Disfraces
Además de ser de las más hermosas, era sumamente carismática e inteligente.
Todo el tiempo se iba de parranda con sus amigos de ingeniería y regresaba para tomar las últimas clases.
Se había vuelto buena amiga de Jared con el paso del tiempo.
Al principio no tenían una relación estrecha, pero conforme fueron tomando materias juntos, se conocieron más y comenzaron a forjar una buena amistad.
Jared había invitado a Bruno, quien no estaba seguro de asistir, pues no era muy su estilo. Jared lo había convencido diciéndole:
—Si vamos a ser novios, debemos hacer más cosas juntos, no solo dormir en mi cuarto.
A lo que Bruno no tuvo de otra más que acceder. Se lo debía, ya que había respondido a la propuesta de Jared con un:
—Sí, pero debemos conocernos más antes de meternos en algo de lo cual no estamos completamente seguros. Quiero que me conozcas bien y yo quiero conocerte bien. Saber sobre qué piso estamos parados.
Esas palabras habían resonado mucho en la cabeza de Jared los primeros días, pero después de un tiempo lo entendió y solo acordó una cosa con Bruno:
Exclusividad.
No ver a otras personas en un plano sentimental ni en encuentros casuales. Ambos accedieron. Ese acuerdo no dejaba completamente satisfecho a ninguno de los dos, pero era una forma de saber que iban en serio.
Habían pasado dos semanas desde aquella salida al boliche y la pista de hielo con sus amigos. Entre el trabajo y las actividades cotidianas, se veían principalmente los viernes por la noche, cuando salían de trabajar.
El viernes siguiente habían ido a comer tacos, los cuales le habían caído mal a Bruno, provocándole una indigestión.
Jared se había sentido culpable, pues no había sido su intención.
Olvidaba que Bruno no estaba acostumbrado a comer en la calle.
Ya habían tenido suerte con las hamburguesas aquella vez, pero esa noche no corrieron con la misma.
Para la semana siguiente, Bruno ya estaba mucho mejor.
Decidieron pedir pizza y ver una película.
Jared lo cuidó y le preparó un té de manzanilla y un poco de avena antes de la pizza para evitar que le cayera mal.
Bruno había tenido fiebre previamente y se estaba poniendo inyecciones; esa noche era la última. Jared se ofreció para aplicarla.
—¿Ya has inyectado antes? —preguntó Bruno.
—Soy químico, he tomado muestras de sangre desde la vena —respondió Jared.
—Eso no responde mi pregunta —replicó Bruno.
—Sí, a mi madre y a mi abuela. Muchas veces —contestó Jared.
—Está bien, con cuidado —dijo Bruno.
Hubo una época en la que Jared pensó en estudiar para ser enfermero, paramédico o médico, pero su vocación por la química fue mucho más fuerte. Era de esas personas que saben a dónde pertenecen, aun teniendo talento en otras áreas como las artes y las humanidades.
Le aplicó la inyección a Bruno sin problema, con el menor dolor posible y de forma rápida. Bruno quedó sorprendido al ser testigo de su habilidad, pues siempre que alguien lo inyectaba, le dolía mucho o le dejaban moretones.
—Impresionante —comentó mientras se subía el pantalón—. Eres el primero que no me lastima al inyectarme.
—Si así cuido tus glúteos, imagínate tu corazón —bromeó Jared.
Bruno se rió, lo besó y lo abrazó.
—Gracias.
Esa noche vieron Harry Potter y el cáliz de fuego .
Ambos eran fanáticos de la saga; era la cita perfecta.
Se pasaron toda la película abrazados en el sofá.
Para su suerte, los roomies de Jared no estaban: Fernando había ido a ver a su familia, al igual que Jorge, y Alexis había salido con su novia, probablemente para quedarse con ella, como de costumbre.
Tenían la casa para ellos solos. Después de la película, se fueron al cuarto de Jared a dormir, platicando sobre querer convivir más con sus amigos, conocer otros lugares y la posibilidad de viajar juntos a Cuernavaca para conocer a su familia, quizá en el cumpleaños de su hermano o en la siguiente reunión familiar.
Cuando llegó el sábado por la tarde, Bruno llegó a casa de Jared para comenzar a disfrazarse con él. Decidieron no ir con disfraces en pareja: Jared optó por un vampiro y Bruno por un pirata. La idea de ver a un vampiro y un pirata besándose en la fiesta les resultaba divertida.
—Pensé que te disfrazarías de Harry Potter —comentó Bruno mientras se ponía el chaleco de cuero.
—Yo pensé que te disfrazarías de motociclista —añadió Jared mientras se pintaba los labios con sangre falsa.
—¿Harry Potter llegando a la fiesta con un motociclista? —cuestionó Bruno, sorprendido—. Qué escándalo.
Estaban a punto de besarse, pero Jared lo detuvo al recordar la sangre falsa recién aplicada.
—Te voy a pintar los labios.
—No importa, puedo ser un pirata con amantes en cada puerto.
—¿Seguro? —preguntó Jared, mirándolo fijamente.
No esperó respuesta y lo besó.
—No culparía a esos amantes, yo sería uno de ellos.
—No, tú serías el capitán de este pirata.
—Soy pésimo dando órdenes.
—Lo dudo. Eres muy mandón.
