Disfraces #2
Fue entonces que Debani se acercó a saludarlos.
Estaba disfrazada de vampiro, igual que Jared, pero a ella la distinguía su maquillaje bien elaborado, con las venas de los pómulos resaltadas, al estilo de los vampiros de The Vampire Diaries .
Su atuendo era completamente oscuro y sus labios estaban ligeramente pintados de rojo, con unas gotas de sangre falsa escurriendo.
No usaba capa como Jared, ni tantas extravagancias.
—¿No pudiste ser más original? —le preguntó, molesto, Jared a su amiga.
—Vaya, creo que al final sí tienes pareja de disfraz esta noche —comentó Bruno, contento al verla—. Te ves preciosa.
—Gracias, Bruno precioso —Debani besó a Bruno en la mejilla y después a Jared.
Dalia estaba disfrazada de Bombón, de Las Chicas Superpoderosas . Usaba una peluca naranja y su vestimenta estaba improvisada con un vestido rojo y un cinturón de cartón. No se veía nada mal, pero el maquillaje —sombras y labial— le quitaba el encanto infantil del personaje.
—¿Señorita Belo?
—Bombón, cielo —lo besó en la mejilla—. Hola, guapo —saludó a Bruno del mismo modo.
—Me gusta, se ve bien.
—Gracias. Fue improvisado, no sabía de qué disfrazarme. Salí tarde del trabajo y tuve que hacerlo así.
—Me encanta —añadió Jared.
—Entremos —dijo Fernando.
Todos asintieron con la cabeza y entraron a la propiedad.
Adentro, la fiesta estaba en el jardín de la residencia; la gente se encontraba reunida.
Había muchas personas, con infinidad de disfraces.
También había luces láser de colores variados, como si estuvieran en una discoteca o antro en Cholula.
Incluso ya había muchos invitados tomando cerveza y demás alcohol que habían llevado.
Así eran las fiestas de Michel.
—¡Sí vinieron! —gritó a lo lejos Beatriz, disfrazada de hada, maquillada con colores metálicos, usando un top plateado y alas rosadas. El tono moreno de su piel hacía resaltar los colores del maquillaje y del vestuario, al igual que sus rizos negros.
—Beth, hola —saludó Fernando.
Beatriz abrazó a su amigo sin dejar de gritar de la emoción. Después miró a Jared, que estaba tomado de la mano de Bruno, y lo entendió al instante.
—Buenas noches, par de guapos —saludó.
La pareja se sonrojó y sonrió. Jared se acercó, la abrazó y le dio un beso en la mejilla.
—Hola, Beth. Te eché de menos.
—Y yo a ustedes. ¿Cómo les va?
Jared presentó a Bruno mientras la ponía al tanto de su vida: el trabajo, Bruno, la casa… las cosas de un adulto independiente. Luego le preguntó por Guadalajara y la maestría, alargando un poco la conversación. Fue entonces cuando notó que Bruno comenzaba a sentirse incómodo.
—¿A qué te dedicas, Bruno? —preguntó Beatriz para incluirlo.
Bruno comenzó a contarle sobre su trabajo y sobre cómo se conocieron él y Jared, lo que ayudó a integrarlo.
Fue entonces cuando Jared vio a la anfitriona: Michel.
Miche llevaba un disfraz de conejita: diadema con orejas rosadas, nariz pintada de rojo, bigotes en las mejillas, top blanco y falda rosa hasta las rodillas.
—Mich, hola —saludó Fernando.
—Hola, chicos, qué bueno que llegaron.
Todos la saludaron de beso. Al llegar a Bruno, él le estrechó la mano; ella respondió igual, pero añadió un beso en la mejilla.
—Muy guapo tu novio —le susurró a Jared.
Jared sonrió y los presentó.
—Encantada de conocerte —dijo Michel.
—Igual, gracias por recibirme.
—Tranquilo, guapo, es una fiesta, no un evento VIP.
—De todos modos, no soy amigo tuyo. Estoy de más.
—Eres novio de mi amigo, eres amigo.
Bruno y Jared se miraron, sin decir nada.
—Además, aquí hay mucha gente que no conozco. Solo diviértanse. Tengo que ir a ver a mi prima, ahorita vengo.
Michel desapareció entre la multitud.
—Muy interesante tu amiga —comentó Bruno.
—Mich es a toda madre.
—Se nota.
