sería el primer novio que presentaría a su familia.

Al mismo tiempo, la misma idea le causaba pavor.

Pero estaba dispuesto a hacerlo, pues sabía y notaba que Bruno era diferente.

Solo esperaba que encajara con su peculiar familia y su carácter un tanto complicado ante alguien de fuera.

—¿Algún plan para el miércoles en la noche? —le preguntó Bruno a Jared mientras conducía el auto de su hermano, camino de regreso a Puebla desde Atlixco y su Villa Iluminada.

—Ninguno —respondió—. ¿Por qué?

—Es tu cumpleaños. Pensé que tendrías alguno con los chicos.

—Es entre semana, nadie sale entre semana. Pensaba celebrar el sábado siguiente.

—Suena bien, pero… ¿estaría mal si salimos a comer algo, solo tú y yo?

—¿Tú y yo? ¿El miércoles de mi cumpleaños?

—Bueno, solo si tú quieres. Si quieres llegar a descansar después del trabajo, lo entiendo —comentó sin apartar la vista de la carretera.

—Sí, sí quiero —respondió Jared, feliz—. Me encantaría salir.

Llegaron a Puebla sanos y salvos. Bruno dejó a Jared en su casa antes de llevar el auto a casa de su hermano en Cholula, donde había dejado su motocicleta. Se despidieron con un beso, y Bruno condujo en dirección a la vía Atlixcáyotl y de ahí a la Recta a Cholula.

Cuando Jared llegó a su trabajo la mañana de su cumpleaños, Jocelyn había decorado su pequeño escritorio con un “FELIZ CUMPLEAÑOS” de letras de diferentes colores. Junto a su computadora había un regalo, un pequeño pastel de chocolate y algunos globos decorando su área de trabajo.

Jared sonrió al ver el gesto de su compañera. Supuso que había llegado antes para decorar o, bien, que se había quedado después de la hora de salida el día anterior. Como fuera, el detalle fue bien recibido, y Jared le tomó una fotografía que subió a sus redes sociales.

Había recibido llamadas de su familia: su madre, sus tías, primos y primas, antes de entrar a trabajar, desde las siete de la mañana.

En WhatsApp ya tenía mensajes de viejos amigos y excompañeros de clase.

Fernando, Jorge y Alexis lo felicitaron antes de irse a trabajar.

A él le encantaban esos gestos; se sentía querido y apreciado por todos.

Era un día especial para él. A pesar de que era su primer cumpleaños lejos de su familia, estaba siendo uno muy bueno hasta el momento.

Se colocó su bata de laboratorio y entró a la planta para ir al encuentro de su amiga antes de comenzar con su inspección rutinaria en la producción.

—Eres una tramposa —le dijo cuando la vio en el laboratorio de HPLC*—. Te dije que nada de sorpresas.

—No eres mi jefe —le respondió—. Además, quise hacerlo.

—Gracias, preciosa.

Jocelyn se acercó a él y le dio un abrazo muy fuerte durante casi un minuto.

—Feliz cumpleaños, Inspector Guapo —le dijo.

—Basta, ya nadie me dice así.

—Siempre serás conocido así aquí.

Bruno estaba pensando en si llamarle a Jared o esperar a ir a verlo a su casa.

Fernando había hablado con él y le había dicho que ellos junto con las chicas, le preparaban una pequeña reunión sorpresa.

A Bruno le agradó mucho la idea de sorprenderlo en su casa: pasar un rato con sus amigos y, si Jared aún accedía, salir a comer juntos.

Decidió entonces esperar a las dos de la tarde, en la hora de comida, para hacer una llamada exprés y felicitarlo.

Estaba pensando en qué comprarle de regalo. Sabía que le gustaban mucho los libros, pero no sabía qué lectura tenía en mente en ese momento. Así que optó por dejarlo al azar en la sección de ciencia ficción de Gandhi.

En el trabajo, ya casi terminaban de construir la nueva sucursal.

La semana siguiente, antes de Navidad, estaba programada la inauguración oficial.

Los puestos ya estaban cubiertos y las capacitaciones en marcha.

Todo estaba cayendo en su lugar. Si todo marchaba bien, tendría libre después de Navidad para pasar las vacaciones con Jared, como habían planeado.

Ya llevaban más de tres meses saliendo y un mes siendo novios oficiales. Era algo que no esperaba, pues el chico era un enigma para él, y seguía siéndolo. Pero ahora comprendía un poco más el rompecabezas en la mente de su novio.

Cuando Bruno salió de su trabajo, condujo su motocicleta hacia el Complejo Cultural Universitario de la BUAP. Había una librería abierta ahí y no le daba tiempo de ir hasta Gandhi.