—¿Crees que soy mandón?
—Un poco, sí.
Después de un rato, terminaron de arreglarse. Fernando y Jorge también estaban invitados. Fernando fue el único que no se disfrazó; odiaba todo eso, pero aceptó ir porque Jared lo convenció, ya que su amiga Beatriz asistiría.
Tenían casi un año sin verla desde que se habían graduado. Beatriz se había ido a estudiar la maestría a Guadalajara y no habían podido coincidir desde entonces, lo cual resultaba extraño, pues siempre habían estado juntos en la universidad.
Además, Olivia también estaría presente.
Había sido una de las mejores amigas de Jared.
Se habían conocido en la Biblioteca Central buscando información para una tarea de física.
Jared la había reconocido desde antes, pero no fue hasta ese día, al pedirle ayuda con un ejercicio, que comenzaron a hablar.
Descubrieron que tenían mucho en común: películas, música, series. En cuestión de tiempo pasaron de ser desconocidos a volverse inseparables.
—¿Listos? —preguntó Fernando al verlos salir.
—Claro —respondió Jared—. ¿Jorge?
—Pasó rápido al baño, ya no tarda —dijo Fernando.
Los tres esperaron en la sala mientras el silencio se hacía presente, hasta que Bruno lo rompió:
—¿Y tu disfraz, Fer?
—No me gustan los disfraces.
Fernando vestía una camisa azul de cuadros con distintos tonos, pantalón de gabardina beige, zapatos cafés y un cinturón negro sencillo. Demasiado elegante.
—¿Por qué?
—No lo sé, solo no me gustan. Voy porque él y Beatriz me insistieron.
—¿Beatriz? —preguntó Bruno, confundido, mirando a Jared.
—Nuestra amiga. Estuvimos juntos toda la universidad.
—¿Y qué pasó?
—Yo empecé a trabajar, Fer se quedó a estudiar la maestría aquí en Puebla y ella se fue a Guadalajara. Ya es casi un año sin verla.
—Se fue lejos —añadió Bruno.
Jorge salió del baño con su disfraz de zombie al estilo The Walking Dead : ropa rasgada, maquillaje verde y morado simulando moretones, cabello alborotado con harina para dar efecto de polvo. Su estatura le daba un aire a Largo, de la familia Addams.
—¿Nos vamos?
—Sí, ya pedí el Uber —dijo Fernando.
Salieron de la casa cuando el Uber llegó. Fernando se sentó adelante, mientras Jorge y Bruno ocuparon los extremos y Jared el asiento central.
Durante el trayecto, el silencio predominó, acompañado solo por la radio del conductor. Bruno y Jared se tomaron de la mano e intercambiaron miradas ocasionales.
El viaje fue corto. Michel vivía en Los Fuertes. Quince minutos después, ya estaban frente a la casa de su antigua compañera.
—Gracias —agradeció Jared al chofer al bajar.
Los cuatro fueron recibidos por sus amigas Isabel, Debani, Dalia, Beatriz y Olivia.
Olivia llevaba puesto un disfraz de reina de corazones, con una falda mediana de color negro y un corsé con escote corto.
También llevaba una vara de madera improvisada, simulando su cayado con un corazón, y una corona de plástico dorado con un corazón rojo de bisutería.
Caminó directo hacia Jared para darle un golpe en el hombro a su amigo, y este solo se quejó por el gesto.
—Tengo que enterarme por Debani que ya tienes novio, ¿no pudiste enviarme un mensaje o algo? —le reclamó furiosa. Después se calmó y miró a Bruno—. Tú debes ser Bruno.
Bruno no dijo nada; se quedó callado y solo le dedicó una sonrisa mientras abría los ojos.
—Liv, perdón. Se me pasó contarte. Además, he estado muy ocupado en el trabajo.
—No importa, no es excusa.
—Güey, también tú te desapareciste. Regresaste a Oaxaca sin más; solo volviste por tu título y desapareciste.
Olivia solo se rió y miró a su amigo.
—Extrañaba reñir contigo —lo abrazó muy fuerte, y fue entonces cuando el drama pasó y comenzó la verdadera presentación.
—Yo también, Liv —le acarició el cabello—. Él es Bruno.
—Un gusto conocerte, Olivia —saludó él.
—Liv, por favor. Odio Olivia.
—Bueno, Liv.
Olivia le dio un beso a Bruno en la mejilla y le dedicó una sonrisa coqueta a la pareja.
—Un vampiro y un pirata. Vaya par inusual.
—No queríamos venir disfrazados como pareja.
—¿Y eso?
—Pues, apenas llevamos casi dos meses saliendo. Es algo pronto.
—Ay, Jared —Olivia miró a Bruno y solo sonrió—. Vamos.
Bruno y Jared saludaron a sus demás amigas, una por una, comenzando con Isabel, que llevaba ropa de cuero negro entallada y gafas oscuras. Su cabello ondulado y piel blanca la hacían parecer una caricatura en blanco y negro. Usaba una pistola de juguete apuntando a Jared.
—¿Matrix? —le preguntó él, curioso.
—Sigue al conejo blanco —respondió ella.
Isabel saludó de beso en la mejilla a Jared y después a Bruno. Le daba gusto ver que, poco a poco, este se comenzaba a integrar con ellos.