Bruno comenzó a convivir con los amigos que ya conocía, mientras Jared alternaba entre pláticas con Beatriz y Olivia, y bailes con ellas.
—¿Cómo lo conociste? —preguntó Olivia.
—¿Grindr? ¿Tinder? ¿Facebook Parejas? —añadió Beatriz.
—Ninguna app de citas —respondió Jared, dando un sorbo a su tequila.
—¿Entonces?
—Nos conocimos de la manera menos esperada.
—Te recogió de la calle y te dio de comer, vagabundo.
Jared rió, sin saber que no estaban tan lejos de la verdad.
—Pues… algo parecido.
Ellas lo miraron desconcertadas, y Jared comenzó a contarles lo sucedido: su crisis y cómo Bruno apareció y evitó que se arrojara de un puente. Las chicas se preocuparon y lo abrazaron.
—Güey, nos hubieras llamado —dijo Olivia.
—Sí, una llamada bastaba —añadió Beatriz.
Jared respiró profundo.
—Tranquilas, todo está bien. Él apareció y me ayudó.
—Y estamos agradecidas con él —dijo Olivia.
Los tres miraron a Bruno, que conversaba con Fernando y Jorge. Él notó la mirada y les sonrió.
—Yo también —añadió Jared.
La fiesta tomó fuerza. Llegó más gente y el lugar se llenó. Jared iba y venía entre Bruno, sus amigos y la pista de baile.
Bruno notó algo: a Jared le encantaba ser el alma de la fiesta.
Es todo un personaje . Pensó mientras lo veía bailar y reír.
—Tenía mucho que no lo veía así —comentó Fernando.
—¿Por qué? —preguntó Bruno.
—Trabaja mucho, además. Se propuso ya no salir tanto a fiestas, dejar de tomar y fumar.
—Pero se ve que le gusta.
—Sí, le gusta. Pero ya no quiere ese estilo de vida… o eso es lo que dice.
Bruno solo miró a su pareja bailar como loco mientras tomaba sin parar.
—Pues parece todo lo opuesto.
—Antes era más aventado, solo está en ambiente —comentó Fernando—. Está tranquilo, disfrutando. Vive bajo mucho estrés, necesitaba esto.
—Ya lo creo.
Bruno dio un sorbo a su cerveza, que acababa de servirse, para comenzar a entrar en ambiente. Notó algo que le extrañó mientras lo hacía: un tipo alto, robusto, con el cabello pintado de verde, disfrazado de Cosmo, de Los Padrinos Mágicos , se acercó a Jared.
Jared solo se limitó a susurrarle algo al oído, señaló a Bruno, se alejó del sujeto e inmediatamente caminó en dirección a él. Una vez frente a Bruno, lo besó abruptamente, con fuerza. Este se dejó por un momento y después lo apartó.
—¿Qué tienes? —le preguntó, sorprendido.
—Nada, ¿no te puedo besar?
—Estás actuando raro, ¿qué pasó?
Jared no dijo nada. Solo miró hacia otro lado, hizo una mueca y se fue, perdiéndose entre la multitud. Bruno, confundido, no supo qué hacer; dio un trago a su cerveza y fue detrás de él antes de perderlo de vista.
Ya fuera de la fiesta, vio a Jared fumar un cigarro, parado junto a un poste de luz.
¿De dónde lo sacó? Pensó Bruno, sorprendido.
—¿Te sientes bien? —le preguntó.
Jared siguió en silencio, fumando, ignorándolo. Bruno comenzó a sentirse abrumado; no entendía su comportamiento. Su rostro ya no expresaba tranquilidad, sino molestia y angustia.
—Acabo de encontrarme con alguien que no puedo tragarme ni en fotografía —respondió Jared, molesto.
—¿Quién?
Jared dio una calada y soltó la respuesta con el humo:
—Un exnovio.
Entonces Bruno entendió el porqué del beso abrupto. Había querido marcar territorio, dejar claro que no estaba solo.
—¿Quieres que nos vayamos? —propuso Bruno.
—No. No le daré esa satisfacción —respondió Jared—. Vine a divertirme contigo. Y eso pienso hacer.
Tiró el cigarrillo a medio terminar y lo aplastó con el pie.
—¿Seguro?
—Vamos.
Lo tomó de la mano y ambos regresaron, atravesando nuevamente el mar de personas.
