Fantasmas del pasado
Después de la fiesta de Michel, Bruno se quedó con Jared en su cuarto. Ambos habían bebido lo suficiente para dejarse llevar nuevamente por su atracción.
A la mañana siguiente, hablaron sobre lo que Bruno le había dicho en la fiesta.
—Lo que dijiste anoche, en la fiesta, ¿es verdad o solo fue efecto del tequila? —le cuestionó Jared, algo tímido.
Bruno no respondió al momento. Se tomó su vaso de agua con sal de uvas y se quedó recostado en la cama junto a Jared.
—Era verdad —le respondió mirando al techo—. Te amo.
Jared no supo cómo reaccionar ante eso. Por dentro brincaba de emoción, pero por fuera solo se limitó a quedarse callado y serio. Miró el techo igual que Bruno y solo pensó:
Pero, ¿por qué?
—¿No dices algo? —le preguntó Bruno, desconcertado.
—Perdón, me perdí en mis pensamientos.
Bruno se giró de lado y se quedó mirando a Jared.
—¿Qué piensas?
Jared respiró profundo, se giró igual y desvió su mirada de él.
—No quiero sonar grosero —comenzó a decir—. Pero creo que es muy pronto para que me digas eso.
—¿Muy pronto?
Jared comenzó a pensar que Bruno estaba molesto por eso. No sabía cómo expresar la inseguridad que le causaba escuchar decir eso.
—Apenas llevamos dos meses de conocernos. ¿Cómo puedes decir eso? Aún no me conoces por completo.
Bruno no dijo nada. El silencio se hizo presente en la habitación nuevamente, pero de una manera más prolongada.
Ambos sabían que era mejor no decir nada más, dejar el tema ahí, para no comenzar una discusión después de haber pasado un buen rato.
Pero también sabían que tendrían que retomarlo en algún momento.
Después de un rato en silencio, Bruno se puso a ver videos en TikTok y Jared a ver las historias que había subido en Instagram, así como las de los demás de la fiesta. Notó que no había subido ninguna con Bruno, y tampoco tenía fotos con él.
Pasó un rato antes de que salieran de la habitación para desayunar, ya que sus estómagos les exigían comida. Cuando bajaron, vieron a Fernando en la sala viendo una serie en la pantalla.
—Buenos días —saludó Jared.
—Buenos días —respondió Fernando, quien estaba fresco como lechuga, sin resaca, bien dormido y descansado.
Eran las once de la mañana. Apenas se habían animado a salir del cuarto, a pesar de que se sentían sumamente cansados, con resaca, dolor de cabeza y un poco de náuseas.
—¿Qué quieres desayunar? —le preguntó Jared a Bruno.
—No lo sé, lo que quieras desayunar.
Jared hizo una mueca y miró seriamente a Bruno.
—De verdad, no sé qué desayunar. Mejor tú elige por los dos —añadió Bruno.
—Bueno, entonces unos chilaquiles verdes bien picosos para bajarnos la cruda.
—No tan picosos, por favor —le dijo, tocándose el vientre.
Jared comenzó a cocinar mientras escuchaba música de Moenia a todo volumen. Bruno se unió a Fernando en la sala, viendo la serie.
—¿Todo bien? —le preguntó Fernando al notarlo serio.
—Sí, con un poco de migraña —respondió Bruno.
—No la cruda —aclaró Fernando—, tú y él —señaló con la cabeza en dirección a la cocina.
—¿Por qué preguntas?
—No estás cocinando con él.
Fernando era astuto; nada se le escapaba.
—Hace rato hizo un comentario que me dejó pensando.
—¿Qué cosa?
Que duda de lo que siento por él . Pensó Bruno.
—Pues, anoche le dije que lo amaba.
Fernando sonrió, pero notó la tristeza en Bruno al decirlo, como si estuviera decepcionado.
—¿Qué te dijo él? —preguntó en voz baja mientras subía el volumen de la pantalla.
—Que es muy pronto para que le diga eso. Que aún no lo conozco bien.
Fernando se quedó analizando la situación. Miró de reojo a su roomie e hizo un gesto leve.
—Mira, Bruno, no soy quién para opinar o decir algo.
—¿Pero?
Fernando hizo una pausa antes de responder.
—El chico que casi golpeamos anoche le hizo mucho daño —comentó—. Le cuesta trabajo volver a confiar en las personas.
—¿Cómo que mucho daño?
—No me corresponde decirte. Si Jared no te ha contado, es porque aún no se siente seguro.
—Sí, pero… ¿físicamente?
Bruno pensó que quizás lo había agredido físicamente.
—No que nos haya dicho —respondió Fernando—. Pero sí emocionalmente. La pasó mal cuando lo dejó.
—Y anoche lo buscaba.
—Es una mierda. Se debe sentir solo y quiere verle la cara de estúpido, probablemente.
Bruno miró de reojo a Jared. La salsa ya comenzaba a oler bien. Jared cocinaba muy rápido y muy bien, al menos para el gusto de Bruno.
—¿Hace cuánto que terminaron?
—Seis meses, o siete. En marzo, poco después de lo que pasó con la abuela de Jared.
¿La abuela de Jared? Pensó Bruno.
Ahora entendía muchas cosas. Era por su abuela que Jared se sentía así, por quien tuvo su catarsis aquella mañana. No quiso hacer sentir a Fernando como un entrometido y fingió saberlo.
—Sí que es una basura.