Una vez dentro de la librería, Bruno comenzó a buscar en la sección de ciencia ficción.

Era un género que les gustaba a ambos. Pensó en comprar algún título de Isaac Asimov o de Orson Scott Card, pero al final optó por algo más popular: Dune , de Frank Herbert, pues ya había una película adaptada de la primera parte del libro y en cuestión de meses se estrenaría la segunda.

Desconocía si ya lo había leído, pero las veces que se había quedado con él nunca vio ese libro en su pequeña biblioteca.

Pagó el libro y regresó al estacionamiento del complejo. El sol ya estaba cayendo. Seguramente Jared ya estaba por salir de su trabajo. Tenía que darse prisa para llegar a su casa antes que él y sorprenderlo con sus amigos.

Cuando llegó a la casa, fue Fernando quien le abrió la puerta al tocar el timbre.

—¿Ya llegó? —preguntó Bruno, asustado.

—No, pero ya no tarda —le respondió Fernando.

Bruno entró a la casa y vio que en la sala ya se encontraban Debani, Isabel, Dalia, Jorge y Alexis, a quien Bruno jamás había conocido en persona hasta ese momento, y la novia de Alexis, Anahí.

—Hola —saludó a todos, sorprendido.

—¿Tienes planes para la noche? —le preguntó Jocelyn a Jared.

—Saldré a comer con Bruno —le respondió, con una sonrisa dibujada en el rostro.

—Ya son novios, oficialmente, ¿cierto?

—Sí, lo somos.

—¡Ay, qué emoción! —le comentó con voz chillona.

Jocelyn abrazó a Jared y después se retiró para que ambos pudieran tomar de sus lockers sus mochilas y así salir de la empresa farmacéutica en la que eran esclavos laborales, para tomar rumbo a sus casas.

Jared tomó su regalo, el que Jocelyn le había dado, junto con los demás por parte de sus compañeros de trabajo.

—Bueno, pasa un feliz cumpleaños —le deseó Joce, y nuevamente lo abrazó—. Qué suerte la tuya, las operadoras te han regalado muchos chocolates y dulces.

—Sí, la verdad no me esperaba eso —comentó sorprendido—. Pensé que me odiaban porque les regresaba mucho PT* o les detenía el proceso.

—Tienen sus modos, pero les agradas. Ahí está la prueba —señaló la bolsa llena de dulces y chocolates que le regalaron.

—Tienes razón.

—Bueno, no te quito más tiempo. Corre para que llegues a arreglarte y salir con tu chico.

—Gracias, Joce —le dio un beso en la mejilla—. Adiós, hasta mañana.

La noche ya estaba presente. El cielo azul oscuro dejaba ver las estrellas. Jared caminó en dirección al Circuito Juan Pablo y tomó el camión que lo dejaba enfrente de su casa.

Esta vez quería llegar rápido para poder salir con Bruno, darse un baño y alistarse para la cita. En cuestión de cinco minutos llegó después de abordar el transporte público. Bajó del camión a unos cuantos metros de la casa, abrió el portón con su llave y entró a toda velocidad.

Una vez en la sala, fue sorprendido por las voces de sus amigos al unísono, gritando la misma palabra:

—¡SORPRESA!

Jared se detuvo de golpe. Primero se sorprendió; después se sintió apenado por casi seguir corriendo hacia su cuarto; luego sonrió, emocionado al ver a Debani e Isabel con un pastel en las manos, con velas en forma de número dos y cinco encendidas, acercándose mientras todos cantaban al ritmo de Las Mañanitas de Pedro Infante.

Jared vio a Bruno y no pudo evitar sentirse aún más emocionado al darse cuenta de que era parte del plan. Sus amigos y su novio le habían preparado una pequeña fiesta sorpresa. Tenía muchas ganas de llorar, pero se limitó a sonreír y quedarse de pie cantando con los demás.

No se había percatado de que en el pastel había una imagen impresa en una oblea. Eran Bob Esponja y Patricio, sentados en mesas escolares, riéndose, acompañados de una frase en letras rojas con tipografía de la caricatura: SE ME OCURRE ALGO MÁS GRACIOSO QUE 24…

Una vez terminada la canción y las porras, Jared cerró los ojos y pidió un deseo mientras soplaba las velas.

Entonces todos aplaudieron. Debani e Isabel dejaron el pastel sobre la mesa y procedieron a casi derribarlo al abrazarlo con tal fuerza sobrehumana.

Después lo abrazaron Dalia, Fernando, Jorge, Alexis y Anahí. Y, por último, Bruno.

—Feliz cumpleaños, guapo —le dijo al oído cuando lo abrazó.