No le daré esa satisfacción . Pensó Jared.
Ya dentro, comenzaron a bailar. Sonaban canciones viejas de reggaetón: éxitos de Don Omar, Daddy Yankee, Wisin y Yandel, La Factoría…
El baile se volvió cada vez más sensual; se acercaban poco a poco.
Bruno sujetaba con firmeza la cintura de Jared, y este se dejaba llevar por el alcohol, la música y la electricidad que Bruno despertaba en su cuerpo.
Se besaron apasionadamente sin dejar de moverse.
Aunque Bruno no era de ese ambiente, la estaba pasando bien.
No quería indagar en ese momento sobre el sujeto; no quería alterar más a Jared.
Si bailar lo ayudaba a mantenerse tranquilo, estaba dispuesto a seguirle el ritmo, aun con sus dos pies izquierdos.
—Tengo que ir al baño —le dijo Bruno. Lo besó con fuerza—. Ahora vuelvo.
Se alejó, dejándolo solo.
Jared caminó hacia su grupo, pero antes de llegar fue interceptado por Cosmo… o mejor dicho, Jesús.
—Déjame en paz —dijo Jared, molesto.
—Por favor, necesito hablar contigo.
—¿Sí? Qué bien por ti.
Intentó apartarse, pero Jesús le sujetó el brazo.
—Jared, por favor.
De pronto, la mano dejó de tocarlo. Jesús apareció en el suelo, y en su lugar estaba Bruno.
—¿Lo puedes dejar tranquilo?
Jesús se quedó tirado, mirando a Bruno con furia. Fernando y Jorge aparecieron junto a ellos.
Tres contra uno.
Jesús no hizo nada más. Se levantó y se marchó entre las miradas de la gente.
—Idiota —dijo Fernando.
Bruno se acercó a Jared y le acarició la mejilla.
—¿Estás bien?
—Sí, estoy bien.
—¿Qué quería ese imbécil? —preguntó Fernando.
—Hablar… pero yo no quería.
—Y no tienes por qué —añadió Jorge.
Bruno lo entendió todo. Algo debió haber pasado para que todos lo despreciaran así.
Una rabia comenzó a crecer en él. No sabía los detalles, pero la idea de que alguien hubiera lastimado a ese chico de ojos melancólicos le dolía profundamente.
—Necesito un trago más fuerte —dijo.
Jared le sirvió un vaso de refresco cargado de tequila.
—¿Seguro?
Bruno lo bebió sin pensarlo. Luego lo abrazó con fuerza, y Jared le correspondió. Se quedaron así un buen rato, hasta que apareció Michel.
—¿Todo bien? —preguntó, alarmada—. Me dijeron que hubo una pelea.
—No hubo pelea —respondió Beatriz.
—La sabandija de Sandoval se apareció —dijo Olivia.
Michel entendió de inmediato.
—¿Estás bien? —preguntó a Jared.
—Sí, Mich —respondió él. Miró a Bruno y sonrió—. Estoy bien.
Bruno sintió alivio al ver a Jared rodeado de gente que realmente se preocupaba por él, dispuesta a defenderlo si era necesario. Y ellos también lo habían visto a él hacer lo mismo.
Era afortunado de tenerlos.
El vampiro y el pirata siguieron bailando y tomando mientras la fiesta continuaba. Se besaban, se miraban, se tocaban. Cantaban canciones que conocían y otras que no. A veces solos, a veces con los demás.
Bailaron Fiesta Pagana de Mägo de Oz, Payaso de Rodeo y Caballo Dorado . Fernando tropezó dos veces al no saberse los pasos, convencido por Jared y Beatriz de unirse.
—Venga, Fer —decía Jared—. Dos a la derecha, dos a la izquierda… dos atrás, dos adelante… y cuarto de vuelta.
Fernando refunfuñaba sin lograr coordinarse.
El júbilo lo llenaba todo. Risas, gritos, música. La sensación de tener veinte años y creer que todo es posible.
En medio de ese caos feliz, Bruno tomó a Jared por la cadera, lo acercó y le susurró al oído, ya un poco ebrio:
—Me vuelves loco.
Le apretó el glúteo y lo besó con intensidad.
—Me encantas.
—Y tú a mí.
Jared le acarició la barba.
Hubo una pausa. Silencio.
Y entonces, Bruno dijo dos simples palabras:
—Te amo.