Bruno miró a Jared y entendió mucho más del porqué de su comportamiento. No era su culpa. Pero se preguntaba por qué no podía sentirse en confianza con él. Le había demostrado de muchas formas que podía confiar, y eso lo hacía sentirse un poco desplazado.
Pero también podía entenderlo. Él tampoco le había contado todo sobre Santiago, ni sobre su relación con su padre y su hermano. Solo lo superficial.
Entonces decidió no presionarlo, no pensar demasiado en eso y dejar que ambos comenzaran a confiar poco a poco.
No debí decirle eso anoche , se repetía en su cabeza.
Cuando Jared terminó de cocinar, Bruno le ayudó a servir los platos. Tomaron jugo de naranja del día anterior y continuaron viendo su capítulo de La Casa del Dragón en silencio mientras comían.
Cuando terminaron, Bruno se despidió de Jared y Fernando.
Jared salió a despedirlo, pero ambos se sentían un poco incómodos aún por la conversación inconclusa.
—Bueno, no quiero irme, pero tengo que —comentó Bruno.
—Sí, está bien.
Bruno se preparó para subir a su motocicleta y, antes de hacerlo, abrazó a Jared con fuerza, intentando darle algo de consuelo.
—¿Nos vemos luego?
—Sí, sin problema —respondió Jared, desanimado.
Bruno dudó si era oportuno darle un beso o no. No sabía cómo tomaría el gesto, así que no lo hizo. Subió a su motocicleta, la arrancó y salió en dirección a su departamento.
Jared se quedó ahí, parado, con sentimientos encontrados. Confundido.
Habían pasado ya cinco días. Jared volvió a Cuernavaca la noche del viernes, saliendo de su trabajo. Era la noche del primero de noviembre. Tenía que estar con su familia en esos días tan significativos. Tan difíciles.
Durante la semana, mensajeó con Bruno de vez en cuando, pero no tanto como antes. Seguían pendientes del otro en redes sociales, pero sin decir o hacer mucho más que saludarse ocasionalmente. Las cosas se habían vuelto tensas.
Bruno, por su parte, no era muy dado a celebrar el Día de Muertos con su familia. No iba al panteón ni dejaba flores. Esa noche decidió salir con Luis, Susana y su compañera de trabajo, Areli, para dejar de pensar en Jared.
Comenzaba a dudar si realmente quería continuar con la relación. Quizá, en lugar de hacerle bien, terminaría haciéndole daño. Y no quería eso.
Sus amigos le aconsejaron que siguiera saliendo con él. Que no dudaban de que le estaba haciendo un bien, no un mal. Solo necesitaba tiempo. No todas las personas sanan al mismo ritmo.
Él tampoco había sanado lo de Santiago.
Jared pasó unos días grises ese fin de semana con su familia. Era el primer altar que levantaban con una fotografía de su abuela. Aún era difícil de asimilar. Parecía un sueño para todos.
Cuando fueron al panteón a dejar flores, hubo lágrimas por parte de todos, sin excepción. El dolor los unía por igual.
Y para él, como para su familia, era muy difícil aprender a vivir con ese dolor día a día.
Cuando regresó a Puebla, Jared se sentía un poco más tranquilo. Estar con su familia en esas fechas lo ayudaba mucho. Sentirse acompañado en el dolor que solo los suyos entendían.
Por más que sus amigos lo acompañaran, le dieran palabras de aliento o lo consolaran, no era lo mismo.
Ellos no podían entender por completo ese dolor, y no quería que lo hicieran.
Era algo que no le deseaba a nadie, ni siquiera para sentirse acompañado.
Pero, como todo en esta vida, sabía que eventualmente pasarían por eso.
Y él estaría para ellos cuando así fuera.
Bruno necesitaba ver a Jared, hablar con él.
Después de la “terapia” con sus amigos, había comprendido que ambos eran personas con heridas sanando.
No era un crimen eso. Estaba dispuesto a contarle sobre su relación con Santiago para que entrara en confianza con él también, o al menos para que supiera que no estaba solo en el dolor.
Quería dejarle en claro que solo quería ayudarlo, que realmente lo quería. Que no quería lastimarlo ni nada por el estilo. Acompañarlo era la palabra que utilizaría para definirlo.
La tarde del siguiente viernes, cuando salió de su trabajo, Bruno tomó valor para escribirle un mensaje a Jared, directo, proponiéndole salir al Parque Ecológico. Necesitaba hablar con él. Quizá hacer un poco de deporte ayudaría a mitigar la tensión entre ellos.
Jared
Hola :)
Estás ocupado?
Sino es así, te gustaría salir conmigo?
Vamos al Parque Ecológico
Quiero hablar contigo
Se quedó pensando un momento y envió el mensaje.
Pensó que quizá no aceptaría la propuesta. Ya habían pasado casi dos semanas desde la última vez que se vieron, y no había día en que no pensara en él: en sus ojos, en su sonrisa, en sus rizos negros, en sus labios.
Jared estaba en su cuarto, comiendo algo y hablando con su madre por videollamada, cuando el mensaje de Bruno llegó. Tardó unos minutos en responder; después de todo, debía prepararse para dar sus clases de inglés.
Bruno ♥
Hola.
Sí, voy a dar clases.
¿Podría ser mañana?
Oh, lo siento
Sí mañana esta bien.
A que hora?
¿Te parece si nos vemos a las 6?
Vale, me parece bien :)
Perfecto, entonces nos vemos mañana.
Bruno estaba emocionado; no esperaba una respuesta. Pero al menos accedió a verse, lo cual era buena señal.